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OCOYOACAC Y MARTÍN SIERRA: LEGADO Y FORTALEZA DE IXCHEL SIERRA VEGA. Por Fidel Carlos Flores (*)

Fidel Flores by Fidel Flores
abril 16, 2026
in Artículos de Opinión, ESTADOS (México)
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OCOYOACAC Y MARTÍN SIERRA: LEGADO Y FORTALEZA DE IXCHEL SIERRA VEGA. Por Fidel Carlos Flores (*)

———- O ———-
Ocoyoacac —que quiere decir donde nacen los ocotes, pero también donde nacen los hombres que no se quiebran— es un pueblo de luchadores, de cultura y tradición viva, de recintos ceremoniales, danzas y costumbres que vienen de antes de que el tiempo tuviera calendario.
Una de sus danzas más representativa es la de los Arrieros, declarada en 2023 por el Congreso del Estado como Patrimonio Cultural e Inmaterial del Estado de México, porque hasta los poderes entendieron que hay memorias colectivas que no se pueden expropiar.
En la actualidad algunos de sus habitantes continúan hablando otomí, náhuatl y zapoteco, como si las lenguas fueran raíces que no se dejan arrancar. Es uno de los 125 municipios en que está dividido el Estado de México, ubicado en el valle de Toluca, entre la Ciudad de México y Toluca de Lerdo, colindante con Lerma, Huixquilucan y San Mateo Atenco, entre otros pueblos que comparten el mismo cielo.

Allí nació el luchador y activista comunitario Martín Sierra Flores (+), ya difunto pero no ausente. Martín y Oralia Vega Ortiz, se casaron y con los años labraron, con ejemplo, congruencia y tenacidad la construcción de un legado honesto. Ambos tuvieron cuatro hijos: Ixchel, Mixtli, Oralia y Martín. La familia Sierra Vega vive todavía en Ocoyoacac, donde el abogado y luchador social Martín Sierra tuvo una trayectoria prominente en defensa de causas justas, populares y en el mejoramiento de las condiciones regionales, que es otra forma de decir que se peleó con la injusticia y la voracidad política de su tiempo.
De esta población y siguiendo los pasos de su padre, después de lograr una solvente preparación académica —licenciatura y maestría— y de trabajar varios años en el sistema de justicia estatal, surgió Ixchel Sierra Vega, abogada de profesión y excandidata a Magistrada de la Sala Regional CDMX.
Interés Público, prensa digital, la entrevistó en su domicilio con la intención de conocer más sobre su origen, formación, experiencia y objetivos actuales.
¿Cuáles fueron sus orígenes, Ixchel?

Nostálgica y firme, como quien rememora sin pedir permiso, dice:
—
Recuerdo a mi abuela paterna Felipa, mujer otomí que tuvo doce hijos, entre ellos a mi papá Martín. También a mi abuela materna Amalia, incansable luchadora social y feminista, que tuvo seis hijos, entre ellos a mi madre Oralia. De allí vengo. Nací aquí, en una familia que en esos años vivía circunstancias complejas y extremas porque mi padre, de veintiún años, ya encabezaba un movimiento por la defensa de las sierras del ejido de San Martín de Ocoyoacac. La situación nos trajo una serie de complicaciones sociales y económicas, porque defender la tierra siempre ha costado más que venderla. Y a pesar de que mi infancia fue difícil, fui educada con ternura, amor, inspiración y acompañamiento, que son las cuatro formas que tiene la pobreza digna de parecerse a la riqueza.
¿Nos puede comentar su trayectoria académica?
—
Fue con mucho esfuerzo, nada fácil, pero salí adelante. Toda mi educación la realicé en escuelas públicas, estuve en la Telesecundaria Ricardo Flores Magón, de donde guardo bellos recuerdos, como se guardan las piedras de río. Posteriormente en la Preparatoria número 1, Adolfo López Mateos de Toluca. Aun cuando esos años mis padres atravesaban obstáculos económicos mayores, seguí adelante, porque detenerse también era un lujo. Luego ingresé a la Facultad de Derecho de la UNAM y concluí la carrera con mención honorífica, y después la maestría con el máximo reconocimiento. La mejor universidad del país me abrió los brazos y aproveché cada una de las oportunidades ofrecidas, porque las oportunidades, son como el agua que pasa bajo el puente, es decir el agua corre y pasa solo una vez y no regresa.
¿Y en relación a su trayectoria profesional?
—
En principio fui defensora pública, esto es: abogadas y abogados que defienden a personas sin recursos y sencillas de la comunidad, que es otra forma de decir que defienden a los que la justicia mira de reojo. Posteriormente ingresé al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, TEPJF, donde fui escalando cada uno de los escaños hasta lograr una trayectoria sólida y transparente. Fui profesional operativa, secretaria auxiliar y finalmente secretaria de estudio y cuenta. Todos los cargos no los obtuve por designación sino por carrera judicial, vale decir aprobando exámenes de conocimiento, porque en mi familia la única herencia era estudiar. Desde ahí he defendido durante más de dieciséis años los derechos políticos y electorales de la ciudadanía. A la vez, siempre tuve la consigna de redactar sentencias con una visión humanista, incluyente y de género. También contribuí en el análisis y resolución de casos fundamentales para fortalecer la paridad de género y eliminar la violencia política en contra de mujeres que participan en un proceso electoral. Por último, puse especial interés en los casos que involucran a mujeres, comunidades indígenas, personas migrantes y de la comunidad de diversidad sexual, porque la justicia que no alcanza para todos es un privilegio con toga.
¿Algo más que aportar?
—
Reconocer los nuevos tiempos que vive la nación, los cuales buscan mejorar el poder judicial y desterrar anomias sociales que ya duran siglos. En mi caso, sin la reforma impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum, no hubiese podido participar ni estar en la boleta, porque hay puertas que sólo se abren cuando alguien empuja desde adentro. Vivimos épocas de cambios y espero que éstas sean para el bien común nacional, porque el bien común es el único pariente que tenemos todos. Enfatiza.
Y afuera del centro urbano de Ocoyoacac, donde nacen los ocotes, los ocotes, —pinos nativos de México— siguen naciendo…
———- O ———
(*)
periodista (Escuela Carlos Septién García) y economista (U. A. Metropolitana/Azcapotzalco)

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