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Los días que se celebran la libertad de expresión, del periodista y similares en distintos países de Latinoamérica deberían servir, entre otros para reflexionar nuevos contextos: ejercicio y retos actuales, irrupción de la posverdad virtual, contenidos de medios tradicionales y youtubers, sesgos y manipulación, redes de protección, etc. y no convertirse exageradamente en un día de autoalabanzas (coloquialmente “cebollazos”) o como diría un dicho filosófico “elogio en boca propia es vituperio”.
Hace una década en una clase de maestría de periodismo político al abordar la peligrosidad del periodismo frente a los tentáculos del narcotráfico, el maestro Marco Lara Klahr (autor de varios libros sobre el gremio) afirmaba “todo oficio tiene riesgos, por qué deberíamos tener un trato especial, hay que asumirlos, por ejemplo un barrendero del Periférico también corre riesgo de que lo atropellen”.
A más de siete décadas del Informe Hutchins de la Universidad de Chicago, sobre la situación decadente de los (mass media) en Estados Unidos, en el convencimiento de que el sistema de libre mercado no aseguró la libertad de prensa ni los beneficios sociales que se derivaban de ella. La comisión señaló cinco funciones que debían cumplir los medios en una sociedad. Veamos:
– Hacer un relato comprensivo y real de los acontecimientos diarios con contexto y sentido.
– Servir de foro para el intercambio de comentarios y críticas.
– Proyectar la visión de la realidad de los grupos relevantes en la sociedad.
– Presentar y explicar las metas y valores de la sociedad.
– Garantizar el acceso pleno a la información relevante del día.
De esta forma surge la concepción social de la información, no considerar a los medios como una industria más en un mercado libre de ideas, sino como unos entes con una responsabilidad ante la comunidad social y el bienestar general. Y esa responsabilidad social carece de sentido si no se sitúa dentro de un contexto ético.
Sin embargo, tales principios actualmente son desconocidos, por la mayoría de los colegas.
A principios del milenio la escritora argentina Silvia Vizcarra en su publicación “La responsabilidad social del periodista, frente a la noticia como mercancía” define en primera instancia el valor y la crisis de valores en el oficio. Conozcamos algunos fragmentos de su análisis:
El valor es común a todos los seres humanos, pero cada uno hace su descubrimiento individualmente como resultado de una aventura personal. “Conocer los valores y cultivarlos es una forma de integrarse a la familia humana.” (1)
Precisamente el estudio de estos valores, de su esencia, obligatoriedad y validez para todos los hombres, es lo que conocemos como ética; “es la ciencia de los valores morales y de su realización por obra de los hombres”. (2)
En cuanto ciencia práctica, la ética no constituye un saber por el saber mismo, sino un saber para la práctica, que nace de práctica, porque se refiere a las acciones de las personas que son controladas por la razón y por la voluntad, cuando actúan libremente. La ética no pregunta cómo se conducen los hombres, esa tarea le compete a la moral; sino que ella establece cómo deben conducirse.
Aclarados los términos y volviendo al tema que nos ocupa, cabe recordar que el ejercicio profesional en general se cimenta en el respeto de ciertos valores, y siguiendo determinadas normas de conducta. Además, existe consenso sobre la existencia de unos valores que distinguen a una determinada profesión y le dan fisonomía propia. En el Periodismo, a ese valor distintivo lo constituye la veracidad.
Buscar sólo la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad, es la actitud diaria que toda comunidad humana reclama al profesional de la comunicación, consciente de que las mentiras o medias verdades difundidas por diversos medios les impiden conocer la realidad, lo que realmente está sucediendo.
Sólo en la medida en que las reacciones humanas se fortalecen por la verdad de las palabras y de las actitudes, crece la necesidad de veracidad y ésta se convierte en valor.” (3)
Así, la verdad constituye la base ética del medio, su razón de ser. Y la libertad de información estará más protegida si los periodistas concientizados acerca de su responsabilidad profesional, tratan de llegar a ella informando oportuna, y objetivamente.
Sin embargo, la irresponsabilidad con que se conducen muchos de los profesionales de la comunicación nos demuestra que esa concientización está muy lejos de alcanzar. La venalidad, la aceptación de prebendas, el sometimiento a intereses económicos, el culto al dinero, son actitudes que se evidencian hoy en día, afectando la credibilidad tanto de justos como de pecadores, contribuyendo al desprestigio general de la profesión, y haciendo perder de vista que el último fin del Periodismo es la búsqueda del bien común, y no el éxito individual.
Considerando que dentro de los sectores económicos mundiales, el de la Comunicación es el que más rápido desarrollo y crecimiento ha tenido, ocupando los medios masivos un lugar preponderante en cuanto empresa, considero importante hacer una breve reflexión de la responsabilidad social que le compete al periodista frente a la información considerada como una mercancía desde una perspectiva empresarial.
