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Donald Trump ha transformado la dinámica de las relaciones internacionales. El gobierno de Estados Unidos ha empleados diferentes recursos para castigar o premiar a sus socios y adversarios, siendo los más efectivos los aranceles y las visas.
Desde que el republicano regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, el gobierno de Estados Unidos ha desplegado una agresiva política arancelaria en contra de la comunidad internacional, al acusar que el mundo se había aprovechado de la Unión Americana.
Desde la óptica del resentimiento que tanto ha defendido Trump, los migrantes sustraen la riqueza que le corresponde a los ciudadanos estadounidenses—específicamente a la población caucásica poco educada que forma parte de la llamada América profunda–, con lo cual para remediar esos agravios históricos decidió imponer una serie de aranceles a sus socios comerciales.
El mandatario republicano decidió eliminar los acuerdos comerciales que Estados Unidos había signado con diferentes naciones durante los gobiernos de los demócratas, e incluso afirmó que la Unión Americana se convertiría en el punto principal del desarrollo y crecimiento económico del planeta.
Después de haber ralentizado la economía estadounidense durante los últimos años, Trump acusó que una de las principales razones por la cuales Estados Unidos no creció como sucedía después de la Segunda Guerra Mundial fue por el componente migratorio y las deudas millonarias que el mundo había adquirido con su nación.
Según la mirada del movimiento “Make America Great Again”, los aranceles son una de las medidas más efectivas para garantizar el crecimiento económico de su país, con lo cual aplicó estas acciones económicas a sus socios de la Unión Europea, a quienes acusó de depender de Estados Unidos.
También acusó que México y Canadá han sido otros de los principales aprovechados de la economía norteamericana, por lo cual anunció una serie de renegociaciones del T-MEC, que él mismo impulsó en su primer mandato para tratar repartir los beneficios económicos.
La ambición de Trump fue reintegrar a las grandes empresas internacionales a Estados Unidos para generar los empleos perdidos por las elevadas tasas tributarias que habían establecido sus antecesores, no obstante, hasta el momento no ha conseguido sus objetivos.
Pero los aranceles no son sólo instrumentos económicos, sino también herramientas de coacción, ya que ha condicionado la aplicación de los mismos a sus socios comerciales a cambio de que acepten las decisiones de Estados Unidos.
La mayoría de las naciones del mundo ha aceptado las condiciones de Trump, sin embargo, para republicano no son suficientes y sus demandas crecen conforme sus amenazas también aumentan.
Sus socios comerciales, principalmente América Latina, cuyas economías dependen mayoritariamente de la balanza comercial con Estados Unidos han aceptado las imposiciones de Washington, entre ellos México, que pese a que en un principio actuó de forma inteligente para no atender las provocaciones del inquilino de la Casa Blanca, finalmente fue víctima de aranceles para productos de acero.
Las visas, nueva forma de intimidación
Durante décadas la clase política mexicana ha considerado a Estados Unidos como el epicentro del mundo. Han tratado de vacacionar, adquirir propiedades o enviar a sus hijos a estudiar en esa nación, con el fin de evidenciar el aspiracionismo que representó el llamado “sueño americano”.
Sin embargo, Trump ha decidio frenar el flujo de políticos mexicanos al ordenar una serie de investigaciones sobre posibles vínculos con el crimen organizado. Los privilegios que habían sido parte de las características de los funcionarios mexicanos se cayeron.
Washington determinó suspender las visas a aquellos personajes señalados por posibles nexos con los cárteles de las drogas, a los cuales el gobierno norteamericano ha considerado como organizaciones terroristas, por lo cual paulatinamente se han revelado varios nombres de personajes que han perdido sus permisos para viajar legalmente a la Unión Americana.
Entre ellos, se encuentran la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmedo, quien en mayo de 2025 reconoció que perdió su visa para viajar a Estados Unidos, pese a que tiene una residencia de lujo en esa nación y su familia prácticamente radica del otro lado de la frontera.
La mandataria estatal fue señalada por sus vínculos con su ahora ex esposo, Carlos Torres, acusado de formar parte de una red de lavado de dinero para el crimen organizado, por lo cual desde entonces no ha podido viajar libremente hacia Estados Unidos y ha intentado incluso negociar con las autoridades estadounidenses como testigo colaboradora a cambio de volver a obtener su documento de pase.
Pero el caso de la gobernadora de Baja California no es el único. La prensa norteamericana reveló que otros gobernadores también perdieron sus visas como el de Sonora, Alfonso Durazo, quien fue el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) de Andrés Manuel López Obrador durante el primer tramo de su gobierno, así como el mandatario estatal de Tamaulipas, Américo Villarreal, quien es señalado por una red de huachicol.
No obstante, el caso más reciente aconteció con la suspensión de la visa del hijo del ex presidente, Andrés Manuel López Beltrán, conocido como “Andy”, quien envió una patética carta a Trump para exigir la restitución de su documento y demandar la destitución de Marco Rubio de la secretaría de Estado y de Cristopher Landau de la subsecretaría de Estado.
El segundo hijo de López Obrador evidenció la peor cara del nepotismo mexicano al concebirse como el centro de la atención pública e incluso pensar que podría estar en igualdad de condiciones que el propio Trump, pese a que ni siquiera en México ha conformado una carrera política digna y su única trayectoria la consiguió al amparo del poder de su padre para ser secretario de Organización del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), cargo en el que no duró ni dos años por el fracaso de las elecciones de 2025.
Según Andy, la cancelación de su visa era un ataque a la soberanía nacional, argumento que también tuvo que ser avalado por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien ha defendido públicamente a uno de los vástagos de su mentor político.
Pero la administración de Trump se ha mofado de esa indignación entre los políticos morenistas, pues ha reiterado que no se trata de un derecho, sino de un privilegio, mismo que habían normalizado los políticos mexicanos para disfrutar de su estancia en la Unión Americana con los recursos económicos que habían obtenido de México.
Aunque había sido una característica de los políticos emanados de los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y de Acción Nacional (PAN), los representantes de Morena se habían jactado de ser diferentes y habían pregonado que no necesitaban de los privilegios de visitar Estados Unidos, pero la realidad fue mucho peor para los abanderados del instituto político guinda.
El gobierno de Trump ha incrementado las presiones en contra de la administración de Sheinbaum, ya que las amenazas ya no se concentran en el ámbito arancelario, sino en las visas como un instrumento de presión y de exhibición, pues deteriora la credibilidad de los políticos mexicanos al señalarlos de alguna comisión de un hecho ilícito sin necesariamente existir una investigación penal.
Por ello, las dudas que generan las cancelaciones de las visas pueden impactar directamente en las relaciones políticas entre México y Estados Unidos, ya que Sheinbaum tiene que proteger a los integrantes de su movimiento, pero también atender las exigencias de Washington.
Por la cercanía entre México y Estados Unidos la cancelación de las visas para actores políticos mexicanos tiene mayor peso que las acciones cometidas contra personajes de otras naciones como ha sucedido con funcionarios del gobierno de Brasil por la disputa electoral que mantiene Luiz Inácio Lula da Silva con el movimiento derechista.
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(*) Periodista y Politólogo