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Recuerdo cómo Sayak Valencia filósofa transfeminista en Capitalismo Gore, analiza la narcocultura no solamente como un fenómeno económico ligado al narcotráfico, sino también como una construcción cultural, una estética, una forma de consumo y un imaginario social que produce aspiraciones, símbolos y formas de reconocimiento.
La música, la vestimenta, los cuerpos, el lujo, las armas y la ostentación funcionan así como lenguajes de poder. La violencia deja de aparecer únicamente como crimen y comienza a adquirir una suerte de legitimidad social y simbólica, especialmente cuando es estetizada, espectacularizada y convertida en mercancía.
Y ahí los medios de comunicación tienen un papel fundamental, no solo informan sobre la violencia, también pueden contribuir a producir sus imaginarios, amplificarlos y convertirlos en espectáculo y consumo. Eso es justamente lo que estamos viendo hoy en Bolivia con el caso de Tatiana Marset y una justicia que parece funcionar entre el espectáculo, el poder y la impunidad, adjunto la fotografía de camarógrafos y presentadores junto a Tatiana Marset.
Cierro con esta cita “La política snuff es esa política que mata en vivo y que además anestesia la percepción de los espectadores para que no se pronuncien críticamente al respecto.” Sayak Valencia.
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(*) Lic. Trabajo Social (Colectivo Rebeldía/Santa Cruz, Bolivia)