Artículos de Opinión

TRUMP E INFANTINO, DOS CARAS DEL POPULISMO NEOLIBERAL. Por Ignacio García (*)

Por Fidel Flores julio 29, 2026

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Donald Trump y Gianni Infantino tienen más similitudes que las que ocultan. El presidente de Estados Unidos se ha convertido en el personaje más relevante la vida pública norteamericana en este siglo a través de un discurso populista neoliberal que ha convencido a propios y alejado a extraños, mientras que el dirigente de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) ha atraído la atención internacional por la forma en la que pretende apropiarse del deporte más popular del planeta.

El mandatario republicano es un “outsider”. En 1980 en una entrevista concedida a medios de comunicación el entonces empresario de 34 años de edad rechazó estar interesado en buscar la presidencia de Estados Unidos, aunque 35 años después se desdijo y decidió competir por la máxima magistratura del país más poderoso del mundo.
El polémico empresario había sido señalado como un personaje abyecto que se atrevía a decir lo que la sociedad, principalmente los sectores menos educados, pensaban sobre la vida pública. De esa forma, el empresario con un discurso misógino, racista, xenófobo, homofóbico y clasista se ganó el apoyo popular y ganó de forma imprevista las elecciones primarias del partido republicano.

En 2015 nadie pensaba que el empresario acusado de una serie de artimañas económicas para mantener su poderío financiero se convertiría en candidato presidencial y menos que sería el nuevo mandatario federal.
En su primera campaña presidencial Trump decidió convertirse en un personaje estridente con una narrativa basada en la nostalgia, en la que advertía que Estados Unidos había perdido su hegemonía mundial y él sería el único que podría retomar la grandeza de la nación.
A partir del eslogan “Make America Great Again” que se transformaría en el movimiento “MAGA”, Trump ganó el apoyo de las clases desprotegidas que habían sido abandonadas por el Estado desde la implementación del neoliberalismo, tan exaltado por Ronald Reagan.
Pero Trump no culpó a este modelo económico de las profundas desigualdades, falta de acceso a derechos básicos como la vivienda, la salud, la educación, el desarrollo social, la seguridad, sino que prácticamente todos los problemas se debían a los migrantes indocumentados que habían arrebatado todas las oportunidades laborales y de bienestar a la población caucásica.
Pese al reduccionismo del discurso de Trump, el empresario aludió a las emociones de los votantes, quienes se inclinaron por las promesas sencillas y simples que proponía el republicano, por encima del discurso más elaborado pero más somnífero que planteaba la candidata demócrata, Hillary Clinton.
Así, contra todo pronóstico, Trump se convirtió en presidente de Estados Unidos y cumplió la mayoría de sus promesas de campaña al romper los acuerdos comerciales que había signado la Unión Americana tanto en los gobiernos demócratas como republicanos.
El republicano ordenó restringir el paso de los migrantes e implementar una política persecutoria contra los residentes indocumentados, en tanto que se enfrascó en una incipiente guerra comercial con China, a la que acusó de cometer una serie de abusos comerciales para expandirse en el planeta.
Aunque no se pudo reelegir de forma inmediata, Trump fue el primer presidente que desconoció los resultados electorales y defendió el asalto al Capitolio en enero de 2021, por lo que ante la debilidad del gobierno de Joe Biden aprovechó para encarrilarse nuevamente para la presidencia.
A pesar de las acusaciones en su contra, Trump afirmó que se trataba de un perseguido político y por ello ganó nuevamente las elecciones presidenciales en 2024, para iniciar una etapa más colérica al frente de la Casa Blanca, iniciando una guerra innecesaria contra Irán, imponiendo aranceles a sus socios comerciales e invadiendo Venezuela para capturar a su dictador.
Así, el mundo aún debe lidiar con el mandato de Trump por más de dos años más, mientras que la inestabilidad de las relaciones internacionales depende de un personaje tan inestable emocionalmente que actúa como un bully que intenta amedrentar tanto a sus aliados como a sus adversarios.
Infantino, otro populista
El mismo año en el que Donald Trump compitió por primera vez por la presidencia de Estados Unidos, en Suiza arribó a la dirigencia de la FIFA un personaje que hasta ese momento era poco conocido mundialmente, Gianni Infantino.
Después del escándalo del llamado “FIFAgate” que estalló en 2015 y se evidenciaron los actos de corrupción para otorgar las sedes de los Mundiales a Rusia en 2018 y a Qatar en 2022, Joseph Blatter, que había encabezado el organismo internacional desde 1998 tuvo que renunciar.
La crisis de credibilidad de la FIFA obligaba a la elección de un nuevo mandamás. Infantino, que había sido colaborador cercano de Blatter, había asegurado que cambiaría la imagen del organismo rector del futbol ante la comunidad internacional.
No obstante, el mundo conocería que Infantino resultó la peor versión del populismo. Se comprometió a universalizar el futbol y para ello decidió contar con el favor de las federaciones de países que no tenían relevancia deportiva, pero cuyos votos tenían el mismo valor que el de las naciones más importantes.
Infantino se condujo como cualquier líder populista. Visitó los países en donde el futbol es escasamente significativo, pero que le ganó adeptos al ser el primer presidente de la FIFA que visitaba los lugares más recónditos del planeta.
Rápidamente Infantino amalgamó una estructura que le permitió tener el control de la FIFA de forma unilateral y enfrentándose con la Unión de Federaciones Europeas (UEFA, por sus siglas en inglés), que cuestionó la manera en la que la FIFA decidió explotar más tanto a las selecciones nacionales como a los jugadores.
El nuevo jerarca de la FIFA fue uno de los principales aplaudidores al régimen de Vladimir Putin, pese a que en el Mundial de 2018 hubo periodistas capturados por criticar al gobierno ruso, además de ignorar los señalamientos de violaciones a derechos humanos que se habían cometido contra las minorías.

