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Este ensayo surgió en el contexto del conflicto entre Rusia y Ucrania y de las guerras de Yemen y Siria, y de las más de sesenta guerras activas en curso que son el origen de miles de muertes y desplazados en todo el planeta. El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, sería suficiente para justificar por sí solo este escrito. Sin embargo, en estas páginas únicamente intento responder a la pregunta más general: ¿qué es la guerra?
Existe la “paz armada”: “No hay disparos, pero corre sangre”, como lo dedujo a principios del siglo XX Eduard Bernstein; también existe la “guerra fría” y la “guerra en caliente”, sin mencionar manifestaciones más antiguas o más recientes. Dice Gérard Vincent que la revolución permanente es una utopía y que la guerra permanente es una realidad, y a continuación enumera algunos de los conflictos más importantes ocurridos entre 1914 y 1985: Primera Guerra Mundial, Guerra del Rif, Guerra Civil española, Segunda Guerra Mundial, guerras de Indochina, Corea, Vietnam, Argelia, Guerra Fría. La guerra siempre se encuentra presente en el pensamiento humano, afirma este antiguo profesor del Instituto de Estudios Políticos de París y autor de numerosas obras, entre ellas, La historia de la humanidad contada por un gato. ¿Qué es la guerra? ¿Desde cuándo existe? La guerra es consustancial a la condición humana, y este es, quizá, su más absoluto axioma: “La guerra es la ausencia de paz”. Intentemos un breve recorrido.
San Agustín distinguía entrejustum bellun(“guerra justa”) y justum non bellum(“guerra no justa”). Para Montesquieu (1689-1755), uno de los primeros en emprender el estudio sistemático de la guerra, ésta “es contraria a la ley natural y, por ello mismo, la única guerra tolerable es la de tipo defensivo (justum bellun), en que se está obligado a combatir para defenderse”. Lenin reconocía plenamente la legitimidad de las guerras, siempre y cuando éstas fueran “guerras progresistas”: de las clases oprimidas contra las clases opresoras, de los esclavos contra los esclavistas, de los campesinos contra los terratenientes y de los obreros asalariados contra la burguesía. La filósofa y activista francesa Simone Weil (1909-1943), subrayó la brutalidad y el sinsentido de la guerra, mientras que Federico Engels anticipó la naturaleza de las guerras en el futuro, con armas inimaginables y donde las víctimas principales serían personas inocentes. El filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679), fue el primero en concebir el concepto de guerra fría: “La guerra no sólo consiste en batallas ni en el acto de luchar, sino es un periodo de tiempo en el cual la voluntad de entrar en combate es suficientemente conocida”.
Para Karl von Clausewitz (1780-1831), la guerra “es un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario”. Este militar prusiano estuvo al frente de las fuerzas rusas contra Napoleón, volvió luego a incorporarse al ejército prusiano y dirigió la Escuela de Guerra de Berlín. En su obra póstuma De la guerra, estudió los problemas suscitados por la estrategia, de dirección y la esencia misma de la guerra. Fue el creador de la concepción total y unitaria de la guerra, con un mando militar ligado y subordinado a la dirección política. Sus tesis ejercieron gran influencia tanto sobre pangermanistas nazis, como sobre los teóricos del marxismo, en lo que tiene que ver con los fundamentos de la estrategia y de la guerra revolucionaria. Karl von Clausewitz es el padre de la célebre expresión: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Si bien la frase es un poco más extensa: “La guerra no es un fenómeno independiente, sino la continuación de la política por diferentes medios”.
Debido a sus tesis sumamente originales y por la gran influencia que tuvo en su momento, el pensador alemán Carl Schmitt (1888-1985), merece una mención aparte. Schmitt, jurista de la corona del Tercer Reich, es el autor de libros como Teología política, Teoría de la Constitución, La dictadura, El estado y el valor del individuo, Legalidad y legitimidad, Unidad del mundo, y de un libro cuya lectura es obligada hoy en día, Estructura histórica del conflicto actual entre el Este y el Oeste. En su famosa teoría amigo-enemigo, que toma mucho a su vez de la teoría amo-esclavo de Hegel, Schmitt señala que la amistad sólo surge de las animosidades compartidas y que la enemistad es una relación claramente definida que surgirá cuando, y sólo cuando, “yo reconozca que hay ciertos grupos con algo existencialmente diferente y extraño y que representan ‘al otro, al extranjero’”. El enemigo al que se refiere Schmitt es un enemigo público, no un enemigo privado, ya que para él una colectividad constituye un cuerpo político como tal únicamente cuando tiene enemigos. Para los alemanes, Francia y Rusia principalmente.
He aquí algunos de sus postulados:
.“Dime quién es tu enemigo y te diré quién eres”.
.“Distingo ergo sum”. (Distingo luego existo).
.“En todo agrupamiento amigo-enemigo siempre está latente la posibilidad de la guerra”.
“Si en el acto de distinguirse uno de sus enemigos está la esencia de la política, entonces la política implica la existencia de amenazas latentes y, en última instancia, la eventualidad de la guerra”.
.“Toda la vida de un ser humano es una lucha y simplemente cada ser humano es un combatiente. Un mundo sin guerra sería un mundo sin política; un mundo sin política sería un mundo sin enemistad; un mundo sin enemistad sería un mundo sin seres humanos”.
Muchas de las teorías creadas por Carl Schmitt, fueron diseñadas con un sentido pragmático, como herramientas legitimadoras del Tercer Reich. El mismo Schmitt conservó orgulloso, hasta el final de su vida, su número de afiliación al partido nazi: 2.098.860. Pensando en Adolfo Hitler escribió: “Las dictaduras transitorias, que cumplen el deseo de unir al pueblo de manera inmediata, son más consecuentes con las normas democráticas que el parlamentarismo liberal, que gobierna indirectamente a través de procedimientos y élites”. Si bien para Carlos Marx el motor que movía al mundo era la lucha de clases, para Alexandre Kojeve el deseo de reconocimiento y para Hannah Arendt la necesidad, para Carl Schmitt la guerra se encontraba en el origen de todas las cosas.
La pensadora alemana Hannah Arendt (1906-1975), difundió la famosa expresión “banalidad del mal”, para referirse a “seres ínfimos que perpetraron un horror duradero”, “hombres del sistema que lo único que hacen y saben hacer es cumplir órdenes”. La destrucción bélica, el peso de la tradición cultural alemana (a los catorce años leyó Crítica de la razón pura de Immanuel Kant) y una vida marcada por la persecución sistemática sufrida por los judíos tras la llegada de Adolfo Hitler al poder, determinaron su obra, dedicada a descifrar los orígenes del totalitarismo y de la violencia política. En su libro Qué es la política, escrito entre 1956 y 1959, Arendt deja patente su rechazo y temor absoluto a cualquier tipo de dictadura, de totalitarismo y de régimen militar, además está convencida que, de haber una tercera guerra mundial, lo que en su época muchos personajes eminentes consideraban posible (entre ellos Bertrand Russell, José Ortega y Gasset y Albert Einstein), el mundo dejaría de existir. Por eso la guerra no podía ser una continuación de la política con otros medios, porque destruye las formas de entender la realidad propias de cada quien y la eliminación de los espacios de libertad política que se han construido. La guerra ya no sería la continuación de nada ni de nadie, porque con la guerra se extinguirían las sociedades y con ello la política.
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(*) Escritor, Doctor en Historia (UIA)