Artículos de Opinión

NO VEAN TV AZTECA… Por Diego Vega (*)

Por Fidel Flores mayo 26, 2026

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La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo lanzó un petardo político en plena conferencia mañanera y éste estalló en los pasillos ejecutivos del señor Ricardo Salinas Pliego, propietario de la concesión televisiva llamada TV Azteca. “No vean TV Azteca”, sugirió la mandataria, acusando a la empresa de mentir. Y entonces, la travesura presidencial, risa incluida, activo las alarmas en el Ajusco y generó más vértigo que la Triple Torre Kilahuea (**), el Superman y la Medusa Steel Coaster de Six Flags México juntos.
¿Miente TV Azteca?
Pues como decía la Chimoltrufia, si y no.
Y ahí radica la ironía más deliciosa de esta tragicomedia nacional.
TV Azteca se espanta de la afirmación de la presidenta al acusarla de mentir. La realidad es que millones de mexicanos dejaron de creerle hace mucho tiempo.
La diferencia es abismal.
El problema no es la mentira. El problema es la credibilidad. Y en el negocio de los medios, perder credibilidad es como perder el oxígeno: el cadáver tarda un poco en darse cuenta, pero ya está muerto.
El Reuters Institute for the Study of Journalism lleva años documentando el derrumbe de la confianza en los medios tradicionales en México. Sus estudios muestran que, aunque TV Azteca sigue siendo una marca ampliamente consumida, sus noticieros registran niveles de confianza apenas medianos y, en algunos segmentos, francamente bajos. Mucha gente los ve. Muchísima menos les cree.
México pasó de tener niveles de confianza noticiosa cercanos al 50% entre 2017 y 2019, a rondar apenas el 35% en 2024. Y TV Azteca quedó atrapada en esa estampida de desconfianza que devoró a la televisión abierta, a los periódicos tradicionales y hasta a los viejos opinadores de voz engolada que todavía creen vivir en 1998.
Porque ése es el verdadero drama: TV Azteca sigue transmitiendo como si el país entero continuara sentado frente a un televisor Panasonic de bulbos, esperando el noticiero nocturno como quien espera la palabra divina.
Pero ese país ya no existe.
Durante los primeros años del siglo XXI, TV Azteca vivió sus años dorados. La Academia paralizaba audiencias; Azteca 13 y Azteca 7 competían con dignidad frente al monstruo de San Ángel; el fútbol, los realities y el melodrama popular producían ratings masivos. Entre 2000 y 2005 la empresa alcanzó algunos de sus mejores niveles de audiencia y comercialización. Sus acciones bursátiles coqueteaban con precios de entre 8 y 12 pesos. La publicidad fluía como el licor en boda mexicana. El gobierno federal regaba contratos publicitarios con entusiasmo de apostador en una noche de suerte.
Y cómo no: durante los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto, TV Azteca recibió miles de millones de pesos en publicidad oficial. Tan sólo en el sexenio de Enrique Peña Nieto habría obtenido cerca de 5 mil 945 millones de pesos en contratos gubernamentales. Una cifra que explica muchas líneas editoriales y muchos silencios estratégicos.
Pero mientras los concesionarios eran los consentidos del gobierno, el internet avanzaba como la humedad.
Primero llegó YouTube. Luego Netflix. Después Facebook, Twitter, TikTok y el streaming. Y entonces ocurrió lo inevitable: los jóvenes abandonaron la televisión abierta con la velocidad con la que se abandona un barco incendiado.
Hoy la audiencia más sólida de TV Azteca se concentra entre adultos y adultos mayores. La televisión abierta mexicana envejeció junto con sus televidentes. Los menores de 30 años ya no viven frente al televisor: viven frente a sus gadgets.
Y el celular, la tableta o la laptop son despiadados.
No tienen concesiones federales. No necesitan opinadores solemnes. No dependen de tiempos oficiales. Y no les importa Ricardo Salinas Pliego.
Mientras tanto, TV Azteca comenzó a deteriorarse lentamente en todos sus indicadores.
Bajó el rating. Cayó la inversión publicitaria. Disminuyó la producción original. Se redujo la planta laboral. Se precarizó la operación. Y las acciones de la empresa comenzaron una caída tan aparatosa que terminaron convertidas en un ejemplo bursátil sobre la decadencia.
De aquellas cotizaciones robustas de los años dos mil, las acciones terminaron rondando centavos miserables. La empresa enfrentó problemas de liquidez, suspensión bursátil y finalmente concurso mercantil voluntario. El mercado hizo lo que suele hacer cuando huele perdidas: salir corriendo.
Y sin embargo, TV Azteca todavía actúa como si siguiera gobernando el imaginario nacional.
Ahí reside lo verdaderamente fascinante del espectáculo.
La empresa que alguna vez moldeó conversaciones nacionales hoy pelea contra streamers, tiktokers de secundaria, youtubers transmitiendo desde una silla gamer y muchachos que editan videos desde un teléfono celular mientras comen papitas.
La televisión abierta perdió el monopolio de la realidad.
Y eso explica la furia.

Por supuesto, la presidenta Sheinbaum no exagera cuando acusa a Tv Azteca de “mentir”. Sin embargo, todos los medios construyen narrativas, seleccionan agendas y defienden intereses. Lo hicieron Televisa, TV Azteca, los periódicos, la radio y ahora también los influencers disfrazados de periodistas independientes.
Pero hay una diferencia bárbara: antes la gente no tenía alternativa. Hoy sí.
Y el público mexicano ya emitió su veredicto silencioso.
No deja de ver Tv Azteca por una sugerencia presidencial. La abandonó gradualmente durante veintiséis años de desgaste, soberbia, pérdida de credibilidad y obsolescencia tecnológica.
La tragedia de TV Azteca no es política. Es su propia falta de innovación, creatividad y capacidad de enfrentar los retos de las nuevas tecnologías.
La empresa cree que controla la conversación nacional, cuando en realidad apenas controla su propia mediocridad.
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(*)
Analista político (Diego Vega es su seudónimo).
Fuente en FB: https://www.facebook.com/diego.vega.103899

(**) Kilahuea es una famosa atracción tipo drop tower (torre de caída libre) ubicada en el parque de diversiones Six Flags en CDMX. Es una de las estructuras de mayor adrenalina en el país y consiste en una torre que eleva a los pasajeros a más de (60) metros de altura para luego soltarlos en caída libre.

Fidel Flores

Acerca de Fidel Flores

Periodista y colaborador en Interés Público.

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