Pero esta situación se replicó en 2022 con los jeques qataríes, a quienes dio todas las concesiones posibles, sin importar que hubo muertos en la construcción de los estadios, cambiando por primera vez desde su creación la organización del Mundial que se realizaba en verano para efectuarlo en invierno.
También decidió organizar mundiales con la participación de más países, a pesar de que esto había causado estragos para la FIFA en el Mundial de Corea-Japón en 2022, pero que serviría como pretexto para ganarse más apoyos y entregar la nueva sede de la Copa del Mundo a Estados Unidos, luego de las investigaciones del Buró Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés) en contra de Blatter.
Pero la organización del Mundial de 2026 también incluiría por primera vez 48 selecciones, es decir, aumentaría 16 combinados nacionales con respecto a 2022, lo que le causó más apoyos sociales que inmediatamente validaron la administración de Infantino, al tiempo que ha planteado volver a incrementarlo para 2030 a 64 selecciones.

Antes del Mundial, Infantino le entregó un “Premio de la Paz” a Trump, por su labor como promotor de la violencia, situación que resulta una absoluta contradicción, dado que ha sido el presidente más beligerante en los últimos años, y que provocó comparaciones entre ambos personajes que buscan en todo momento ganar la atención mediática.
Infantino ha cambiado las reglas y tradiciones del futbol al incluir en la última edición del Mundial las pausas de hidratación que emularon los partidos del futbol americano, mientras que en la final del certamen duró más de los 15 minutos reglamentarios para organizar un espectáculo musical de medio tiempo como ocurre en el Súper Bowl de la NFL.

Y por si esto no fuera poco, ahora pretende privatizar el Mundial al vender acciones del evento deportivo por más de 20 mil millones de dólares, lo que ha causado enojo tanto entre la UEFA como entre diferentes entrenadores, exfutbolistas y periodistas que han cuestionado estas intenciones, aunado a que entre los principales interesados se encontrarían colaboradores de Trump que se apoderarían de un evento de un deporte que ni siquiera les gusta pero que representa ganancias millonarias irrenunciables.
Así, el mundo debe lidiar tanto con Trump en los siguientes años y con Infantino sin fecha de caducidad, pues tendrá nuevamente asegurada la reelección al integrar a las pequeñas selecciones a una nueva edición del Mundial.
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(*)
Periodista y Politólogo

Fidel Flores

Acerca de Fidel Flores

Periodista y colaborador en Interés Público.

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