
–Sobre la salud mental y la seguridad ciudadana en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra
———- O ———-
Durante mi formación académica, mi aproximación a la salud mental estuvo influida por la antipsiquiatría abordada por Franco Basaglia y otros pensadores, que criticaban a la psiquiatría institucional, al encierro y al positivismo que reducía el sufrimiento a una enfermedad individual, separada de sus condiciones sociales.
Años después, siendo prefecto interino de Santa Cruz, enfrenté un problema que interpreté desde la seguridad ciudadana. En Equipetrol y otros sectores residenciales, jóvenes habían ocupado las calles para consumir alcohol. Sus vehículos bloqueaban los garages, el sonido impedía el descanso y se habían producido hechos de sangre.
Firmé un decreto prefectural y articulamos el trabajo con la Intendencia Municipal, la Policía, la Fiscalía y el Comité Cívico Femenino. Varios fines de semana recorrimos las calles desde la medianoche, acompañados por los medios de comunicación. Pedíamos cordialmente a los jóvenes que ingresaran en los locales autorizados o regresaran a sus casas. Y, verificábamos que bares y discotecas cumplieran los horarios de cierre. Algunos cerraban las puertas, pero continuaban funcionando por dentro, dejándoles comparendo. También encontramos autoridades que se divertían más allá del horario permitido y debieron salir ante las cámaras, porque la norma debía ser igual para todos.
Produjo resultados positivos. No tuvo continuidad porque el titular, hechó al basurero el decreto; aunque el prefecto de La Paz la copió y la aplicó.
En aquel momento no advertí algo que hoy me parece evidente: no estábamos trabajando solamente sobre seguridad ciudadana. También estábamos protegiendo la salud mental de una parte de la población.
La reciente decisión de la Alcaldía y la Policía de Santa Cruz de reforzar los controles sobre el funcionamiento de locales nocturnos recupera aquella preocupación. Es una medida que merece respaldo, siempre que se aplique con continuidad y legalidad. El derecho a la diversión existe, pero termina donde comienza el derecho de los demás al sueño, al descanso y a la tranquilidad.
Una ciudad sometida al ruido, al desorden vehicular y a la incertidumbre nocturna, deteriora la convivencia. El insomnio, la irritabilidad, la ansiedad y el miedo no nacen dentro de las personas: son producidos por el ambiente en el que viven. Por eso la salud mental no comienza en el consultorio del psiquiatra ni termina en el hospital. Se construye (o se destruye) en las calles.
Resulta imprescindible el aporte de la academia. La arquitecta Marina Bonino viene reflexionando sobre el ordenamiento, la habitabilidad y la identidad urbana de Santa Cruz. Su perspectiva puede dialogar con la Escuela Ecológica de Chicago, que mostró tempranamente que el delito y los conflictos sociales no pueden comprenderse al margen de la organización territorial y comunitaria. También converge con la criminología ambiental contemporánea: el espacio urbano no es un simple escenario donde suceden los problemas; sus características pueden favorecerlos, desplazarlos o prevenirlos.
La arquitectura, el urbanismo, la criminología y la salud mental deberían contribuir conjuntamente a las políticas públicas, como las municipales. La academia puede identificar zonas críticas, medir la contaminación acústica, estudiar la relación entre alcohol, droga, violencia y siniestralidad vial, recoger la percepción de los vecinos y evaluar si los controles producen resultados sostenibles.
Un operativo puede generar una noticia; una política pública necesita diagnóstico, continuidad y evaluación. Tampoco debería proteger únicamente a los barrios con mayor capacidad de presión. El derecho al descanso debe valer tanto en Equipetrol como en el Plan Tres Mil.
Una ciudad que no deja dormir también enferma. Gobernarla significa mucho más que clausurar ocasionalmente algunos locales: exige convertir el conocimiento académico en decisiones públicas capaces de reconciliar la libertad, la convivencia y el derecho colectivo a vivir en paz.
———- O ———-
(*) Escritor, abogado y criminólogo boliviano