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ENTRE EL INSTANTE Y EL TIEMPO CONSUMADO.
La primera vez que leí los contenidos de Fidelgando (**) artículos, análisis, relatos y poemas, entre otros. Descubrí a un escritor intuitivo -unas veces- acucioso y reflexivo, -otras- visceral y rebelde.
Sus textos (publicados desde hace 25 años en virtual e impreso) atraen y sorprenden al unificar critica, rigor, imaginación y metáfora. Un aleteo literario y social que observa meticuloso, la piel y sal de un camino que hacemos y nos hace.
Observo entre la multitud, calle peatonal Madero del Centro Histórico (CDMX), los pasos de Fidelgando asemejan a las de un extranjero que transita dos países simultáneos. Un doble forastero bien avenido en una “otredad” chilanga y que camina todos los días por senderos de convergencia esencial (pensamiento crítico, inclusión y construcción ciudadana).
Sentimientos y sensaciones expresadas en pinceladas de mensajes breves, algunas veces haciendo guiños a la nostalgia y fugacidad de la vida. Otras, exhibiendo una dialéctica entre la eternidad y el instante.
Al recorrer sus escritos, -a la vez- encuentro versos ciertos, válidos e inevitables de claridad furiosa y provocadores silencios. Así es Fidel Carlos Flores quien, al continuar a ras de tierra, nos va dejando (por encima de su recato y bajo perfil) significativas huellas de congruencia y tiempo consumado. En hora buena.
Ciudad de México, invierno de 2022.
Chilango (a). Significa capitalino (a). Coloquialmente -así- se nombra al nacido (o residente) en la Ciudad de México.
(**) Fidelgando. Seudónimo literario de Fidel Carlos Flores C. (periodista por la Escuela de Periodismo Carlos Septién y economista por la Universidad Autónoma Metropolitana)
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“HABITANDO ATMÓSFERAS Y PARAÍSOS CLAUSURADOS”
CDMX 20/04/22. Habíamos acordado 5 y 30 de la tarde cerca del Hotel Le Meridien, en un pequeño Starbucks. Curiosamente al atravesar -a prisa- la explanada del monumento a la Revolución, encontré una buena cantidad de jóvenes sentados y fumando en grupos de 4 o 5 personas.
Inusual para un miércoles laboral, pero nada extraño para esta histórica e intensa Ciudad de México (Ombligo de la Luna, en náhuatl) y tres veces centro de poder.
Fidel Carlos Flores (fidelgando), llegó 5 minutos después, lo vi venir por Avenida Reforma sonriente, empático, con chaleco negro, botas cafés desgastadas y una vieja mochila verde (donde carga todo y que –según refiere- su madre Enriqueta se la hizo con propias manos).
-Hola cuate, ¿te fijaste esa humareda “arranca sonrisas” su olor se disipa en toda la zona? Resulta que hoy es el día internacional de la marihuana y estos compas, pos ya andan festejando..je,je. Cosas de chilangolandia.
¿Cómo estas, todo bien? (saluda y toma asiento) Aquí el tiempo vuela así que voy por un café y empezamos, sale?.
Sus textos se alejan –a veces- de la obligatoria versificación de facilidades rítmicas, de formas y recursos tradicionales de la poesía. Encara y usa el significado de palabras y matices sin abdicar la búsqueda de mensajes profundos, auténticos y vivenciales.
Son contenidos (cuentos cortos, micro relatos y crónicas poetizadas) que reflejan una aguda observación de lo cotidiano, lo social, lo trascendente. La mayoría de sus textos fueron publicados en el océano virtual (Racimos de Nostalgia I y II).
Voz sencilla de mirada limpia, sin pretensiones, incluyente y a ras de tierra, rinde homenaje a la nostalgia, la querencia, los recuerdos, la utopía, los fracasos, la estampa de su niñez y el lugar donde vive desde hace más de cuarenta años.
¿En qué momento te encuentras Fidel?
En el conflicto de la madurez, la comprensión de la finitud humana y la observación nítida de un contexto político/social que vivimos. A la par de sucesivas crisis (pandémicas y económicas) y claro, como la mitad de la población, con la eterna limitación de recursos a cuestas, a pesar del trabajo y aporte. Pero en fin…
¿Recuerdas qué libro impacto tu adolescencia?
En mi niñez revistas y crónicas argentinas, ya en esta metrópoli en los ochenta, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, descubrí sus libros, “su diarismo mágico” o “reportajes novelados” como él llamaba a sus obras (El Otoño del patriarca, Crónica de una muerte anunciada, Crónicas y reportajes, entre otros). Luego a todos los clásicos, hay una edad en que se absorbe de todo –rememora-.
¿Cuéntanos tu proceso creativo?
Escribo instintivamente, como necesidad, así despeno el alma. A veces es lo único que me permite explicar la realidad como yo la concibo, sé que la realidad es contradictoria, y no hay verdades absolutas. Para mí es catarsis, fluyen frases espontáneas y si no las anoto, me olvido. En todos mis textos hay un poco de mí, es como una vivencia transfigurada.
Recuerdo que una ocasión me dijo un crítico al leer “textos primarios” que eran de un adolescente trasnochado –me causó risa- porque antes al leer los suyos había observado mensajes forzados y fingidos. Aunque claro la opinión siempre es subjetiva, pero el sentido común no.
Con el tiempo llegas a una edad donde en mayor grado te preocupas de ser leal contigo mismo, con tus ideales, con la profundidad de tus frases y la autenticidad de lo que dicen. Por cierto, descubrí en textos de canciones de mi autoría de hace 40 años, que aún con letras simples la autenticidad proyecta sentimientos (Ejm. Pelota de trapo, Negados y Patria Grande).
¿Hablemos de poesía, micro relatos o fidelgandos -como le llamas-?
La poesía es tradición y expresión, como toda la literatura es suma de voces y estilos. Obviamente para escribir antes debes leer y leer. De esa combinación, más vivencias, más sensibilidad, más propia percepción del mundo surge lo que escribes.
Mis textos son introspectivos, creo habitan recónditos espacios de paraísos clausurados. Sin embargo, me sigue costando decir que escribo poesía.
¿Algunos escritores o artistas que sugieras seguir a nuestros lectores?
Son varios mexicanos y universales, pero esta ocasión voy a enfatizar en cuatro amigos personales (dos escritores y dos cantautores. Todos de Bolivia).
Rodrigo Urquiola es un joven escritor de La Paz/Bolivia que con seguridad su obra alcanzará mayores niveles virtuosos, además de sólida presencia en el mundo. Tuve la fortuna de conocerlo y que me obsequiara trabajos suyos. Me llevé grata sorpresa por sus historias y el manejo de su narrativa impecable, honesta y auténtica. Da envidia de la buena. En otros géneros Rodrigo escribe opinión o describe sin poses, contundentes verdades y circunstancias propias; sus historias ya consiguieron varios premios internacionales en América y Europa. Enhorabuena.
Walter Carreón Villarroel, para mi gusto es un talentoso y brillante escritor, el mejor de su generación, nacido en Yacuiba (Gran Chaco) un pueblo fronterizo ubicado al sureste del corazón de Suramérica.
Es cronista nato, recreador de atmósferas, observador acucioso de contextos, pulcro, sensible y perfeccionista. Aunque –lamentablemente- no reconocido en su total dimensión, Walter conserva una memoria privilegiada de expresión fluyente, claridad y buen ritmo narrativo. Lo descubrí hace más de una década en libros que me enviaron: La Chiguana, Pequeñas historias singulares, Breverías, De Loros, Yacuiba de mi memoria, entre otros. De él dijo Emilio Martínez (escritor uruguayo) que “Habita en el océano Chaco, un mar de tierra del Sur, sin embargo su obra es una literatura que no se agota en lo telúrico, sino que aspira a lo universal”. Recomendable.
Milton Cortez (Actor y cantautor), de múltiples facetas artísticas, actor, cantautor y también en mi opinión poeta. Es el artista más completo e internacional de Bolivia, con presencia mediática en cine, televisión, series, multimedia y plataformas virtuales. Además de constantes giras y actuaciones en directo, donde demuestra su talento en el canto, la composición e interpretación. A pesar de todo el éxito, Milton continúa siendo una persona sensible, solidaria y agradecida. Vale la pena seguirlo.
Jorge “Yalo” Cuellar (Cantautor). Lo avala, su indiscutible calidad artística y recorrido de cuatro décadas en escenarios. Con seguridad, en la historia de la música chaqueña se marcará un antes y después de su arte. Eximio cantautor que creció -aún más- con los años depurando sonidos y letras del folclore regional, fusionando tradicionales ritmos con otros géneros y artistas.
Yalo compositor de más de 150 temas, es también ávido lector de literatura, poesía y otras expresiones artísticas. En sus palabras, se sigue considerando un contador de historias que gusta “cantar contando o contar cantando”. También recomendable, así que tómenlo en cuenta amigos. Concluye.
Así termina una agradable entrevista, “Voy a pie hasta el metro, está como a media hora” -me dice-, pero ¿Por qué no tomas el Bus? -respondo-
“Es que me acostumbré a caminar, quizá porque es bueno también leer a la ciudad con los pies, no? ” Lo observo alejarse cansino entre la multitud y la noche plena en Reforma.
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UN PERIODISTA A RAS DE TIERRA.
Después de varios años volví a entrevistar al periodista Fidel Carlos Flores, en el centenario café La Blanca del centro histórico de Ciudad de México coincidimos en una tarde lluviosa de julio, a propósito de un espectáculo de luces y sonido (pirámide de Kukulcán y Felipe Carrillo Puerto) en el Zócalo.
Flores, conserva su ímpetu, sensibilidad y congruencia se acostumbró a caminar entre la muchedumbre capitalina con botas gastadas, enchalecado y al hombro una vieja bolsa de tela (que según cuenta costuró su madre, antes de fallecer) allí carga recuerdos, nostalgias, golpes de vida, disecciones de realidad, un libro (Mexicanidad y esquizofrenia de Agustín Basave) y una pequeña cámara Canon donde registra sus entrevistas en las distintas coberturas de prensa que realiza.
La primera ocasión que escribí sobre él, narré cómo lo conocí en los años noventa del siglo pasado, Fidel era una rara reunión de razonamiento, imaginación y rebeldía, nuestras platicas solían converger, en temas de lo que vivíamos en ese momento (la intensa coyuntura política, social y económica), sus antecedentes históricos, presente y prospectiva, -claro- aderezado de incipientes vuelos literarios.
Sin darnos cuenta, estábamos construyendo nuestras utopías, convicciones y entendiendo aún más el entorno social, o como decía Jacques Derrida, también deconstruyendo la realidad («Hay que olvidar la lógica maniquea de verdad y mentira, y centrarlos en la intencionalidad de quienes mienten». Una de las tantas frases del filósofo).
Pasaron más de 3 décadas y aquí estamos, frente a frente en una tertulia-entrevista conociendo un poco más del origen, esencia y huellas de Fidelgando (seudónimo literario que utiliza Fidel en sus textos)
-¿Qué recuerdas de tu niñez?
–Creo, fui precoz, un niño con alma vieja -dirían- solía tener amigos mayores, que a su vez eran amigos generacionales de mi padre, los escuchaba, observaba y platicaba con ellos, la mayoría era condescendiente conmigo, les resultaba curiosa mi actitud. Me recuerdo feliz, a pesar de limitaciones disfruté la enseñanza y protección de mis padres. Entre 8 hermanos, fui el del medio y eso de alguna manera me favoreció. Fui observador, preguntón y hasta fisgón, leía periódicos, revistas e historietas argentinas que alimentaban mi imaginación. A los 10 años conocí Salta y después otras regiones del norte argentino. Emigré a los 17 años de Yacuiba (Gran Chaco), población fronteriza ubicada entre Bolivia, Argentina y Paraguay y poco después al norte continental.
-¿Qué opinas de 2024?
–En este primer cuarto del siglo XXI, donde predomina la inmediatez, la fugacidad, la vacuidad y la estulticia viralizada. Considero que el periodismo narrativo frente a la Inteligencia Artificial y sus adláteres, tiene un aliado clave en la crónica. Allí un periodista con rigor y talento narrativo puede contar buenas historias.
