Artículos de Opinión

LA PEOR VERSIÓN DE LOS IMPRESENTABLES PRIISTAS. Por Ignacio García (*)

Por Fidel Flores agosto 14, 2026

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Esta semana nuevamente el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha atraído a los reflectores. Esta vez por una discusión entre el diputado Carlos Gutiérrez Mancilla en contra del legislador del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Arturo Ávila, en la sede del Congreso de la Unión.
La colérica y agresiva versión del legislador priista evidenció una versión desesperada del partido político que enfrenta los peores momentos de su historia con una dirigencia cuestionada que aleja cualquier posible valor político que pudiera tener el instituto político.

Desde hace siete años Alejandro Moreno Cárdenas ha estado al frente del PRI nacional. En su dirigencia el tricolor no sólo no ha sido competitivo, sino que ha perdido la mayoría de los estados y municipios que gobernaba al inicio del sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
“Alito” ha sido señalado constantemente por distintos hechos de corrupción. No por ello, es considerado como el político mexicano con la peor percepción pública, pero su icónica agresividad ha evidenciado la peor versión de un representante popular que constantemente se victimiza y fantasea con aspectos completamente alejados de la realidad.

Después de haber causado una masiva desbandada de los cuadros priistas, Alito se ha convertido en el amo del PRI, con una estructura raquítica que es incapaz de garantizar sufragios, más allá del bastión que ha logrado conservar en Coahuila, única entidad del país sin haber vivido alternancia política en su historia.
Los seguidores de Alito, que se han sometido a su voluntad, han recibido favores políticos como sucedió con Carlos Gutiérrez, quien ha destacado en su labor legislativa como un agresor constante, primero contra—otro impresentable—Gerardo Fernández Noroña en agosto de 2025, y ahora contra Arturo Ávila, el principal vocero del grupo legislativo de Morena.
La escuela política que ha establecido Alito recuerda a los peores momentos del priismo. Los grupos porriles configuraban grupos de choque para desarticular movilizaciones sociales y protestas estudiantiles. Aunque ahora el PRI apenas cuenta con militantes, los escasos con los que tiene son estridentes y se hacen notar por su violencia.

Así, Alito Moreno y sus secuaces han reducido la labor política a la más pueril e infame expresión humana que es la violencia. Hace un año fue el propio Alito que protagonizó un escándalo similar cuando se confrontó físicamente con Fernández Noroña y que se consolidó como otro patético capítulo de la actividad política mexicana.
Los exabruptos de Alito
Apenas hace unos días Alito Moreno acudió al Departamento de Estado de Estados Unidos para acusar que el Instituto Nacional Electoral (INE) coopta su libertad de expresión al impedirle referirse a Morena como “narcopartido”, pues aseguró que en México prevalece “una dictadura”.
Si bien México no puede ser considerado como una democracia ejemplar, pues ha tornado a un debilitamiento estructural de las instituciones públicas, con la desaparición de organismos públicos autónomos, tampoco puede calificarse como una dictadura, pues precisamente Alito Moreno puede expresar este tipo de declaraciones gozando con libertad de expresión.

El ex gobernador de Campeche ha tratado de omitir los escándalos de corrupción que involucran a su gestión y que ha derivado en la detención de Carlos Alberto Medina Hernández, ex director de Comunicación Social del gobierno estatal, por el uso de empresas que facturan operaciones simuladas.
Según Alito, no podrán callarlo hasta “que lo maten”. Una representación burda y absurda de la politiquería que ha tratado de llamar la atención pública, ante la falta de gestión política y legislativas del partido político que sigue siendo el instituto político con la peor imagen en el país.
Mientras que Alito evidencia la peor versión de la labor política, en el Congreso sigue en la congeladora la iniciativa de desafuero por las imputaciones que la Fiscalía General de Justicia del Estado de Campeche (FGJE) ha formulado por los presuntos actos de corrupción que cometió cuando estuvo al frente de la entidad.
No obstante, quien ha encabezado las acusaciones contra Moreno es otro personaje impresentable como la actual gobernadora de Campeche, Layda Sansores, quien también acumula una serie de denuncias por actos de corrupción y persecución política y legal contra opositores en el estado.
Mancilla, el nuevo agresor

Carlos Gutiérrez Mancilla ha emulado la figura peleonera de Alito. Durante el enfrentamiento entre Moreno y Noroña el año pasado, el legislador priista logró golpear al ex presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República, mostrando su alineación a su postura conflictiva.
Incluso en esa ocasión Mancilla presumió en sus redes sociales que había “puesto en su lugar” a Noroña y justificó su agresión como la forma de combatir la relación del narcotráfico con el gobierno federal encabezado por Morena.
También fue señalado de haber sido uno de los principales operadores políticos en la organización de la marcha de la Generación Z, en la cual supuestamente un grupo de jóvenes se congregaron para protestar en contra del gobierno de Claudia Sheinbaum.

No obstante, el PRI se deslindó de cualquier participación en la movilización, pese a que Mancilla había aparecido públicamente con una bandera de la serie anime “One Piece” que mostró en la tribuna de San Lázaro.
En mayo pasado volvió a protagonizar un nuevo escándalo, al acusar al ex gobernador de Michoacán, Leonel Godoy, de haber sido responsable del asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, pero se rehusó a abandonar la tribuna y estuvo dispuesto a enfrentarse con los legisladores morenistas hasta que la presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, tuvo que intervenir para evitar que el connato de violencia se incrementara.
También se enfrascó en otra discusión pública en contra del legislador morenista Zenyazen Escobar García, con quien asumió una posición de pelea, tras defender en la tribuna a Alejandro Moreno de las acusaciones de corrupción en su contra.

La manera en la que se ha conducido públicamente el dirigente nacional del PRI ha ensuciado la escasa credibilidad que le restaba al partido, con lo cual el proceso electoral de 2027 será un desafío para que el tricolor sobreviva a nivel nacional y no se convierta en un partido local como sucedió con el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
El PRI se ha convertido en un chiste de lo que alguna vez fue. Aunque el porrismo fue una de las variantes de su representación de poder tanto a nivel nacional como subnacional, en la actualidad está reducido a una composición completamente alejada del interés genuino de la sociedad.
Incluso Moreno lo sabe, pues la debilidad estructural del partido le ha permitido tratar de desgastar lo último que resta de la marca, y con ello tratar de vender caro su desafuero ante la Cámara de Diputados.
Además, aunque Morena despotrique en contra del dirigente nacional, es un recurso útil para encauzar la desazón que existe entre los propios morenistas y sirve más para dirigir el malestar social que se ha generado sobre la labor de los militantes partidistas.

Así, a Morena no le conviene deshacerse completamente de Alito, ya que sin una figura tan caricaturesca, las miradas sobre las deficiencias de sus propios actores políticos causaría una serie críticas más profundas de las que existen en la actualidad, por lo cual favorece la despresurización de las demandas sociales que existen hacia el gobierno, aunque tampoco han logrado consolidarlo en la narrativa como un adversario, dado que su capital político es tan bajo que su utilidad cada vez es menor.
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(*)
Periodista y Politólogo

Fidel Flores

Acerca de Fidel Flores

Periodista y colaborador en Interés Público.

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