
–Era un castigo y método de ejecución utilizado por los conquistadores españoles durante la época colonial en el que se arrojaba a personas (generalmente indígenas) a perros de presa hambrientos o entrenados para devorarlas. En esta practica el terror se convirtió en un instrumento de sometimiento contra los dominados.
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La historia de México está llena de episodios que marcaron para siempre el destino de sus pueblos. Algunos se recuerdan por las grandes batallas, otros por la caída de imperios y otros por la resistencia de quienes se negaron a aceptar el dominio extranjero.
Pero existe una práctica de la conquista que revela uno de los rostros más oscuros de aquella época: el aperreamiento, un método de ejecución y castigo en el que se utilizaban perros entrenados para atacar a personas indefensas.
No se trata de una leyenda ni de un relato inventado siglos después. Su existencia está documentada en fuentes históricas y en testimonios pictográficos del siglo XVI, entre ellos un manuscrito colonial conservado en la Biblioteca Nacional de Francia y estudiado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
¿QUÉ ERA EL APERREAMIENTO?
El aperreamiento consistía en azuzar perros de presa contra personas, en ocasiones prisioneros indígenas, hasta provocarles la muerte. Los conquistadores emplearon perros grandes y adiestrados como instrumentos de guerra, intimidación y castigo.
Durante las campañas militares, estos animales podían sembrar el miedo entre las comunidades que se resistían al avance español. En determinados casos, el procedimiento se utilizó para castigar a indígenas considerados enemigos, reacios al sometimiento o incapaces de pagar los tributos exigidos.
El objetivo no era únicamente eliminar a una persona: el castigo público también podía servir como advertencia para quienes contemplaban resistirse a las nuevas autoridades.
LA CONQUISTA: MÁS ALLÁ DE LAS ESPADAS Y LOS CAÑONES
Cuando los españoles llegaron a Mesoamérica en 1519, encontraron pueblos con sus propias estructuras políticas, tradiciones, religiones y rivalidades. La conquista no fue un enfrentamiento sencillo entre dos grupos uniformes: también estuvo marcada por alianzas indígenas, conflictos entre señoríos y decisiones políticas que cambiaron el rumbo de la guerra.
Sin embargo, conforme avanzaron las campañas de conquista y colonización, se documentaron numerosas formas de violencia contra la población originaria.
Los perros de presa se incorporaron a ese escenario. Su presencia, junto con los caballos, las armas y las tácticas militares europeas, contribuyó al temor que acompañó a determinadas expediciones.
En los territorios sometidos, la violencia podía utilizarse para obtener obediencia, imponer tributos y quebrar la resistencia de las comunidades.
El aperreamiento fue una de las expresiones más extremas de esa violencia.
EL MANUSCRITO DEL APERREAMIENTO: UNA IMAGEN QUE ATRAVESÓ LOS SIGLOS
Uno de los testimonios más conocidos de esta práctica es el llamado Manuscrito del Aperreamiento, una pictografía colonial que representa una escena relacionada con la ejecución de un indígena de alto rango.
El documento muestra a Hernán Cortés y a doña Marina, conocida como la Malinche, junto a varios prisioneros indígenas. En la escena central aparece un soldado europeo que sujeta a un perro, mientras la víctima se encuentra indefensa.
La imagen constituye un testimonio histórico extraordinario porque permite estudiar cómo se representó y denunció la violencia ejercida contra los indígenas durante la conquista.
La investigación de la historiadora Perla Valle, publicada en la revista Dimensión Antropológica del INAH, examina este documento y su relación con las prácticas de represión de aquella época.
El manuscrito no debe contemplarse únicamente como una ilustración antigua. Es también una fuente para investigar las relaciones de poder, los castigos y la situación de las comunidades indígenas bajo el avance colonial.
CHOLULA Y LOS SEÑORES INDÍGENAS
El manuscrito se relaciona con el área de Cholula, en el actual estado de Puebla, y con personajes indígenas identificados por su vestimenta como señores o autoridades.
La escena representa a varios prisioneros que presencian el castigo de otro indígena. De acuerdo con el estudio de Carlos Alfredo Carrillo Rodríguez, publicado en Arqueología Mexicana, la víctima ha sido identificada mediante la glosa del documento como Tlalchiachteotzin, un sacerdote cholulteca relacionado con el culto a Quetzalcóatl.
