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Los libros prohibidos, quemados, censurados han sido y son parte de la historia de la humanidad. Mao Zedong, el líder chino, mandó quemar millones de libros, a pesar que en joven fue librero. Hitler hacía hogueras gigantes de libros prohibidos por el régimen.
Trump prohibió una serie de títulos de libros que van “contra la moral gringa”. Hasta le quemaban los libros al Quijote de la Mancha:
-Tome vuestra merced, señor licenciado; rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten, en pena de las que les queremos dar echándolos del mundo.
Pero en Santa Cruz hay también los inquisidores, los odiadores, los ignorantes que impulsan campañas contra los libros.
Lo hicieron contra la propuesta de Sergio Antelo y prohibieron su libro: “Los cruceños y su derecho a la libre autodeterminación”. Ruber Carvalho con su “Mitad de la Sangre” fue objeto de hogueras. Ni qué decir del libro que provocó mares de rechazos y acusaciones contra su autor, Reymi Ferreria: “Las logias en Santa Cruz”.
Pero en pleno siglo XXI cuando el conocimiento ni los libros no deben tener fronteras, ni ser prohibidos, surge una corriente pensamiento radical y violento que impulsó la censura y el desprestigio de un libro que ya causó revuelo en Santa Cruz.
El vocero de la Gobernación, varios escribidores, analistas y cruceñistas sin leer este texto, solo a priori y por los chismes, se lanzaron a sus redes sociales a quemar el libro: “Santa Cruz SA- Agronegocio y mito empresarial”, bajo argumentos insostenibles.
Encendieron su hoguera y trataron de quemar esta propuesta, que es una de tantas que se vienen aportando y debatiendo.
Pero lo llamativo es que esta cruzada se haya impulsado desde dos instituciones que deben promover, impulsar y difundir todo lo que es cultura, ideas, arte, ciencias, etc. La Secretaria de Cultura del Municipio de SCZ que cerró las puertas de una de sus instalaciones para la presentación del libro y del vocero de la gobernación que comandó una agresiva campaña contra los autores. ¿El gobernador aprobará el accionar de su vocero?
Si acá se autoproclaman que son democráticos, tolerantes, respetosos, pues empiecen con aceptar o por lo menos discutir esta clase de ensayos políticos, sociales, económicos.
Ojalá no volvamos a ser parte de una vergüenza mas de parte de los inquisidores cruceñistas que con sus actitudes desde otros lados generalizan y dicen que en Santa Cruz somos retrógrados, violentos, intolerantes, etc.
Nadie te puede obligar qué leer y qué no leer. Depende de cada uno en sus gustos, capacidades e intereses.
Muy pronto “Diario de un ladrón de libros”, una propuesta de confesiones, revelaciones, provocaciones desde la lectura de los libros prohibidos, censurados, quemados, macheteados.
Leer es peligroso, te hace más hermoso, libre, decente y enorme.
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(*) Periodista y Lic. en Filosofía