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AIRES DE GUERRA EN TIEMPOS DE FUTBOL. Por Ulises Paniagua (*)

Fidel Flores by Fidel Flores
marzo 13, 2026
in Artículos de Opinión, Prensa en General
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AIRES DE GUERRA EN TIEMPOS DE FUTBOL. Por Ulises Paniagua (*)

———- O ———-
Confieso que, dentro de los años que he tenido oportunidad de seguir los mundiales de futbol (desde el año 1982 hasta la actualidad), nunca había sido testigo de una situación como la que presencio: un escenario tan complejo para efectuar los partidos (con estadios que aún no están listos en pleno marzo), en conjunto con aires de fascismo, odio y guerra. Es verdad que el torneo de Qatar 2022 fue difícil, distinto debido a que la pandemia, los factores climáticos y los intereses económicos obligaron a efectuarlo en meses atípicos -algo nunca visto-. Pero éste Mundial, el de 2026, lo supera en extrañeza.
Si uno se pregunta cuáles son las intenciones incluso económicas de Estados Unidos (uno de los países organizadores), el misterio no tiene pies ni cabeza. Pareciera que quiere autosabotearse. Se comprende que la situación de las obsesiones e intereses geopolíticos del país del norte es delicada; sin embargo, resulta incongruente iniciar una guerra a semanas de una justa deportiva que provee una gran derrama económica y que tiene como objetivo promover la paz y la integración de los países. Hace bien la selección de Irán en desprenderse de ese circo. El planeta, al menos en su versión humana, se ha vuelto loco, ha experimentado cambios radicales que hacen añorar, con nostalgia, las grandes hazañas de un deporte que, en primera instancia, nació del pueblo y para el pueblo. Basta recordar, para imaginarlo, que Leónidas Da Silva, jugador de la selección de Brasil, anotó descalzo un gol en la Copa del Mundo de 1938. Lejos quedaron esos recuerdos.
En 1954 se televisó por primera vez este evento futbolístico, teniendo como sede a Suiza. Quizá partir de allí el mundial inició una carrera hacia su propia destrucción y extinción, al menos en el modo en el que lo conocimos por décadas. Tuvo grandes momentos, quizá un auge auténtico desde los años sesenta hasta México 86. Hoy parece más un capricho de ambiciosos apostadores, de supremacistas o fantasiosos seguidores de videojuegos que el espíritu universal que promueve la sana competencia. En cuanto a la actitud de los jugadores, Eva Diego Cruz comentó al respecto: “Antes jugaban por la camiseta, ahora por la cláusula de rescisión…” Sucede que el fútbol es pasión, hasta que el contrato dice lo contrario, y es que los futbolistas ganan cantidades monstruosas, grotescas si consideramos que hay millones de niños padeciendo carencias y hambre, y académicos u obreros en desempleo o ganando sueldos de miseria.
2022 fue el inicio, la advertencia de lo que en adelante podría convertirse en una presurosa extinción de antiguas mitologías de caballeros, héroes, y justicia. 2026, por su parte puede ser, a pesar de todo un éxito mediático y económico para la FIFA, pero es posible considerarlo el peor Mundial de la Historia; no me refiero a la calidad futbolística, al entretenimiento, que es tema aparte, sino al modelo de negocios en que se ha convertido esta justa, ahora injusta, deportiva.
Hay que recordar que el futbol nació como un deporte de pobres. Si vamos más lejos, como ocurre con el box, se originó como una carrera, una oportunidad -a veces la única- de salir de la pobreza. Hay que recurrir a historias apasionantes como las de Maradona, Ronaldiño, Cristiano Ronaldo o Luca Modrick, por ejemplo. “Cada aficionado lleva dentro a un niño ilusionado”, comenta Eduardo Galeano. También comparte que “En cada rincón del mundo hay alguien soñando con ser futbolista”. Un goleador, un crack, era un elegido, un padawan que se convertía en jedi, el niño-hombre que, como en la película de Batman, como en la propuesta de Platón, asciende desde la caverna para traer la luz y esperanza a los ciegos del fondo. Hoy, con la especulación de los contratos, un niño pobre tiene muy pocas oportunidades de mostrarse como figura si no posee el capital para promoverse.
Ese tipo de ilusión sobre el terreno de juego, esa épica que compartí durante mi infancia y adolescencia junto con millones de personas que practicaron este deporte cincuenta años antes de que naciera y quizá unos veinte después de nacido, está muriendo con el arribo de la globalización, la posmodernidad, el empobrecimiento colectivo y el “nuevo orden”. Se trata de una era diferente. No quiero sonar alarmista, aunque debo reconocer que la situación es peligrosa, al menos bajo los principios que conformaron este bello romance entre espectáculo y espectador. Adquirir boletos para ver al Barcelona o al Real Madrid en sus estadios se ha vuelto un gran negocio para atraer turistas, y con franqueza nunca se habían visto precios tan desproporcionados para un boleto dentro de un mundial como este año (costos que van desde los 1,200 hasta los 4,000 dólares en partidos de primera ronda). Estamos en presencia de la primera Copa del mundo completamente elitista. Cual película de ciencia ficción, ingresar a un estado resulta un privilegio, como en la fórmula 1, como en un restaurante exclusivo o la renta de una habitación de Dubai. Al pobre le queda mirar por televisión, y ni siquiera todos los partidos. Están echando a perder al mundial. El dinero ha ensuciado las banderas. El mundo se tiñe de sangre, al mismo tiempo, con la guerra. Es imposible ignorar este hecho.
Es triste, pero debido a la presión de las apuestas, a las grandes inversiones a las que se suman las de los propietarios o socios árabes, el futbolista se volvió un ente dorado. Los equipos son una mitología inventada. Es verdad que tuvimos antecedentes polémicos dentro de la historia de los mundiales, remontadas sospechosas que dieron de qué hablar, goles que marcó el árbitro que nunca rebasaron la línea de la portería (para ese tipo de eventos se creó el VAR). Algunos torneos correspondieron, quizá, a intereses políticos. En la historia de estos sucesos, dos ediciones fueron suspendidas debido a la amenaza del nazismo y el arribo de la Segunda Guerra Mundial (en 1942 La FIFA decidió cancelar el torneo debido a la invasión de Polonia y el estallido del conflicto; y en 1946, a pesar de que la guerra había terminado, muchos países de Europa estaban en reconstrucción y no había condiciones adecuadas para llevar a cabo el torneo). La actualidad pareciera un eco de aquellos aires. Aires de guerra en tiempos de futbol. 2026 pinta para convertirse en el segundo mundial hiperreal con toques de maniqueísmo. Por infortunio, parece que la gente, más allá de la muerte y la desgracia, sólo ve lo que quiere ver. Ojalá me equivoqué. Ojalá presenciemos una de las más grandes celebraciones totalmente deportivas, lejos de intereses privados. Ojalá terminé la guerra, y el único campo de batalla sea el de once contra once caballeros, verdaderamente dentro de un ambiente de celebración.
———- O ———-
(*)
Escritor, Periodista, Director del Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía (México) Posee una Maestría y un Doctorado con especialidad en imaginarios literarios y urbanos. Ganador del Concurso Internacional de Cuento de la Fundación Gabriel García Márquez, en Colombia (2019), entre otros.

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