Artículos de Opinión

TIEMPOS OSCUROS DEL PERIODISMO. Por Mario Alberto Gálvez (*)

Por Fidel Flores junio 26, 2026

Cuando la verdad ya es irrelevante: Raymundo Riva Palacio
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El vídeo que el periódico El Universal publicó hace dos días (23 de junio de 2026) para mostrar una entrevista alterada para que pareciera que el fallecido escritor, filósofo y crítico social, Carlos Monsivais, denunciaba a Andrés Manuel López Obrador como bisexual y como un obsesionado por la riqueza y el poder, ha planteado una necesidad social que nunca se ha abordado: la sociedad mexicana necesita un periodismo real, ético y comprometido con la verdad y con el país.

Es innegable que la república mexicana vive tiempos oscuros en el periodismo, en la política y en la oposición política. Tampoco se puede negar que la oposición a la 4T decidió dar el gran salto y descararse como ultraderecha dispuesta a lo peor. Tampoco puede ocultarse que la oposición está trabajando en contubernio con la ultraderecha internacional para lastimar a México.
Por ello, debe decirse que cuando la patria necesita que se le defienda, es imperante que los que tienen acceso a la palabra dicha en un micrófono, ante una cámara de televisión, frente a un teclado conectado a las redes sociales o a un periódico, deben asumir una posición política personal.
Durante muchos años se ha repetido la falacia de la objetividad, del anti partidismo, de ser apolítico o de ser neutral, sosteniendo que la neutralidad genera una opinión justa, que los adversos a los partidos políticos ejercen su libertad política o de credos, pues cuando un suceso o una información es captada por una mente, se desata en el cerebro la capacidad de análisis y cuando el sujeto expresa lo que piensa de lo que vio o supo, la opinión emerge afectada por su forma de ser y la manera de ser de la persona está determinada por sus intereses particulares, así que cuando cuenta lo que presenció o de lo que se enteró, está asumiendo sin darse cuenta una posición personal.

Es por esto que cuando la patria está siendo atacada por antipatriotas y por extranjeros, nadie tiene derecho a ser indiferente, imparcial o presumir de objetivo y hasta invitar a que se examinen los motivos de los que atacan y las razones de los que defienden.
Es obvio que a la patria se le debe defender y que cuando ya esté a salvo entonces serán los tiempos de los análisis profundos y de las posiciones personales.
Además, se debe decir que los que dicen que no están en ningún partido político, ignoran que son parte del partido político que finalmente incide políticamente en el quehacer nacional.
Los apolíticos y los que aborrecen la política no se percatan de que en la vida en todo se practica la política, incluida la actividad familiar: Cuando los padres reprenden a un hijo evitan regañarlo más de lo necesario para no dañar la relación padres – hijos, al cabo, el hijo promete portarse mejor, aunque espera algo a cambio, los progenitores se lo conceden porque piensan que eso fortalecerá la voluntad del menor.
Si un apolítico no detecta en esto un acto de diplomacia pura, requiere reajustar sus miras.
Cuando alguien escribe y publica su opinión, da a conocer su posición ante la vida y ante la política y busca a sus iguales con la finalidad de crear un núcleo de opinión que logre informar y convencer a otros.
Cuando los contrarios a la opinión que pretende enamorar a sus iguales se enteran de la existencia de ese núcleo de información, interviene para oponerse, algunas veces lo hace presentando argumentos sostenibles, otras ocasiones usa la artimaña de pelear usando píldoras doradas (mentiras envueltas en verdades); la más de las veces carece de talento para rebatir las verdades y cae en los insultos y en las burlas grotescas.
No es requisito dudar de que el periodismo mexicano e internacional está viviendo uno de los momentos más oscuros de su historia, es suficiente con examinar los noticieros de televisión, de radio, las páginas de los periódicos y de las redes sociales, para notar que hay coordinación entre medios de información para manejar una nota.

Algo que destaca es que a los dueños de los medios y a los periodistas que trabajan en esos lugares no les importa que la nota sea falsa, porque cuando desean lastimar a alguien (o a la patria misma) la verdad ya es irrelevante (dixit Raymundo Riva Palacio).
Los periodistas clásicos descalifican la opinión periodística porque argumentan que el periodismo es investigación, que principia cuando se está presente en donde ocurren las cosas y en la denuncia apegada a la verdad. Pasan por alto que algunas opiniones se basan en la investigación, en el acto presencial y además en el examen de los hechos y que aportan algo extra: arriesgan una posición personal.
Por supuesto que existen las opiniones que se vierten desde la equidistancia, desde las alturas de la objetividad, desde las profundidades del odio, o cobijadas por los más mezquinos intereses.
Algunos opinadores dejan ver su indiferencia por el destino de las personas sobre las que escriben, esa indiferencia es una señal, dicen ellos, de que son imparciales, aunque en realidad su opinión, su indiferencia, beneficia a los poderes hegemónicos del momento. Son los opinadores que sostienen que al poder se le cuestiona, pero nunca denuncian a gente como Germán Larrea, Carlos Slim, a los jerarcas de la religión dominante y menos a los oligarcas que pretenden destrozar al país.
Son los opinadores que escriben sobre prostitución sin tocar a
los tratantes de personas, los que defienden a las madres buscadoras sin denunciar a los líderes de los cárteles de la droga que son los que secuestran y matan a los desaparecidos; al parecer eso se debe a que es más fácil atacar al poder del Estado que no reprime, que a los cárteles de los criminales porque esos matan.
Son los que denuncian las condiciones laborales de los mexicanos, pero nunca critican a los patrones explotadores como Salinas Pliego y que, en vez de eso, prefieren ser Los Abajo Firmantes de los panfletos que publica la ultraderecha contra la 4T.
Finalmente hay que decir que no es verdad que todas las opiniones son respetables, hay algunas opiniones que son deplorables, detestables, aborrecibles y algunas llegan a ser despreciables, porque nada que se diga contra el pueblo, nada que se escriba contra el desvalido, puede ser respetable.
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(*)
Analista político
Fuente primaria: https://www.facebook.com/marius.marcell

Fidel Flores

Acerca de Fidel Flores

Periodista y colaborador en Interés Público.

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