Ante el hecho de que los medios de comunicación además de efectuar un servicio que es público son también una industria que debe ser económicamente rentable para seguir funcionando, cabe esperar el surgimiento de conflictos entre los profesionales y las empresas, debido a la dificultad de compaginar los intereses y las convicciones morales.
Este problema moral que afecta a los deberes y derechos de los profesionales debe ser resuelto en el contexto de una ética de los profesionales de la información, en cuanto concierne a sus fidelidades y lealtades para con la empresa a la que pertenecen, y para con la sociedad a la que sirven.
Acerca de la empresa informativa continúa Vizcarra: Los medios masivos efectúan una función mediadora entre la realidad y quien no tiene acceso directo o fácil a ella. Al reflejarla, los medios la interpretan y “manipulan”; es decir, trabajan sobre ella –ya que no les viene totalmente dada- para ofrecérsela y explicársela a un público que la desconoce. Esta libertad para comunicar que tienen los medios, “debe ajustarse a dos grandes limitaciones, si quieren ser respetuosos con los derechos básicos de cada cual: no debe perjudicar a la libertad de nadie, y debe utilizarse para bien y no para mal”. (4)
Sin embargo, la realidad nos muestra que son pocos los medios que se ajustan a dichas limitaciones. El mayor daño que los medios hacen consiste en informar de lo que no deben o en meterse donde no les está permitido hacerlo porque a nadie le hace falta que lo hagan. En publicar aquello que debe ser privado, con la intención de hacer lo más “vendible”, se evidencia claramente que el derecho a la intimidad y a la propia imagen es uno de los derechos más amenazados por la libertad de expresión.
Los medios de comunicación no son agrupaciones altruistas de profesionales con el único fin de informar correctamente de lo que ocurre. Son empresas con ánimo de lucro que deben responder al objetivo prioritario de maximizar sus beneficios. Por lo tanto, como cualquier otra empresa, tienen que cumplir con diversas funciones: Ser competitivas en el mercado, lanzar productos de calidad, aumentar la profesionalidad de sus empleados, generar beneficios y asegurar su capacidad de permanencia.
Así, se puede definir a la empresa informativa como “aquella que se dedica a la compra-venta de informaciones y, por consiguiente, abre un mercado de noticias, en el que la principal mercancía ( el objeto de comercio) es la información”. (5)
Precisamente este peculiar producto es el que le otorga a la empresa periodística su carácter especial, justificando la índole particular de los deberes éticos de quienes la gerencian o son sus dueños, y su primordial responsabilidad respecto del público en general. La ética de la empresa no intentaría cambiar o controlar la conducta de las personas, sino que más bien estaría dedicada a las “estrategias para la toma de las decisiones”; es decir, entraría en el proceso de reflexión sobre las razones que existen para adoptar un determinado curso de acción entre posibles alternativas.
Dentro de esta ética empresarial, la empresa informativa no sería una organización económica, sino que sería concebida como una corporación con fuerza para el cambio social, una institución social, que tiene una responsabilidad con la sociedad, además de con los accionistas y empleados.
Sin embargo, la realidad nos demuestra que esa anhelada ética que debería regir los medios de comunicación no deja de ser una utopía. Resulta repudiable leer, escuchar y ver cómo algunos mensajes degradan la prensa en sus niveles de credibilidad, anteponiendo el valor del dinero como objetivo fundamental.
“La apelación a la ética, tiene, pues, una explicación pragmática, de eficacia”. (6) El engaño, la falta de contrastación de las fuentes, la ocultación de datos, la verdad a medias, el dar gato por liebre, redundan en la falta de confianza y de credibilidad. De un modo u otro se reconoce que la fidelidad a unos principios y el autocontrol –y en eso consiste la ética- es también rentable: otorga credibilidad y da prestigio.
La información y el entretenimiento que los medios de comunicación ofrezcan a sus públicos, deben cimentarse en el respeto a los derechos fundamentales. Hay demasiado insulto, demasiado rumor expresado como hecho cierto, demasiada explotación del dolor ajeno, demasiada irresponsabilidad. No es lícito informar de cualquier modo, como no es lícito entretener de cualquier manera.
No es lícito hacer una u otra cosa sin el respeto debido a la dignidad de cada persona, sea cual sea su rango o su lugar en la sociedad. No todo se puede convertir en mercancía.
En relación específica a la responsabilidad social del periodista:
La libertad (que en ética significa autonomía del individuo para crear sus propias normas) es peligrosa si no va unida a la responsabilidad. Ésta es la capacidad de responder de lo que uno hace, ante quien tiene derecho a exigir unas lealtades o unos resultados.
