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Estuve allí, frente a la página en blanco. No sabía sobre qué escribir y las ideas, como pompas de jabón, brillaban por un instante, luego se explotaban, se reventaban en el aire, haciéndose diminutas, haciéndome incapaz de atraparlas…
Dejé la hoja en blanco abandonada, sabiendo que un sufrimiento quería apoderarse de mí en pleno proceso de escritura y fui hasta la cocina con un paso automático; entré a ese espacio tan familiar, donde busco o preparo alimentos todos los días, y vi una puerta roja entreabierta en pleno espacio de circulación. Dudé por un momento, luego traspasé el umbral abriendo más la puerta roja. Para mi sorpresa, entré a una cocina rústica, con fogón de barro y fuego de leña; acogedora con toda su simplicidad.
Sentada en un banco, frente a la mesa cubierta con un mantel de estampa colorida, estaba la mujer arrugada por el tiempo, con su cabello blanco y su cuerpo caquéctico, tenía una especie de bañador sobre las piernas y movía sus manos dentro del bañador, como si estuviera descascarando o desmenuzando algo; no levantó la cabeza, apenas dijo:
-La literatura es el lugar donde lo absoluto se relativiza y se disuelve, como el azúcar en el agua que la endulza, cambiando su sinsabor. El resultado es agradable al paladar, aunque ni siempre el dulce, sea un sabor apreciado por todos. Las historias son prodigiosas, basta contarlas…

-Buen día de Dios…
-Sé que estás sorpresa. Lo que sucede es que la literatura es un lugar común que permite la existencia del tiempo sin tiempo. Como en el sueño donde la temporalidad logra ser infinita…
Inmediatamente, pellizqué mi mano izquierda y dolió; al tiempo que supe que no estaba soñado, percibí los olores de aquella cocina: fuego a leña y dulce de coco.

La anciana usaba un vestidito de fondo blanco con una estampa suave en tono lila, llevaba un delantal rosa, bien ceñido a su cintura diminuta. Me repuse rápidamente de la sorpresa de encontrarla allí con su cocina, sus apetitosos dulces y su mente brillante.
-Me siento honrada por estar aquí, en este preciso momento, sé que es real, aunque parezca un sueño.

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