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El 18 de agosto, nuestro país conmemora la fiesta de la independencia británica, ya pasan ciento y dos años de que los ingleses se fueron; y la abuela Samira, que ya está tan vieja cuanto el tiempo, dijo que no conoció paz en sus largos años de vida. Porque nuestro país, siempre estuvo acechado por el mal, y muchos milicianos, prometiendo paz, cuando apenas, vinieron a matar a nuestro pueblo, y a traficar el opio, y a robar nuestra paz.
En los últimos años los bombardeos fueron tantos, que las abejas dejaron de producir miel y ya no pudimos exportar, ni consumir el oro dulce que ellas nos dejaban.
Nuestros campos están muy pobres, ya no recuerdan los tiempos productivos, cuando las ovejas pasteaban bajo los olivos durante dos o tres meses, después, los frutos maduraban y la cosecha era abundante.

Las guerras que arrastramos desde el siglo pasado, parecen que acabaron hoy, domingo. Porque los “estudiantes” (se llaman así en su idioma) tomaron la capital, después de arrasar con miles de vidas a su paso. Ahora, ellos vuelven victoriosos al gobierno, de un país que no consideran suyo y que no saben, exactamente, qué hacer para promover el desarrollo y llegar a ser bien vistos a los ojos del mundo.
La abuela Samira, me contó que Mansur, el hijo de su hermano menor, llegó ayer con su familia desde una provincia del sud, cerca de Kandahar, todos están muy asustados, abandonaron su casa y sus tierras porque los “estudiantes”, llegaron a su pueblo como cerdos salidos del infierno: violando a todas las mujeres y niñas que lograban capturar. Dijo que su vecino Abbas, mató a su propia hija delante de todos, para que los “estudiantes” no la toquen y con toda su furia les gritó:

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