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Federico Döring montó frente a las cámaras una diatriba tramposa contra Andrés Manuel López Beltrán en la que exhibió papeles, levantó la voz y dictó sentencia, todo con mucho teatro, pero sin presentar una sola prueba.
Comencemos por lo único que si es verdad: el PAN presentó una denuncia ante la FGR el 27 de agosto de 2025 y una ampliación el 23 de septiembre, pero eso acredita exclusivamente que Döring y Marcelo Torres entregaron escritos donde acusaron a diversas personas, porque un acuse no demuestra que los hechos sean ciertos, que exista una imputación formal ni, mucho menos, que alguien sea culpable porque si presentar una denuncia probara el delito, bastaría denunciar a Döring por falsificación de documentos para declararlo falsificador, así de torpe es su lógica.
Pero la trampa más burda es cuando Döring manipula el oficio 812, enviado el 18 de agosto de 2022 por el entonces secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval, al titular del CNI, Audomaro Martínez, porque Döring afirma que ese documento responsabiliza a Juan Carlos Madero Larios de “todo el huachicol fiscal” y pretende convertirlo en prueba contra López Beltrán, pero el oficio habla de que Madero Larios “presuntamente” recibía recursos y estaba señalado por “probables” actos de corrupción relacionados con contrabando de hidrocarburos cuando trabajó en la Aduana de Progreso y eso no lo responsabiliza de todo el huachicol nacional y ni siquiera menciona a Andrés Manuel López Beltrán.
Pero Döring todavía se atreve a decir que Madero no fue cesado porque tenía un “acuerdo verbal” con el presidente López Obrador, cuando el documento dice exactamente lo contrario, que Madero debía ser cesado en cumplimiento de una instrucción presidencial comunicada desde el 25 de agosto de 2021, es decir que Döring no sólo tergiversó el oficio, sino que lo puso de cabeza para hacerlo declarar contra quien había ordenado el cese.
Y después aplica su peculiar concepto del derecho penal por parentesco y amistad, porque como Madero supuestamente fue amigo de López Beltrán, eso convierte automáticamente a éste en jefe del huachicol y luego menciona empresas de familiares de Audomaro Martínez y de Rodrigo Gutiérrez Müller para concluir que “toda la familia presidencial” participaba en el negocio, lo que también es una patraña porque sí existen empresas relacionadas con combustibles, pero constituir una sociedad mercantil cuyo objeto incluye hidrocarburos no demuestra contrabando, lavado ni delincuencia organizada porque Keter Energy, de Rodrigo Gutiérrez Müller, fue registrada en septiembre de 2025, después de haber concluido el gobierno de López Obrador y la revisión periodística basada en registros mercantiles no encontró contratos públicos de esas empresas, mientras Hacienda y la UIF informaron que no detectaron irregularidades.
Y, finalmente, Döring también falsea lo dicho por Claudia Sheinbaum, porque la presidenta no afirmó que López Beltrán no fuera investigado “porque no existe denuncia”, señaló que, conforme a la información proporcionada por la Fiscalía, no había investigación en su contra y que no se abriría una solamente porque Estados Unidos le retiró la visa.
La FGR debe informar si investigó o no la denuncia presentada, pero investigar no significa aceptar como prueba la propaganda del PAN.
Döring tomó un acuse elaborado por él mismo, un oficio que no menciona a López Beltrán, relaciones personales no acreditadas judicialmente y empresas legales sin irregularidades comprobadas, metió todo en la licuadora de la calumnia y sirvió como resultado una sentencia fabricada.
No presentó una investigación, presentó una emboscada narrativa y, cuando para acusar a alguien es necesario mutilar documentos, inventar frases, invertir instrucciones presidenciales y convertir amistades y parentescos en delitos, lo único que queda demostrado no es la culpabilidad del acusado, sino la profunda deshonestidad del acusador.
(*) Periodista (Sin Línea)
Fuente primaria en FB: https://www.facebook.com/erick1959/
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