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El mundo ha dejado de consternarse por los agravios cometidos contra la población palestina en la Franja de Gaza. A pesar de que la prensa internacional y los activistas han denunciado que ocurre un exterminio sistemático contra este grupo demográfico, ha dejado de tener impacto significativo en la coyuntura.
La guerra que inició hace unas semanas Donald Trump en contra de Irán han causado que la comunidad internacional haya dejado de observar el conflicto de Israel para concentrarse en las acciones de Estados Unidos en contra del régimen de los Ayatolás.
El desvío de la atención pública internacional ha causado que el sionismo—entendido como un movimiento político e ideológico que pregona el establecimiento del Estado judío en Palestina—siga cometiendo abusos sistemáticos a los derechos humanos.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha permanecido en su cargo sin ningún tipo de restricción, al asegurar que en un momento en el que se encuentra en riesgo la sobrevivencia del Estado necesitan forzosamente su continuidad en el poder, aunque sea el principal responsable del genocidio que cometen los israelíes contra miles de personas inocentes.
Pese a ello, Netanyahu es el menos radical dentro de los integrantes de su gobierno, pues el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, ha asegurado que las misiones de ayuda humanitaria que han tratado de enviar comida a la población palestina han sido tripuladas por terroristas.
La narrativa de protección a su soberanía ha perdido sentido ante las constantes violaciones a derechos humanos que ha cometido Israel en contra de la población palestina, pues ha impulsado un genocidio, en el que pretende desarrollar “una limpieza étnica” contra este sector demográfico.
Sin embargo, cualquier crítica que se emita en contra de Israel inmediatamente es considerada como una declaración “antisemita”, que trata de recordar el odio hacia los judíos que provocó el holocausto en la Alemania nazi en el contexto de la Segunda Guerra Mundial.
Lo cierto es que Israel está cometiendo exactamente los mismos abusos que tanto denunció de los nazis en los campos de concentración. Los más de seis millones de judíos que murieron en la Segunda Guerra Mundial se convirtieron en un símbolo de no repetición para la humanidad, pero es este mismo grupo étnico el que ha impulsado un exterminio permanente contra los palestinos.
Entre el victimismo y la demagogia
El Estado de Israel ha asegurado que desde su nacimiento ha padecido del odio general de sus vecinos. Amparado del apoyo de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania y el resto de la comunidad occidental, los israelíes han emprendido una campaña de expansionismo para violar los acuerdos establecidos en su formación.
Originalmente los europeos habían determinado—de forma arbitraria—que en Palestina, zona donde vivía una amplia población árabe, se instalaría el nuevo Estado judío, pero con la intención de que coexistieran los dos Estados, es decir, el Palestino y el Israelí.
No obstante, los israelíes han violado constantemente esos acuerdos y han extendido su presencia en el territorio palestino para apoderarse prácticamente de toda la región, a excepción de la Franja de Gaza, donde viven de manera casi hacinada toda la población palestina.
A pesar de que los sionistas han sido los causantes de provocar los principales conflictos armados en la región en los últimos años, han adoptado una política de victimización que trata de mostrar hacia Occidente, mientras que entre el mundo árabe prevalece un profundo rencor por las acciones bélicas que ha emprendido durante años.
El principal adversario de la región de Israel está debilitado. Netanyahu logró convencer a Trump de que era necesario iniciar una guerra contra los iraníes, ya que alegó que estaban a punto de desarrollar una bomba nuclear, aunque esa retórica la han mantenido desde el inicio de la revolución islámica en 1979.
Así, auxiliado por Estados Unidos, Israel ha contado con el apoyo militar necesario para intervenir en otros países como Líbano, al acusarlo de ser el principal punto de desarrollo del Hezbollah, así como Hamás, por ser auspiciada por Irán y Cisjordania.
La postura ultra conservadora radical ha derivado en la muerte de miles de palestinos, que son exterminados por el simple hecho de haber sido señalados como responsables de los atentados terroristas del 7 de octubre de 2023.
Así, aunque Israel en un inicio contó con el apoyo de la comunidad internacional por los atentados terroristas de 2023, paulatinamente ha perdido ese apoyo, debido al asesinato extremo que ha cometido contra la población palestina que no pertenece ni a Hamás ni a Hezbollah.
El conflicto con Palestina le ha dado apoyo político a Netanyahu, por lo cual tampoco ha estado dispuesto a ceder en los ataques contra los palestinos, debido a que tendría que aceptar un proceso electoral para la renovación electoral.
El principio determinista que ha encausado al sionismo ha causado un problema en cuanto al riesgo de existencia de un grupo poblacional como son los palestinos, por lo cual resulta fundamental la implementación de una política internacional más enérgica en contra de los sionistas.
El papel de occidente ha sido bastante tibio. Si bien Francia y Gran Bretaña han reconocido la existencia del Estado de Palestina—sólo tuvieron que pasar más de 75 años para que sucediera—y han admitido que Israel que ha cometido genocidio, las acciones contra el gobierno de Netanyahu se han hecho esperar.
Los gobiernos de Occidente han dejado de condenar los crímenes cometidos por Israel en contra de los palestinos, debido a que muchos de los principales financiadores de las campañas de los políticos occidentes son judíos sionistas que controlan sus propios intereses.
En el caso de Alemania, el canciller Friedrich Merz ha tenido una respuesta deficiente sobre la beligerante campaña de Israel, debido a que el pasado reciente de los alemanes lo ha hecho autocensurarse para no condenar lo que ocurre en la zona, pues de lo contrario temen que podrían ser acusados de nazis.
De forma paradójica han sido los países de América Latina los que han sido más enérgicos en sus condenas contra Israel, principalmente por el pasado colonialista que remonta a las naciones que padecieron el sometimiento y genocidio orquestado por los europeos.
Pero las condenas sólo han venido de aquellos países que fueron gobernados por la izquierda como Brasil con Luiz Inácio Lula da Silva, Colombia con Gustavo Petro y Chile, en su momento, con Gabril Boric, mientras que en el caso de México la postura de Claudia Sheinbaum ha sido bastante escueta.
Aunque la prensa internacional la ha nombrado la principal representante de la izquierda latinoamericana, Sheinbaum no ha adoptado acciones enérgicas en contra de Israel por los abusos cometidos contra Palestina, pese a que incluso ciudadanos mexicanos han sido secuestrados por los israelíes al intentar llevar ayuda humanitaria en la Franja de Gaza.
Los tentáculos del sionismo se han extendido y están perfectamente extendidos en Occidente, por lo cual las respuestas han sido poco contundentes, con una escasa capacidad de incidencia para evitar que Netanyahu siga cometiendo esos crímenes que tendrían que ser considerados contra la humanidad.
Después de los hechos del Holocausto, los ciudadanos alemanes fueron cuestionados sobre su papel en el exterminio masivo de la población judía sin ningún tipo de reacción, y aunque negaron indiferencia, el papel que asuma cada país y cada persona definirá un rol indispensable que cargará con el peso de la historia sobre el genocidio contra los palestinos.
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(*) Periodista (EPCSG), Posgrado en Políticas Públicas y Humanidades (Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo)