Artículos de Opinión

EL DÍA DE LA PRESIDENTA YA NO ES EL DÍA DE LA PRESIDENTA. Por Ignacio García (*)

Por Fidel Flores septiembre 3, 2026

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El tradicional informe de gobierno que presenta la persona titular del Poder Ejecutivo federal ha dejado de ser el día del presidente. Desde que comenzó la transición política en el inicio del actual sexenio, el informe presidencial dejó de ser un espacio exclusivo para destacar la gestión del mandatario en turno, pero con la llamada “cuarta transformación”, perdió cualquier tipo de interés al existir otros actos que emulan el informe como las conferencias de prensa mañaneras.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha continuado con el modelo de comunicación política de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, al protagonizar diariamente una conferencia de prensa mañanera en Palacio Nacional, en donde aborda diferentes temas, generando una desafección al informe presidencial.
La mandataria federal ha encabezado informes similares como los que organizó en “defensa de la soberanía” ante las amenazas arancelarias del gobierno de Estados Unidos, Donald Trump, y después cuando cumplió un aniversario más de haber sido electa presidenta, en referencia a los múltiples informes que encabezaba López Obrador.
Aunque Sheinbaum ha mantenido un tono más mesurado que su predecesor, ha replicado un modelo de comunicación política, en el cual el informe presidencial pierde todo tipo de interés para la ciudadanía, pues los mensajes siguen siendo los mismos que ha dicho diariamente en sus conferencias de prensa mañaneras.
López Obrador explotó en demasía el modelo de los informes, pues organizaba informes casi por cualquier cosa, sin ningún tipo de cambio real uno entre otro, que sólo significaba un ejercicio en el cual se sentía completamente activo y cercano con la base social que lo llevó al poder.
Los autoelogios que históricamente han caracterizado los informes de gobierno de los presidentes tampoco generaban interés para la ciudadanía en general. Sólo resulta llamativo para los periodistas, académicos, activistas y algunos estudiantes, pero el grueso de la población está más preocupado por otras situaciones de la vida social.
El día en el que México es el primer mundo
Cada 1 de septiembre el presidente en turno—hoy presidenta—pregonan una serie de cambios sociales, políticos, culturales y económicos que transforman la vida del país. El mandatario en turno realza su gestión en la cual emula que México está más cercano al primer mundo con un sistema de salud envidiable, un nivel de incidencia ilícito casi ridículo, bienestar económico y social que replica al modelo de los países nórdicos.
En la vieja época del régimen súper presidencialista del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el 1 de septiembre era el día del presidente. Las televisoras, las estaciones radiofónicas y los periódicos se volcaban en torno al mandatario federal, y priorizaban la transmisión en vivo del informe que tenía una duración superior a las cinco horas, en algunos casos.
El presidente recibía vítores y aplausos desmedidos de todas las bancadas que “encarnaban a las fuerzas vivas de la Revolución”, donde los integrantes del gabinete presidencial acompañaban a su jefe, y los legisladores federales trataban de aparecer en la fotografía para ser favorecidos por el inquilino de Los Pinos.

Los medios destinaban ese día a cubrir completamente el informe presidencial y no se hablaba de otros aspectos que no fuesen los mensajes del presidente, mientras que los principales presidenciables aspiraban a ser considerados en un mensaje por el mandatario.
La primera discrepancia ocurrió después de las elecciones federales de 1988, después de la “caída del sistema”, cuando Miguel de la Madrid rindió su último informe presidencial y que señalado de haber orquestado el fraude electoral por parte de sus antiguos compañeros de partido como Porfirio Muñoz Ledo.
Con el inicio de la transición política y la mayor apertura partidista el escenario para el presidente fue cada vez más adverso hasta que Vicente Fox no pudo rendir su sexto informe de gobierno en el Congreso de la Unión, ante las protestas de los legisladores federales del Partido de la Revolución Democrática (PRD) por las acusaciones de fraude electoral tras los comicios federales de 2006.
Desde ese momento, el presidente de la República dejó de acudir a San Lázaro y organizar los informes de gobierno en escenarios controlados y priorizando la narrativa televisiva como lo efectuó Felipe Calderón, quien optó por celebrar un informe distintos en otros espacios con personas cercanas, situación que emuló y amplió Enrique Peña Nieto.
El último priista en la presidencia incluso organizó informes de gobierno en los cuales invitaba a periodistas a modo que en lugar de criticarlo le formulaban preguntas pactadas para simular un proceso de rendición de cuentas.
Pero López Obrador decidió reanudar los viejos ejercicios presidenciales del PRI y desarrollar espectáculos en los cuales quería demostrar que era el presidente más poderoso del presente siglo y que recordaba a los viejos presidentes demagogos que ostentaban la concentración del poder.
Las viejas formas, los nuevos modos
Sheinbaum ha señalado que su política de austeridad es una realidad. A diferencia de sus antecesores optó por un informe corto, poco elaborado, en el cual mantiene la línea de los principios del movimiento que los hijos de su fundador no respetan como vivir en la justa medianía, mientras que la descendencia de López Obrador come como verdaderos reyes.
Como sucedía en el pasado, Sheinbaum recordó a su antecesor, pero esta vez con una serie de referencias positivas hacia López Obrador, en las cuales enfatizó una herencia de cambios que supuestamente ha mantenido con diversos programas sociales, con una popularidad por encima de la que tuvo su antecesor en el mismo periodo de su respectivo sexenio.
Sheinbaum trató de minimizar los efectos de las obras fallidas de López Obrador como la refinería Dos Bocas, que ha sido uno de los centros de refinación obsoletos que no sirve para garantizar la llamada soberanía energética, mientras que también resaltó el tren Maya, así como el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), como una señal de lealtad.

Pese a la defensa de Sheinbaum a López Obrador, a diferencia de sus discursos anteriores no hubo mensajes consecuentes a su antecesor, los viejos cariños desaparecieron en el último informe presidencial, que rememoran los informes del líder de la Unión Soviética después de la muerte de Stalin, donde se omitía al antecesor, pero existían una serie de señalamientos que serían interpretados.
No obstante, a diferencia de años anteriores, el informe fue muy breve, incluso de menor duración que las conferencias de prensa mañaneras, que se han configurado como espacios de más de 90 minutos de duración, aunque esto es menor que lo que representaban las conferencias de prensa mañaneras de López Obrador de hasta 180 minutos.
Los viejos informes resultan piezas del museo, pero en la administración de Sheinbaum deben priorizar un nuevo esquema más dinámica y fluido, principalmente ante las conferencias de prensa mañaneras que han causado una caída significativa del interés real en el consumo de este tipo de información y en la entereza de la población.
Así, el segundo informe resultó un ejercicio que dejó de tener peso específico en la discusión pública, pero abrió el telón para el inicio de la temporada de los informes de gobernadores y alcaldes en el país durante el mes de septiembre que se convierte en una mensualidad desgastante por la cantidad de autoelogios que realizan los gobernantes, derrochando recursos públicos de forma innecesaria para recibir aplausos de sus amigos que han favorecido con contratos o de quienes aspiran a sucederlos en los cargos, o de quienes simplemente desean seguir viviendo del erario.
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() Periodista y Politólogo

Fidel Flores

Acerca de Fidel Flores

Periodista y colaborador en Interés Público.

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