———- O ———-
Doña Nayla, trabajó desde niña ayudando a su madre que se quedó viuda. No tuvo ocasión para jugar con muñecas, pasaba el tiempo atendiendo a los hermanos menores, limpiando o cocinando, mientras los días pasaban apresurados.

Para ella, las noches no eran un espacio para soñar. Siempre dormía cansada, un sueño profundo que parecía corto.
No tuvo torta de quince años, ni vals de matrimonio, tampoco un conteo de las horas felices. Ella pasó su vida con fardos de dolores viejos a cuestas…

Este año, una semana antes de su cumpleaños, Doña Nayla pelaba papas para el almuerzo, mientras el hijo sentado delante de ella, observaba los callos de sus manos con los pulgares teñidos de tanto pelar papa, día tras día, durante toda su vida dura.
-Mamita, pronto será tu cumpleaños, quiero festejarte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *