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Los resultados electorales en Coahuila representaron un golpe significativo para el Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Si bien se trata de una entidad que nunca ha vivido alternancia política y sólo fue el proceso de renovación del Congreso local, evidenció que el voto antimorenista es una realidad.
El gobierno de Manolo Jiménez operó políticamente de forma efectiva en esa entidad para evitar que el discurso de la “4T” tuviese impacto y después de pasar unas reñidas elecciones hace tres años, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) tuvo un holgado triunfo.
Aunque Alejandro Moreno se ha empeñado en referir que el PRI está vivo, la realidad dista mucho de la felicidad que les produjo la victoria en Coahuila. En el resto del país el tricolor está prácticamente desaparecido, sin ningún otro gobierno que presumir, pues 23 de los 32 estados son gobernados por Morena e incluso Movimiento Ciudadano (MC) gobierna más estados que el otrora partido hegemónico.
La ilusoria victoria del PRI en Coahuila debe ser vista en su justa dimensión. El tricolor está lejos de ser un actor político competitivo, dado que es observado por la mayoría del electorado como el partido con mayor desaprobación en el país, sin embargo, también se reflejó que la marca morenista se ha deteriorado.
En 2025 la autollamada “cuarta transformación” tampoco tuvo un triunfo significativo en los comicios locales de Durango y Veracruz, pues mientras que en el estado norteño prácticamente fue un actor invisible, en la entidad que gobierna desde 2018 perdió la mayoría de las alcaldías que gobernaba.
Los resultados en Veracruz evidenciaron un reclamo legítimo de la ciudadanía sobre la labor de la gobernadora Rocío Nahle, quien ha sido señalada por su incapacidad para resolver los problemas de inseguridad que vive la entidad, así como el enriquecimiento inexplicable que ha causado enojo colectivo entre la población.
Sin embargo, tanto la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, como la dirigencia nacional de Morena han tratado de minimizar el deterioro real que vive el partido guinda, al asegurar que tanto en 2025 como en 2026 los resultados electorales no son representativos de la población nacional,.
La apuesta de Palacio Nacional radica en mantener la mayoría de las gubernaturas que actualmente encabeza en los comicios de 2027, pero el deterioro de la marca morenista está relacionado también con los gobiernos subnacionales emanados de Morena y que han sido reprobados socialmente.
En Sinaloa el gobernador Rubén Rocha tuvo que solicitar licencia para separarse del cargo tras las acusaciones de vínculos con el crimen organizado por parte del gobierno de Estados Unidos, mientras que en Baja California la gobernadora Marina del Pilar Ávila está impedida a viajar a la Unión Americana, ante el vínculo que mantiene su ex esposo, Carlos Torres, con el narcotráfico.
En Sonora, el gobernador Alfonso Durazo ha sido señalado por vínculos con el crimen organizado y por ello el gobierno norteamericano inició investigaciones en su contra, mismo caso que ocurre con el mandatario de Tamaulipas, Américo Villarreal, que es vinculado a redes de huachicol.
Esta descomposición en la imagen de Morena también se relaciona con el escándalo de Adán Augusto López, quien fue señalado por haber nombrado a Hernán Bermúdez Requena como secretario de Seguridad Pública de Tabasco cuando se desempeñaba como gobernador de esa entidad, pese a que desde ese momento fungía de forma paralela como líder del grupo criminal “La Barredora”, que estaba aliada al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Además, otros escándalos que han escapado del control de la narrativa que ha tratado de establecer Palacio Nacional están vinculados con los lujos excesivos de los hijos del ex presidente de México, quien se jactaba de que cualquier miembro del movimiento debía vivir en la “austeridad republicana”.