Es importante distinguir lo que muestra la pictografía de lo que puede afirmarse con certeza sobre las circunstancias exactas del acontecimiento. Los investigadores estudian las imágenes y sus inscripciones para reconstruir el contexto histórico, pero no todos los detalles de estos episodios han quedado registrados.
Aun con esas limitaciones, el documento ofrece una evidencia importante de la violencia contra personas indígenas de alto rango.
UNA PRÁCTICA QUE NO SE LIMITÓ A UN SOLO LUGAR
El aperreamiento no ocurrió exclusivamente en Cholula.
Las fuentes históricas mencionan episodios relacionados con distintas regiones de la Nueva España. En los territorios de Oaxaca, por ejemplo, se documentó el empleo de perros de presa durante campañas militares contra comunidades indígenas que resistían la conquista.
También existen referencias a ejecuciones de indígenas en el entorno de Coyoacán después de la caída de México-Tenochtitlan y Tlatelolco, así como a prácticas violentas durante las campañas de sometimiento en el occidente de México.
En la década de 1530, las campañas encabezadas por Nuño de Guzmán en Nueva Galicia quedaron asociadas a graves abusos contra las poblaciones originarias.
Estos casos deben estudiarse de manera individual, porque no todos ocurrieron en las mismas circunstancias ni fueron ejecutados por las mismas personas. En conjunto, sin embargo, muestran que la violencia colonial adoptó diversas formas y que el uso de perros contra indígenas aparece en distintas fuentes del periodo.
¿ERA UNA PRÁCTICA LEGAL?
Este punto es fundamental para comprender la historia.
Aunque el aperreamiento fue empleado durante las campañas de conquista y los primeros años del dominio español, el estudio de Perla Valle señala que no constituía una forma legal de ejecución dentro del orden jurídico castellano aplicado en las Indias.
En otras palabras, que algunos conquistadores o autoridades recurrieran a esta práctica no significa que estuviera reconocida como una pena legítima por la legislación de la Corona.
La distancia entre las normas y lo que sucedía en los territorios conquistados es una de las cuestiones centrales para estudiar los abusos coloniales.
Con el paso del tiempo, las disposiciones de la monarquía española buscaron regular el trato hacia la población indígena, aunque la promulgación de leyes no significó que la violencia y la explotación desaparecieran de inmediato.
EL VERDADERO SIGNIFICADO HISTÓRICO DEL APERREAMIENTO
El aperreamiento representa mucho más que un episodio de crueldad aislado. Nos obliga a reflexionar sobre la relación entre la conquista militar, el poder político y el sometimiento de las poblaciones originarias.
También nos recuerda que los indígenas no fueron simples espectadores de su propia historia. Resistieron, negociaron, formaron alianzas, defendieron sus comunidades y conservaron testimonios de lo que vivieron.
Los códices y manuscritos coloniales son esenciales porque permiten recuperar perspectivas que durante mucho tiempo quedaron relegadas en los relatos tradicionales de la conquista.
La historia no debe ocultar la violencia, pero tampoco necesita exagerarla para que resulte conmovedora. Los documentos conservados son suficientes para comprender la gravedad de estos acontecimientos.
RECORDAR PARA COMPRENDER
Hablar del aperreamiento no significa juzgar a todas las personas de una época como si hubieran actuado de la misma manera. Significa estudiar los hechos, reconocer a las víctimas y comprender las consecuencias humanas de la conquista y la colonización.
La historia de México no se construyó únicamente con victorias militares, grandes personajes y cambios de gobierno. También quedó marcada por el sufrimiento de comunidades enteras, por la resistencia de quienes defendieron su mundo y por los testimonios que sobrevivieron al paso de los siglos.
Porque una nación que conoce su historia no necesita borrar sus páginas más difíciles: necesita estudiarlas, comprenderlas y conservar su memoria.
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FUENTES (Para ampliar y profundizar el tema):
–Perla Valle, Manuscrito del Aperreamiento. Suplicio ejecutado por medio de perros de presa contra los caciques cholultecas, revista Dimensión Antropológica, INAH.
–Carlos Alfredo Carrillo Rodríguez, Manuscrito del Aperreamiento, revista Arqueología Mexicana.
–Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, proyecto Tlachia, estudio del Manuscrito del Aperreamiento.