
–Pasado el primer cuarto del siglo 21 la adicción digital y la popularización de la Inteligencia Artificial (IA) representa un neo feudalismo extremo, oscuro y violento.
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¿Cómo lograr una regulación con límites que favorezcan a las audiencias?
Es un tema añejo, que no creo funcione, al menos en la manera tradicional como entendemos los nuevos tiempos y cómo ingresamos a la intensa avalancha tecnológica (océano virtual) que rebasó prevención y controles mínimos. Estamos -pues- ante un alud que progresivamente logró “domesticar conciencias” a través de una exponencial adicción (vía reels, scroll, fragmentos y sesgos) entre otros.
Antes de continuar, precisemos algunos términos, “scroll” es la acción de deslizar el contenido de una pantalla hacia arriba, abajo o hacia los lados para visualizar información común en redes sociales y sitios web, de ahí surge el scrolling infinito. Sin embargo, -a la par- existen otros hábitos digitales nocivos que afectan: salud mental, atención y bienestar emocional. Mencionemos algunos:
Doomscrolling: Es el acto compulsivo de deslizar la pantalla para consumir grandes cantidades de noticias negativas o contenido desalentador en redes sociales.
Zombie Scrolling (o Desplazamiento Zombi): Deslizar el dedo por la pantalla sin sentido ni propósito, a menudo de forma automática y desconectada, sin procesar realmente la información.
Brain Rot (Podredumbre Cerebral): Un término utilizado para describir la disminución en la capacidad de concentración, memoria y pensamiento crítico debido al consumo excesivo de contenido basura o de formato corto.
Scrolling Syndrome (Síndrome de Scrolleo): Se refiere a la incapacidad de parar de deslizar, lo que crea un círculo vicioso de adicción a la dopamina y que afecta la salud mental.
Fatiga Digital: Agotamiento mental derivado del consumo ininterrumpido de información y el uso continuo de pantallas.
Sobreexposición a información (Sobrecarga Cognitiva): La acumulación excesiva de información que el cerebro no logra procesar adecuadamente.
El potenciador de redes sociales (o social media booster): Se refiere a herramientas, estrategias o servicios diseñados para acelerar el crecimiento, aumentar la interacción (engagement), mejorar la visibilidad y optimizar la presencia de una marca en plataformas digitales.
Estos potenciadores pueden ser aplicaciones de automatización, herramientas de inteligencia artificial (IA) o servicios que se venden por ayudar aumentar seguidores (narrativas), me gusta, vistas y la gestión general de la cuenta. Una muestra en este caso: personajes públicos con presencia en las redes y que -en ocasiones- hacen viral la noticia falsa (Chumel Torres, David Paramo, Denise Dresser y Carlos Alazraki, entre otros).
En conjunto, dichos hábitos provocan dependencia (similar al consumo de drogas), ansiedad, depresión y alteración de emociones.
Hace un par de décadas, siendo profesor universitario leí el libro “La intimidad como espectáculo” (Editorial FCE) de Paula Sibilia , su autora advertía hacia donde se dirigía la cotidianidad de aquellos años. Paulatinamente se popularizaban redes sociales, que robustecían y estimulaban brotes de megalomanía, unas veces por la estupidez, y otras por la exaltación de lo banal. Vorágine tecnología al cabo, que vislumbraba ya un futuro adictivo con una individualización, cada vez mayor.
Escribí artículos/reflexiones que percibían la perdida de nuestra capacidad de sentir y reconocer al otro (otredad), de hablar mirando a los ojos, de observar gestos e intenciones. Nos convertimos en una sociedad “obesa y obsesa”, que caminaba y continúa ensimismada en celulares de última generación. Curiosos instrumentos de “comunicación”, que precisamente son de “incomunicación”.
Actualmente los algoritmos, la Inteligencia Artificial (IA) y sus dueños (corporativos multinacionales tecnológicos) son, por su penetración y manipulación, los protagonistas en todos los países del mundo occidental, y en la mayoría de los ámbitos: político, económico, científico, militar, cultural, etc.
El escritor italiano Giuliano da Empoli, en “La hora de los depredadores” (Editorial Planeta) afirma que “En un mundo donde la IA se impone de facto, ya está fuera de control, el respeto a las instituciones, a la democracia y a los derechos, todos son irrelevantes para los autócratas y magnates de la tecnología. Los nuevos líderes moldean la realidad a su antojo mediante la fuerza bruta (acción directa), el engaño, y disrupción caótica, donde el caos yo no es el arma de los insurgentes, sino el sello del poder, por lo que vivimos la hora de los depredadores”. Este análisis encaja a la perfección la praxis imperial del bravucón y arrogante Donald Trump.
