“Quisiera electrizar mis ojos y sacudirles su inercia doméstica.”
Alejandra Pizarnik
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Miro por la ventana el sábado nublado a fuera, pongo atención al canto de los pájaros, viene a mi mente la pureza de todo lo que no es humano. Hace tiempo que ya nos dijeron que “solo Enoc, Abel, Job, Daniel y Melquisedec son puros” y les creímos. Empero, no recuerdo si nos dijeron por qué. El aprendizaje llega a borbotones de dentro hacia fuera, alimentado por los conocimientos e instrucciones que recibimos de afuera, se procesa adentro y lo expresamos hacia afuera, dicen que es un crecimiento personal, pleno de luces y de sombras.

El viento es la circulación del aire de un lugar a otro, con más o menos fuerza, pero hoy, particularmente, está circulando, con más fuerza. Haciendo que las ramas de los arboles zarandeen, como si alguien tocara una canción con frenesí y les obligara a bailar a su ritmo.
Alejandra está botada en el sillón con los ojos muy abiertos, mirando fijamente arriba, para ver si el techo se le cae encima…Sin dejar de mirar a fuera, le digo:

-Es un sábado con mucho viento. –escucho su voz que viene de más atrás respondiendo:

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