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Santa Cruz (22/08/26). Si el filósofo George Santayana tenía razón al advertir que “aquellos que olvidan el pasado están condenados a repetirlo”, el Gobierno de Rodrigo Paz parece empeñado en escribir una tragicomedia donde el pasado no se olvida, sino que se lo empeora.
El escándalo de Fernando Cerimedo —el asesor argentino que pasó de ser el “gurú digital” de la campaña presidencial a convertirse en el villano de un culebrón con disparos, cajones de dólares y periodistas mudos— ha alcanzado su clímax este viernes, cuando un juez lo envió al penal de Palmasola por 180 días de prisión preventiva.
El otrora todopoderoso operador, que diseñó la campaña que llevó a Paz al poder, ahora comparte espacio con unos 6 mil reclusos en la cárcel más peligrosa de Bolivia, un “pueblo prisión” donde los delincuentes hacen un “posgrado” en violencia. El poder en Bolivia se administra como una tienda de remates: todo se vende, todo se negocia y el único valor que no cotiza es la dignidad.
Mientras Paz Pereira jura que su Gobierno es distinto, la realidad se encarga de demostrar que su círculo íntimo convirtió la Casa Grande del Pueblo en una sucursal del oportunismo, donde la lealtad se mide en billetes y la verdad es un lujo que pocos pueden costear. Cerimedo, quien intentó huir a Buenos Aires el martes y fue detenido en el aeropuerto Viru Viru, protagonizó una escena digna de un melodrama: ante el juez Wilson Espada, negó ser el autor del atentado contra Nadia Beller, se quebró, lloró y recordó a sus hijos mientras afirmaba que era “incapaz de atentar contra una mujer embarazada”.
Pero las lágrimas no conmovieron al tribunal: la Fiscalía presentó mensajes extraídos de su teléfono donde, según la acusación, el propio Cerimedo escribió: “Nadia ha llegado muy lejos (…) yo creo que hay que buscar la forma de eliminarla”. El juez rechazó todos los incidentes de la defensa y dictó la preventiva en el “pabellón de máxima seguridad” de Palmasola, una decisión que su defensa ya anunció que apelará.
El testimonio de Nadia Beller, que sobrevivió a tres disparos para contarlo y participó de la audiencia de manera virtual desde su cama de hospital, ha sido el destape de una olla podrida que apesta a cooptación mediática y complicidad periodística. La denunciante no solo puso en evidencia la violencia machista de Cerimedo, sino que desnudó el modus operandi de su socia Ximena Galarza: una red de sobornos a periodistas influyentes a cambio de publicidad estatal y dinero contante y sonante.
Como escribió el poeta Antonio Machado: “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”, pero en esta historia, todo parece ir al bolsillo de los operadores políticos. El caso más singular es el del comunicador Jhon Arandia, quien admitió tener fotografías de las agresiones de Cerimedo y de cajones repletos de dólares, pero optó por el silencio porque, según su lógica, “la noticia no era lo primero”. Pobre Maquiavelo: el Príncipe moderno no necesita alianzas, solo necesita periodistas que guarden los ojos cerrados y las manos abiertas.
El informe del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de Estados Unidos (CSIS en sus siglas en inglés) ya había puesto el dedo en la llaga en junio al señalar a Cerimedo como el “hombre fuerte” detrás del presidente, pero nadie imaginó que el argentino operaba como un auténtico padrino mediático, repartiendo contratos de publicidad a los medios dóciles y amenazas virtuales a los díscolos.
Beller reveló que el equipo de Cerimedo utiliza “bots, funcionarios de Gobierno comentando en páginas” y “influencers para generar desprestigio”, una estrategia que bien podría haber salido de la pluma de George Orwell, pero con la salvedad de que aquí el Gran Hermano no vigila, sino que soborna. Mientras tanto, el presidente Paz Pereira, que juró combatir la corrupción, permanece mudo, como si el escándalo no fuera con él —o como si, en su fuero interno, aplicara la máxima de Voltaire: “Quien se convierte en cómplice de un opresor es tan culpable como él”.
El principio del fin del Gobierno de Paz está escrito con tinta de escándalos y fotos de fajos de billetes que Arandia no publicó, pero que hoy circulan como un dardo envenenado. La ironía final es que Cerimedo, quien diseñó la campaña digital que llevó al presidente al poder, ahora empieza a purgar su condena en una prisión que es un reflejo de la desigualdad que su jefe prometió combatir: dentro de Palmasola, los presos con dinero pagan celdas de lujo con frigobar y televisores, mientras los demás duermen a la intemperie.
Como sentenció el filósofo griego Epicteto: “No son las cosas las que nos perturban, sino la opinión que tenemos de ellas”, y la opinión de Bolivia sobre este Gobierno es ya unánime: es el circo del desgobierno, donde los operadores son payasos con chequera y los periodistas, espectadores que aplauden a cambio de un puesto en la función. Si el presidente no explica su complicidad con esta red de compra de conciencias, su final será tan previsible como el de una novela de García Márquez: un coronel que no tiene quien le escriba, pero que sí tiene quien le cobre el favor. Así baila el poder en La Paz: al son de los dólares, mientras el país mira, entre incrédulo y hastiado, el último acto de esta farsa presidencial se acerca.
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(*) Red Pais Bolivia
Fuente original, contenido extraido de: https://www.facebook.com/RedPais/posts/el-último-tango-de-cerimedo-cuando-el-poder-baila-al-compás-de-los-billetes-y-lo/1666048795522690/