Otros autores como Yanis Varoufakis en “Tecnofeudalismo” (Editorial Planeta) afirma que estamos inmersos en un sistema postcapitalista donde el capitalismo ha sido reemplazado por plataformas digitales (Amazon, Meta, Google, etc), los cuales actúan como “señores feudales”. Aquí los usuarios son “siervos” que generan datos gratis, y las empresas pagan rentas por acceder al “capital en la nube”.
Por consiguiente, el mundo vive un “capitalismo de nube” con alta concentración de poder y riqueza como Mark Zuckerberg dueño de Meta Platforms, Inc. o Elon Musk propietario de la red social X (antes Twitter), entre otros.
Un capitalismo que tiene intereses económicos e ideológicos con sesgos severos. Los cuales se alimentan de algoritmos que fomentan -reitero- intoxicación y adicción.
En tal contexto, las consecuencias sociales negativas, son: el impacto a los sistemas democráticos, el desempleo, el propiciar caos, pánico, temor, odio y polarización; además de, contaminar al periodismo en general. En consecuencia así, es -casi- imposible una legislación frontal.
REDES SOCIALES Y NUEVOS FENÓMENOS DE COMUNICACIÓN EN TIEMPOS DE LA IA
En estos escenarios de transición, hay una generación que padece analfabetismo digital, por lo que está más expuesta a la manipulación, al encono e inducción a la posverdad, entre otras anomias.
Con la popularización de la IA se limita el pensamiento crítico, la creatividad y solidaridad. Nos convertimos en máquinas de reenviar, sin verificar, sin contrastar y sin ninguna responsabilidad. Tal entorno contribuye a la degradación de la discusión pública, y al uso de argumentos vacíos y moralinos.
En el siglo pasado, se solía utilizar los rumores como arma de guerra, hoy con la IA, la inmediatez, la conexión masiva, los torrentes de información y campañas de desinformación, se difumina lo real, de lo no real.
En tal sentido, los institutos electorales y gobiernos no están preparados para frenar operaciones encubiertas con perversas intenciones, como calumnias y suplantación con uso de imagen y voz modificadas. Aún más, ante la pérdida de credibilidad de los medios tradicionales (televisión abierta), la gente consume y se informa por redes socio digitales, lo cual deriva en el enriquecimiento desenfrenado de sus dueños.
La IA que se define asimismo como un conjunto de tecnologías que permiten a las computadoras y máquinas simular procesos de inteligencia humana, realizando tareas avanzadas de manera autónoma o semi-autónoma para aumentar la eficiencia. No obstante, matiza su pernicioso impacto, la hiper comercialización, la venta de bots, de fakes, deepfakes, la ausencia de privacidad y seguridad, el desvanecimiento de la memoria histórica y la falta de transparencia, entre otros.
Su -casi- infinita acumulación de datos, busca obsesivamente enajenar y controlar a nuevas generaciones con algoritmos sesgados.
Entonces ¿ANTE QUÉ NOS ENCONTRAMOS?
Ante una guerra psicológica, un Golem espeluznante creado de tecnología, con un lado oscuro que seguirá arrasando poblaciones y naciones, imponiendo una “hiperrealidad” incondicional.
Por tanto, las sociedades afectadas -como la nuestra- deben analizar y establecer estrategias de acuerdo a sus circunstancias.
Sugiero, entonces: visibilizar los efectos -arriba mencionados- en discusiones públicas y debates incluyentes, masificando conceptos y argumentos de ética, responsabilidad, contraste de fuentes, educación digital y autocrítica.
Finalmente, percibo con cierto optimismo un punto de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, que se centra en la regulación de la IA para evitar fraudes, desinformación y mal uso de la imagen en tiempos de campañas electorales, sin llegar a la censura. Definitivamente son tiempos de generar -insisto- estrategias, sin esquivar el tema fundamental, por lo que rememoro la frase de Pancho Villa, ante la adversidad: “Ánimo cabrones, que más adelante está más feo”.
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(*) Periodista (Escuela de Periodismo CSG) y economista (UAM-Azcapotzalco). La primera parte de este análisis se publicó el martes 10 de marzo y lo encuentra aquí, en la sección Artículos de Opinión.
