Artículos de Opinión

LA REBELIÓN REACCIONARIA (I de 2). Por Erick Gutiérrez (*)

Por Fidel Flores septiembre 18, 2026

(PARTE VII)
—LA MAQUINARIA DE LA MENTIRA
—Cómo los algoritmos convirtieron el odio en negocio
La mentira política no nació con las redes sociales, lo que sí es nuevo es su escala industrial porque nunca había sido tan barato fabricar una falsedad, dirigirla hacia millones de personas y conseguir que los propios usuarios hicieran gratuitamente el trabajo de distribuirla.

Antes, la propaganda necesitaba controlar una imprenta, una estación de radio o un canal de televisión, pero hoy puede comenzar con un teléfono, una cuenta anónima y un mensaje diseñado para provocar miedo, rabia o repugnancia y, si detrás existen dinero, medios, influencers y estructuras partidistas, la mentira deja de ser una ocurrencia y se convierte en una industria.
Y esta maquinaria utiliza tres materiales, primero la información falsa, que puede difundirse por error, luego la desinformación, fabricada deliberadamente para engañar y, finalmente, la propaganda, que puede emplear hechos verdaderos, pero mutilados y acomodados para imponer una interpretación y la derecha reaccionaria combina los tres.

Parte de un hecho real, que puede ser un delito, una protesta, un migrante, un funcionario corrupto y lo presenta como prueba de una conspiración gigantesca, así, un crimen cometido por un extranjero demuestra que “los migrantes son criminales”, una política social se transforma en “comunismo”, una regulación empresarial se vuelve “dictadura” o una elección perdida sólo puede explicarse mediante un fraude, porque el hecho funciona como ancla y la mentira se construye alrededor.
La derecha entendió antes que buena parte de la izquierda que las plataformas no son plazas públicas neutrales, son empresas dedicadas a vender atención y su negocio no consiste en informar correctamente, sino en mantener al usuario mirando, reaccionando y regresando y pocas cosas generan tanta interacción como el odio.
Un estudio de más de 2.7 millones de publicaciones políticas encontró que cada término referido al grupo adversario aumentaba 67 por ciento la probabilidad de que el mensaje fuera compartido y otra investigación calculó que cada palabra con carga moral y emocional incrementaba alrededor de 20 por ciento su difusión dentro del mismo grupo ideológico, y esto sucede porque el algoritmo no tiene ideología propia, tiene incentivos, no odia a migrantes, feministas, indígenas o comunistas, simplemente descubre que el odio produce interacción y la interacción produce dinero.
La falsedad posee además la ventaja de que puede diseñarse para resultar más emocionante que la realidad. Una investigación publicada en Science encontró que las noticias falsas eran 70 por ciento más propensas a ser retransmitidas que las verdaderas.
El algoritmo proporciona la gasolina, pero los seres humanos seguimos encendiendo los cerillos.
Pero esta maquinaria opera mediante una cadena reconocible donde primero selecciona un agravio real, después identifica a un enemigo visible, luego simplifica el problema hasta volverlo emocional y, finalmente, produce videos recortados, titulares engañosos, testimonios anónimos, documentos incompletos y estadísticas sin referencia para que, seguidamente, cuentas coordinadas, influencers y usuarios convencidos multipliquen el contenido y, cuando la falsedad obtiene suficiente circulación, algún medio anuncia que “en redes crece la polémica” y con esto, la invención adquiere así apariencia periodística y entonces el político cita al medio, el medio reproduce al político, las redes presentan ambas publicaciones como confirmación de la acusación original y la mentira termina utilizándose a sí misma como fuente.
Pero los medios tradicionales no son víctimas inocentes, con demasiada frecuencia funcionan como plantas de lavado de rumores con una cadena que inicia cuando una cuenta publica una acusación sin pruebas, un columnista la convierte en hipótesis, un noticiero presenta la hipótesis como controversia, un dirigente exige una investigación y, finalmente, el columnista afirma que existen “crecientes sospechas” porque políticos y medios ya hablan del tema y así, el rumor completó el ciclo y aparece vestido de noticia.
En México lo hemos visto con expresiones como “narcopresidente”, “narcogobierno” o “narcopartido”, que no surgieron de sentencias ni de investigaciones concluyentes, sino de fuentes anónimas, testimonios indirectos, filtraciones interesadas y culpabilidad por asociación.
Pero esto no impidió que periodistas citaran a políticos que citaban columnas sustentadas en informantes desconocidos, que las redes convirtieran las conjeturas en certezas y que la oposición utilizara esas certezas digitales para hablar de una “percepción generalizada”, la evidencia nunca apareció, pero la sospecha cumplió su función porque la maquinaria no fabrica simple ignorancia, produce certezas sin pruebas.
No necesita demostrar nada, le basta con repetirlo hasta que cuestionar la mentira parezca más sospechoso que haberla inventado.
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LA REBELIÓN REACCIONARIA (II de 2)
(PARTE VII)