Así, mientras López Obrador aseguraba que podía vivir con apenas 200 pesos en la bolsa y un par de zapatos, sus hijos han vividos como jeques petroleros. José Ramón López Beltrán vivía en una residencia de lujo en Houston, Texas, propiedad de los principales contratistas de Petróleos Mexicanos (Pemex), en tanto que Andrés Manuel López Beltrán degustaba platillos exóticos en un restaurante de lujo de Tokio, cuando se desempeñaba como secretario de Organizaciones de Morena.
Aunque todo gobierno pierde popularidad por el simple ejercicio que desarrolla, la administración de Sheinbaum ha tenido que lidiar con los múltiples escándalos de los integrantes de la 4T, quienes después de la salida de López Obrador decidieron rebelarse en contra de Palacio Nacional.
Por ello, tanto la imagen de Morena como de Sheinbaum se ha deteriorado en los últimos años. La administración de Sheinbaum adolece del disciplinamiento partidista que había caracterizado al viejo régimen del PRI a través de la institucionalización o del caudillismo personalizado que encarnaba López Obrados.
La ventaja de Morena, la ausencia de oposición
Pese a las fracturas cada vez más visibles que vive Morena, se aprovecha de que en el país realmente no existe una oposición articulada que represente un riesgo, por el momento, a la hegemonía que mantiene el partido, principalmente entre los estados del centro y sur del país, donde prevalece el mayor flujo del electorado morenista.
Aunque el PRI ha tratado de envalentonarse con el reciente triunfo electoral que tuvo en Coahuila, en el resto del país no tiene estructura política real, mientras que el Partido Acción Nacional (PAN) únicamente mantiene relevancia en los cuatro estados que gobierna (Chihuahua, Aguascalientes, Querétaro y Guanajuato), sin capacidad real para convertirse en un contrapeso.
Y el caso de MC es similar, el discurso juvenil y demagogo que impulsó con perfiles como Samuel García está lejos atraer a la mayoría del electorado, principalmente por el riesgo que tiene el partido naranja de perder la gubernatura de Nuevo León ante el pésimo gobierno que ha encabezado el ex aspirante presidencial.
Así, ante la ausencia de liderazgos reales que representen una amenaza al poder que ejerce Morena, el propio partido pretende vivir en la soberbia de que su sola presencia garantiza triunfos electorales.
Pero la ausencia de liderazgos de la oposición también debe ser analizada por parte de Morena, debido a que el voto de castigo, principalmente entre los estados que gobierna puede representar un problema que complejice la segunda mitad de la administración de Sheinbaum.
Otros estados en donde al triunfo de Morena está en duda es en Guerrero, donde la gobernadora Evelin Salgado ha evidenciado su incapacidad para atender las principales ciudadanas, mientras que su padre, Félix Salgado, también busca postularse como aspirante a la gubernatura de esa entidad.
De la misma manera, está en duda el triunfo de Morena en Campeche, donde la gobernadora Layda Sansores ha disputado con Alito Moreno el título del peor gobernante en la historia del estado, por lo cual el voto de castigo puede representarse en contra de Morena.
Asimismo, en Zacatecas que se ha convertido en uno de los sitios de control político de la familia Monreal, la imposibilidad de que Saúl Monreal se postule a la gubernatura puede evidenciar fracturas, ya que podría operar políticamente en contra de Morena como lo hizo su hermano, Ricardo Monreal, en 2021 en contra de Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México.
Así, el escenario se ha complicado para la presidenta, quien debe lidiar con un movimiento que muestra cada vez más problemas que dificultan que el proyecto se mantenga, al menos intacto, rumbo al proceso electoral de 2030, pese a que las decisiones de la mandataria federal son vistas de forma más positivas que las que emprendía su antecesor, quien gobernaba desde la mañanera.
Por otro lado, si los partidos políticos de oposición creen que por el simple deterioro de Morena ganarán elecciones, están equivocados, ya que dependen de redes de conformación de proyectos políticos en el largo plazo que se orienten a una mejor real en la credibilidad social, que en la actualidad adolece la partidocracia tradicional mexicana.
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(*) Periodista y Politólogo