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Casi todos los economistas, con escasas y casi nulas excepciones, estuvieron de acuerdo con la suspensión del subsidio de los carburantes en el país. Varios de ellos fueron los que propusieron la radical medida. Hoy, cuando el precio del diésel ha subido en más del 300%, los efectos inmediatos se sienten y la reacción social parece inevitable; ellos dicen ahora que “sí, pero no así”; es decir “sí, pero no”.
La mayoría de los medios de comunicación fueron las cajas de resonancia de la linea a favor del retiro de los subsidios. Las vocerías no fueron las clásicas del oficialismo de un gobierno. Fueron profesionales del área económica, de pensamiento neoliberal, quienes posicionaron en la opinión pública que la medida era inevitable y única. Que no había otra salida.
Incluso instituciones no gubernamentales que analizan el comportamiento económico y social, hicieron una serie de publicaciones recomendando la radical determinación para bajar el elevado y peligroso déficit fiscal.
Dicen que es culpa de los anteriores gobiernos. Y lo repiten como muletilla. La explicación es válida, pero hay que tener en cuenta que eso a la gente común no le interesa. Esa explicación no le alimenta el estómago. A ese casi 8% que hay días que no come, no se alimenta por falta de dinero (porcentaje según estudio de la Fundación Jubileo), no le interesa que le cuenten ese cuento. Ellos solo quieren poder alimentarse para vivir.
Según el último estudio sobre la pobreza en Bolivia, de la Fundación Jubileo, uno de cada dos bolivianos vive en situación de pobreza en nuestro país; pobreza moderada y extrema. Es decir que, de los 12 millones de bolivianos, la mitad es pobre. ¿Pensaron en ellos para asumir la medida (dieselazo) que 72 horas después ya disparó los precios del transporte público y alimentos de primera necesidad?
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(*) Periodista (Santa Cruz-Bolivia)
Esos no son economistas sin usureros sin inteligencia económica,ignorantes del concepto minimo mo y profundidad filosófica de la Economía.