De los derechos amparados por las constituciones nacionales de los países, los de la libertad de expresión y el derecho a la información constituyen los fundamentos sustanciales de toda sociedad democrática.
De la plena vigencia, vigor y respeto de los mismos dependerá la existencia de una opinión pública plural e independiente, lo cual es requisito indispensable para el buen desarrollo de la vida pública y la plenitud del sistema democrático.
A su vez, la garantía de los derechos de los ciudadanos requiere la defensa de una prensa libre, crítica, plural y abierta a la sociedad a la que sirve. Por ello, la importancia de la función social que presta el periodista a través de los medios como elemento principal para el ejercicio de estos derechos, “exige salvaguardar permanentemente estos principios de cualquier intento de restricción o coacción procedente de toda forma de poder, así como de su posible degradación, producida por su eventual inobservancia o adulteración por los propios medios o de quienes trabajan en ellos”. (7)
Al respecto, las normas éticas le indican que el periodista deberá responder tanto por su trabajo, como por las consecuencias que de éste se generen. Por eso, “antes de emitir o de publicar un mensaje, debe ser consciente del poder del instrumento que usa y de los efectos que puede provocar”. (8)
El periodista influye en la conciencia de la sociedad: Tiene una responsabilidad política e ideológica. Por lo tanto, ese sentido de responsabilidad debe obligarle a ir más allá de la presentación escueta de los hechos; a verificar los datos, contrastar las fuentes, averiguar y presentar los antecedentes, el contexto y las consecuencias del hecho noticioso.
Deberá buscar y llegar a la verdad, verificando la información a través de diversas fuentes, adoptando una posición analítica frente a las mismas, confrontándolas y comprobando sus afirmaciones.
Solo así podrá llegar a la verdad propiamente dicha, ya que si obtiene una verdad a medias, será una verdad mutilada, deformadora de los hechos objetivos, y con posibles nefastas consecuencias para la sociedad en su conjunto.
El periodista debe recordar que el daño causado no puede jamás ser totalmente reparado.
María Teresa Herrán y Javier Restrepo afirman que, de acuerdo a los principios éticos, el periodista es responsable en primer lugar ante el público al que se dirige cuando informa, y sólo en segundo y tercer lugar, ante los poderes públicos y ante su empresa.
A modo de resumen puedo decir, entonces, que el ejercicio profesional del periodista tiene sus cimientos fundamentales en el hecho de suministrar información a la comunidad en la que actúa, de manera veraz, objetiva y oportuna y de ponerse al servicio del bien común. Por tanto, “sus obligaciones para con la empresa deben supeditarse a las mencionadas responsabilidades máximas, que ningún interés particular de ésta puede vulnerar”. (9)
Finalmente, por lo anteriormente expuesto, cabría preguntarnos cómo andamos por casa (o en nuestros países), ¿qué ocurre en el terreno de contenidos de internet? y aquí, considero necesario una precisión “las conocidas redes sociales, finalmente son negocios privados (hasta cotizan en el mercado de valores) y como tal tienen intereses particulares, no colectivos, mismos que en algún punto -tarde o temprano- afectaran a sus audiencias.
Entonces el periodista actual debe adaptarse a tales circunstancias, además de priorizar en su trayectoria periodística: coherencia, rigor, contexto, contraste de fuentes, respeto y sobre todo credibilidad.
(*) Periodista (EPCSG) y economista (UAM-Azcapotzalco)
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CITAS BIBLIOGRÁFICAS
(1) Mª Teresa Herrán-Javier D. Restrepo. “Ética para periodistas”, pág. 15.
(2) Mª Teresa Herrán-Javier D. Restrepo. “Ética para periodistas”, pág. 17.
(3) Mª Teresa Herrán-Javier D. Restrepo. Op cit, pág.16.
(4) Enrique Bonete Perales. “Éticas de la Información y Deontologías del Periodismo”, pág. 57.
(5) Jesús Conill, citado por E. Bonete Perales, pág. 68.
(6) E. Bonete Perales. Op cit, pág. 54.
(7) Código Deontológico de Cataluña.
(8) Mª Teresa Herrán-Javier D. Restrepo. Op cit, pág. 240.
(9) Mª Teresa Herrán-Javier D. Restrepo. Op cit, pág. 54.
Encomiable el resaltar la veracidad de la información por sobre el estrellato del periodista.
Acertado artículo para reentender la libertad de expresión.
Ha sido reenviado profusamente a varios colegas del oficio, para diseminar su valioso contenido y reafirmar el compromiso; con el riesgo de ser ignorado por aquellos serviles del aplauso y el contrato.
Fraternal abrazo Guido, hasta Bermejo