El género crónica (que algunos llaman periodismo de autor) es el único, distinto y fuerte ante la abrumadora virtualidad de la tecnología que -en general- banalizaron contenidos y medios.
Y ya que estamos hablando de periodismo, sociedad y dinámicas políticas, le suelto a bote pronto:
-El continente -en general- vive tiempos de polarización, discursos extremos y aparición de políticos radicales y violentos. ¿Con qué ideología te identificas?
–Todos los periodistas, como cualquier ciudadano tenemos una posición ideológica o deberíamos tenerla (incluido la preferencia electoral) y eso es bueno y normal en democracia. En lo personal desde adolescente y por circunstancias fortuitas, viví de cerca una huelga de hambre, marchas, injusticias, represión y luego un golpe militar que -literalmente- cambió mi vida. Creo que esos contextos influyeron en mi acercamiento y simpatía hacia una izquierda rebelde y solidaria. Posteriormente en la universidad y con lecturas académicas se reafirmó mi identificación con tal ideología, aunque debo aclarar que nunca participé de ningún grupo, ni partido político.
Creo que nuestro oficio, además de informar, debe generar transformación, reflexión, pensamiento crítico, etc. Nunca se debe ocultar el apego y simpatía por los más desprotegidos del sistema, se debe exhibir la corrupción, la connivencia y los abusos del poder (poderes fácticos). Es más, el periodismo debe visibilizar todas las anomias sociales alejándose del doble discurso, complicidad y cercanía con el poder.
-En las últimas 3 décadas el periodismo se fue transformando ¿Qué opinas de eso?
–Como todas las personas y cosas en el país, todo cambia, dice la canción -sonríe, achinando aún más sus ojos, y continúa- Los años no pasan en vano y estamos atravesando momentos atípicos. En nuestra actividad uno nunca deja de aprender, hay premisas básicas (rigor, contexto y contraste de fuentes) pero en estos años de desenfreno virtual y hedonismo procaz hay que tener más respeto por la audiencia y por el oficio, ser auténticos, pues.
-Nuestra cotidianidad, con la popularización del internet, la inteligencia artificial y la manipulación virtual sin límites, se reconfiguró. ¿Qué lectura haces de eso?
–Hace unas semanas escribí un artículo titulado “En sentido estricto la objetividad, no existe” donde abordo el tema y recordé la frase del maestro Miguel Ángel Granados Chapa “En conclusión debemos apegarnos a los hechos, cuando su veracidad y relevancia es sólida, ésta naturalmente se impone, y además nuestra credibilidad depende de ello”.
Y los últimos años, no solo vivimos la pandemia del COVID, sino otra mucho más fuerte la epidemia de la posverdad, la cual tiene como constante el menosprecio de la evidencia, los hechos y los elementos objetivos del contexto. Conclusión: Todo el mundo se cree dueño de la verdad, verdadera y absoluta (sic).
En nuestro oficio, no escribimos para quedar bien con todo el mundo, es natural en democracia que nuestro trabajo y artículos de opinión gusten a unos y a otros no. Es más, en una sociedad diversa y plural, es vital. En periodismo si te consideras de derecha, izquierda u otro, debes decirlo y asumirlo -dicha acción, es honesta y válida- Por otro lado, todos los sectores tienen intereses, y estos a veces chocan. De hecho, los medios tienen una línea editorial definida. En el caso nuestro lo fundamental es decir la verdad periodística, argumentada y respaldada con solidez, sin manipular, ocultar, ni camuflar información, cuando uno se dedica a esto sin lugar a dudas, se afectan intereses y estos reaccionaran -de alguna manera-
Sin darnos cuenta, pasaron 3 horas y calmó la lluvia, “Gracias a Dios es viernes” diría la canción y la dinámica chilanga es febril en el centro histórico. Al despedirnos veo alejarse a Fidel Carlos como siempre a ras de tierra, a pasos cansinos con su bolsa verde al hombro, entre la multitud va rumbo al metro Allende, y en ese instante escucho de fondo “Primera, llamada primera…” pronto el espectáculo de Kukulcán en la explanada del Zócalo.
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(*) Periodista y Abogado