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Fue una de las películas más graciosas de la década de los años ochenta y que nos hizo reír a mandíbula batiente. Se lanzó en 1980 la producción cinematográfica, en la que un hombre que tiene mucho miedo de volar, está al mando del avión donde viaja y tiene que hacerlo aterrizar. Los pilotos enfermaron.
Los demás tripulantes gritaban ¿dónde está el piloto? Cundió el pánico, pero no hubo tragedia, solo humor y más risas.
Claro tuvo un final feliz, como lo está teniendo uno de los escándalos más vergonzosos y comentados del siglo XXI en la Bolivia Plurinacional: las 32 maletas que viajaron sin ningún problema de Estados Unidos a Santa Cruz amparados por un pasaporte diplomático caducado y que en Viru Viru nadie vio, nadie sospechó, nadie vigiló, nadie alertó y las 32 maletas repletas de contenido aún no revelado siguieron viaje sin ningún obstáculo a parar a un galpón y luego desaparecieron por arte de magia y de brujerías o por el talento del ser humano.
La pregunta suena fuerte: ¿Dónde están las 32 maletas? Objetos visibles, rectángulos, pesadas que fueron transportadas a un lugar seguro. Que tienen dueños, claro que sí. Esas 32 maletas hoy en día a meses de su descubrimiento no aparecen ni en pedazos, ni en fotografías, pero han ido a buen resguardo de alguien o de muchos.
Ellos saben dónde están y su contenido intacto.
¿Dónde están las 32 maletas? Interrogante que interpela al sistema judicial: fiscales encargados de la investigación, que al parecer no han investigado casi nada que no tienen ninguna certeza de su paradero, de sus contenidos y de los verdaderos dueños. De la Policía, cuyos peritos poco han aportado al descubrimiento de la “verdad histórica de los hechos”, como suelen decir los abogados y los juzgadores.
Interpela a los jueces que en medio que cante un gallo otorgan libertad condicional o detención domiciliaria a los dos principales sospechosos de ser los dueños de las 32 maletas. Están los videos, las fotografías de un ex juez y una ex diputada en tupida charla, mientras las maletas son trasladadas por hombres robustos. ¿Qué más pruebas pueden pedir? Ellos se declaran inocentes y acusan que es una maniobra política.
Pero como la justicia es discriminadora y es selectiva otorga el beneficio de la detención domiciliaria a los que tienen relaciones de poder económico y político, como ambos personajes que estarán en sus casas, para defenderse desde allí y reencontrarse con sus maletitas. Divino tesoro.
El Fiscal general dice “somos respetuosos de las decisiones del juez”, aunque éstas estén plagadas de irregularidades y que la investigación continuará hasta encontrar resultados, responsables y sigue el show, mientras los principales acusados se darán modos para inspeccionar y vigilar si el contenido de las 32 maletas está intactas o si alguien se embolsilló algunos dólares.
Este hecho ha generado la mayor cantidad de comentarios, videos, fotografías, entrevistas, memes en las redes sociales a son de burlas, sospechas y superficialidades, sin aportar al fondo del asunto, que tiene que ver con la corrupción y la impunidad. Con los negocios ilícitos y la falta de controles de las instituciones del Estado y sus complicidades cuando se trata de ingentes cantidades de dinero.
Las 32 maletas viajeras es un soberano sopapo a la dignidad de este país y de sus habitantes, que estamos asqueados de los niveles de corrupción y de la injusticia que reina para casos donde fluyen, se manejan y danzan millones de dólares.
Un hecho más que pasará a los archivos judiciales y al olvido del poder y al malestar de la ciudadanía, que tiene en su libertad de expresión una manera de hacerse escuchar y de indignarse, más aun cuando ve rostros sonrientes y felices de la ex diputada y del ex juez gozando del fallo judicial, mientras en Palmasola hay más de 8.000 internos esperando sentencias o ser beneficiados con la detención domiciliaria, así como los dueños de las 32 maletas que guardaron detención entre 3 a 5 meses, como para decir que sí está haciendo justicia, que se librando una lucha frontal contra la corrupción, pero el show ya terminó.
Hemos asistido a una larga tragicomedia boliviana, una de tantas, que caerá el telón final sepultando la verdad histórica del destino, del uso, del contenido de esas 32 maletas, que no estaban repletas de ropa usada, perfumes, zapatos, trajes, medicinas.
¿Dónde están las 32 maletas? Es una pregunta que el periodismo de investigación debe apropiarse y hacer lo que no hizo ni la Policía, ni los fiscales, ni los jueces, ni el Ministerio de gobierno, porque la gente necesita respuestas claras, aunque eso conlleve riesgos y miedos.
Es un acto de valentía para el periodismo no solo quedarse en lo que digan las fuentes, ir más allá. Investigar y esclarecer.
Francisco Martínez de la Vega, periodista mexicano en 1966 nos dejó este mensaje: “Nuestro oficio no es fácil ni tranquilo. Hay un innegable estado de mala fama pública en el periodismo. Cuando el periodista ataca, se suele pensar que busca la paga; cuando aplaude, se dice que ya lo consiguió: y si ni aplaude ni censura, el agua tibia lo hará perderse en el anonimato… Pero es menester pensar que, en nuestro país, en trance de desarrollo, necesita de un periodismo capacitado en lo técnico y noble en su orientación. Ese periodismo que han de ejercer los jóvenes que nos reemplacen tendrá, además, la tarea de limpiar la estafeta que nuestra generación les entregue y devolver al oficio sus originales funciones al servicio de las mejores causas de la ciudad, del país, del mundo en que vivimos”.
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(*) Periodista y Lic. en Filosofía