—LA MAQUINARIA DE LA MENTIRA
—Cuando la realidad se convierte en enemiga
La propaganda reaccionaria no pretende únicamente conseguir que una mentira sea aceptada como verdad, su objetivo más profundo es destruir la posibilidad de establecer una realidad común.
Donald Trump convirtió durante meses la falsedad del fraude electoral de 2020 en una identidad política, no presentó las pruebas que prometía, perdió decenas de litigios y sus propias autoridades electorales rechazaron la acusación, pero creer en el fraude dejó de depender de la evidencia y se volvió una prueba de lealtad y así, la mentira terminó alimentando el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.
Jair Bolsonaro siguió el mismo libreto en Brasil, cuestionó reiteradamente las urnas electrónicas sin probar irregularidades, después de su derrota en 2022, sus seguidores atribuyeron el resultado a una conspiración y el 8 de enero de 2023 invadieron las sedes de los tres poderes en Brasilia.
La derecha radical compite en elecciones mientras se reserva el derecho de declararlas ilegítimas cuando pierde.
Javier Milei desarrolló otra variante ,convirtió el insulto en lenguaje gubernamental y dividió la sociedad entre ciudadanos productivos y parásitos “zurdos” y un socialdemócrata, un sindicalista, un profesor y un comunista terminan reducidos a una sola criatura imaginaria y, cuando todos los adversarios pertenecen a la misma conspiración, debatir con ellos se convierte en traición.
La inteligencia artificial llevó esta maquinaria a otro nivel porque ya permite crear fotografías inexistentes, audios clonados, videos manipulados, documentos apócrifos y ejércitos de perfiles capaces de producir contenido durante todo el día, pero el peligro no consiste solamente en que una imagen falsa sea aceptada como verdadera, también permite que una imagen auténtica sea descartada como fabricación.
Ese es el dividendo del mentiroso, donde la existencia de falsificaciones convincentes permite a cualquier responsable negar las pruebas reales alegando que fueron generadas artificialmente.
Pero la inteligencia artificial no sólo facilita mentir , permite negar la realidad.
Y mientras tanto, los controles retroceden. En 2025, Meta anunció el fin de su programa de verificación independiente en Estados Unidos y su sustitución por notas comunitarias y, simultáneamente, redujo restricciones y decidió recomendar más contenido político a quienes mostraran interés y luego lo presentó como defensa de la libertad de expresión, pero el pequeño detalle es que Meta obtiene ganancias cuando esa “libertad” produce millones de reacciones, aunque el contenido sea una mentira fabricada para incendiar la conversación pública.
Una encuesta de la UNESCO encontró que 62 por ciento de los creadores digitales no verificaba sistemáticamente la información antes de compartirla y cuatro de cada diez consideraban que la cantidad de reacciones ayudaba a determinar si una fuente era confiable y con esto, la popularidad terminó convertida en criterio de verdad, el aplauso sustituyendo a la evidencia.

Ahora bien, no toda mentira política proviene de la derecha, pues gobiernos y movimientos de cualquier tendencia pueden manipular información, la diferencia es que la derecha reaccionaria convirtió el sabotaje de la realidad compartida en parte central de su estrategia y es por eso que primero desacredita a periodistas, universidades, científicos, organismos públicos y autoridades electorales, después sostiene que ninguna fuente es confiable y finalmente presenta la palabra del líder como la única verdad posible.
No necesita que todos crean la misma versión, le basta con conseguir que nadie sepa qué creer, es por eso que, cuando cada hecho parece discutible, cada prueba es denunciada como montaje y cada investigación como persecución, la verdad deja de limitar al poder, porque ya no importa lo ocurrido, sino quién posee más dinero, medios y capacidad para imponer su relato.
Pero la maquinaria no oculta una sola verdad, produce cien versiones hasta volverla irrelevante y su propósito tampoco es convencernos de que el dirigente siempre dice la verdad, le basta con persuadirnos de que todos mienten y, por lo tanto, sólo queda obedecer a quien parece más fuerte.
Y por eso, responder exige más que verificar datos cuando la falsedad ya recorrió millones de pantallas, se necesita educación digital, periodismo que investigue en lugar de amplificar rumores, transparencia algorítmica, responsabilidad para las plataformas y organizaciones sociales capaces de disputar el sentido común.
Porque la verdad no vence por el simple hecho de ser verdad, también necesita lenguaje, medios, comunidad y organización.
Y así, mientras la reacción ya construyó su maquinaria, el error de la izquierda fue creer que bastaba con tener razón.
———- O ———-
(*)
Periodista /Prensa Digital: sinlineamx.com
Fuente original: https://www.facebook.com/photo?fbid=10165482369712790&set=a.10156481716177790

Fidel Flores

Acerca de Fidel Flores

Periodista y colaborador en Interés Público.

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