
–El videohome, industria que cambió el cine
–Mucho material, poca calidad
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En el mundo de la cinematografía, se dice que “hay cintas tan malas, que terminan siendo buenas”, y otras “malas pero tan malas, que terminan siendo de culto”, y esta frase se ajusta a la perfección a una película, dirigida por Damián Acosta Esparza, estrenada en 1988, y que hoy es bastante difícil de conseguir en las plataformas tradicionales de streaming, pero que buscada por coleccionistas de cintas de baja calidad, han hecho que en los últimos años, este tipo de cintas se hayan vuelto muy cotizadas.
Nos referimos a “El violador infernal”, estelarizada por Noe Murayama -el eterno villano del cine mexicano-, La Princesa Lea y Ana Luisa Pelufo, dos de las vedettes más cotizadas del cine de ficheras y sexicomedias, y un buen elenco, que en otro tipo de temáticas, hubiera sido bien recibida por la crítica cinematográfica.
La tematica mezcla distintos géneros como el terror, el gore, el erotismo y la violencia urbana; además que si se analiza por los momentos de la historia del cine mexicano, es fácil de entender la importancia de esta y otras cintas similares.
Para finales de los años 80 del siglo pasado, el género de “ficheras” -cine de poca calidad, donde los albures, los enredos y los desnudos de exuberantes mujeres, traían risa y distracción a las grandes audiencias-, ya estaba gastado, las historias se repetían y los galanes de la época como el taquillero más importante, Alfonso Zayas, Lalo “El Mimo”, Rafael Inclán, o Alberto Rojas “El Caballo”, ya no garantizaban los exitazos en taquilla que marcaron la enorme preferencia a este tipo de materiales.
Por otro lado, los constantes desnudos de bellas mujeres como Sasha Montenegro, Rosy Mendoza o Angélica Chaín, ya no causaban las mismas expectativas como lo habían hecho años antes. Las historias de personajes populares, con los que la gente se identificaba como albañiles, plomeros o mecánicos, que vivían enredos donde el sexo rápido, chusco y atrabancado, se volvía repetitivo, es decir, los guiones se estancaron en refritos y situaciones que habían sido muy exitosas en otros filmes, en otras palabras, el cine de ficheras se agotó y comenzó a caer lenta, pero irremediablemente.
Por otro lado, las reformas a la industria cinematográfica, iniciadas en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), buscaban fomentar el cine de calidad, intentando recuperar la fama y el prestigio que el cine mexicano tuvo con la llamada “Época de oro”, fue la puntilla a las sexi comedias.
Y si bien es cierto que surgieron nuevos actores, escritores y directores con el llamado “Nuevo cine mexicano”, y que las producciones fueron más cuidadas y de mayor calidad, también es cierto que millones de espectadores que gustaban de los albures y los desnudos de las sexi comedias, al no producirse más películas, se quedaron sin el material que consumían, dejando un enorme hueco en ese público acostumbrado a este tipo de cine.
EL VIDEOHOME, NUEVA INDUSTRIA
Es en este marco, en que surge un grupo de directores y productores, que deciden “invertir poco para ganar algo”, es decir, utilizan equipos caseros, para grabar en formato de VHS -muchos lectores seguramente no conocieron esos videocasettes-, y posteriormente en formato DVD.
Y como es de esperarse, la producción fue extensa; historias de narcotráfico, corridos, sexicomedias y dramas urbanos dieron vida a una nueva industria, donde se “reciclaron” actores del cine de ficheras y del mismo modo, nacieron nuevos actores que desarrollaron sus carreras en este género, el videohome.
Y como consecuencia, hubo películas buenas y muchas malas, y entre esas obras, algunas que hoy son consideradas “de culto”.
EL VIOLADOR INFERNAL
La trama es sencilla y en su momento, escandalosa. Carlos “El Gato” (Noe Murayama), es un consumado delincuente que es ejecutado en la silla eléctrica -desde el inicio se ve la mala producción y las limitaciones de presupuesto-. Justo al momento de morir, se aparece un ser diabólico, encarnado en una bella y sensual mujer (Ana Luisa Pelufo), y ella le promete devolverle la vida, a cambio de que sacrifique víctimas en su honor, le garantiza riquezas, lujo y mucho placer, a cambio de que las ofrende en su honor, que las mate y que les marque su sello característico, un “666”, para dar fe de que las cosas las hace en nombre de Satanás.
“El Gato” acepta y de forma increíble, todos los presentes en la ejecución abandonan la sala, dejando solo el cadáver del delincuente y al volver a la vida, simplemente se fuga, dejando ese gran misterio para la policía, ¿dónde quedó el cuerpo del delincuente?
Luego, ya recuperado, aparece Carlos, en un lujoso departamento, un auto del año y ropa cara, y de ahí se va a buscar víctimas para sacrificarlas a su Señor.
La primera ofrenda es un homosexual, el cual se encuentra de fiesta con Carlos, quien le ofrece marihuana, la cual este hombre fuma, para luego pasar a otra droga de la que se hablaba mucho en los noticieros pero que era prácticamente desconocida en México: la heroína.
Y entre la inyección y la violencia, Carlos termina matándolo, violándolo y tal como lo prometió, lo tatúa con el “666”, recibiendo los favores de Satanás, personificado por Ana Luisa Pelufo. Visto en la actualidad, esta escena es catalogada como homofóbica, ya que el comandante de la policía (Manuel “El Flaco” Ibañez) muestra un profundo odio contra los homosexuales.
Es este policía que le va a dar caza al asesino, quien está seguro de que “El Gato” es el responsable de los asesinatos en serie, pero lo considera imposible pues él estuvo en la ejecución y está seguro de que la muerte fue certificada, pero tiene la duda razonable pues el cadáver desapareció como por arte de magia.
En los asesinatos de “El Gato” hay un hedonismo recurrente, el placer del sexo y de las drogas seguido de la violencia explícita, desnudos y un policía desesperado por detener al delincuente que tiene aterrorizada a la ciudadanía y presionada a la policía por no poder siquiera identificar al culpable.
Pero la carrera delictiva termina cuando a una mujer, su última víctima fue violada y golpeada, pero no pudo ser marcada con el “666” que el trato con Satanás le exigía, entonces nuevamente se aparece Ana Luisa Pelufo para quitarle la vida que ella misma le había regresado.
Una cinta que en su momento fue criticada por la temática, por la violencia explícita, por el uso de drogas y por el sexo desenfrenado, pero con malos efectos especiales salió “del montón, para ser vista hoy como “una película de culto”.
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(*) Periodista, docente e investigador