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NIP, SinEmbargo (CDMX, 6/03/26 ).Donald Trump vive en un pantano. Si se mueve, se hunde. Es el primer Presidente en la historia de Estados Unidos que va a una guerra sin apoyo popular. Se suponía que el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela y el bombardeo de Irán lo llevaría a mejores niveles de aceptación popular. No sucedió.
El promedio de Real Clear Polling, un sitio que analiza encuestas pero que es frecuentemente vinculado a Trump, dice que el porcentaje de estadounidenses que están a favor de su Presidente ha bajado hasta 43.4. Mientras, un 54.6 por ciento lo rechaza. El promedio de The New York Times coloca a Trump en un 41 por ciento de aceptación, mientras que los que lo rechazan topa el 56 por ciento. The Economist dice que 410 días después del inicio del mandato, el índice de aprobación neta del Presidente es de -19, 0.6 puntos menos que la semana pasada. El 38 por ciento lo aprueba, y un 58 por ciento lo desaprueba. Los indecisos son nada: cuatro por ciento.
Peter Baker, un periodista que ha cubierto la situación de los presidentes en guerra desde la intervención de Bill Clinton en los Balcanes en los años 1990, dice: “Al Presidente Trump le gusta afirmar que ha logrado cosas que ningún otro Presidente ha logrado. Con el inicio de su ataque militar contra Irán, ha alcanzado otra distinción: es el primer Presidente en la era de las encuestas modernas que lleva a Estados Unidos a la guerra sin el apoyo del público”.
Tradicionalmente, explica el periodista, los estadounidenses respaldan a su Presidente cuando ordena a sus tropas entrar en combate, generalmente apoyándolo a menos que la situación se prolongue, las bajas aumenten y la victoria parezca cada vez más esquiva. Con la guerra de Trump contra Irán, el público se ha saltado la fase de apoyo al Presidente.
El periodista dice que la oposición es reveladora sobre este momento particular de la historia estadounidense. “Un país ya cansado de décadas de combate en Oriente Medio ha mostrado poco interés en otra aventura en el extranjero. Y la profunda polarización de la política estadounidense solo dificulta la construcción de apoyo entre las distintas líneas. Incluso a algunos estadounidenses que simpatizan con el objetivo de derrocar al gobierno represivo y terrorista de Teherán les resulta difícil aceptar a Trump como comandante en jefe”, agrega.
Además, a diferencia de sus predecesores, Trump no ha hecho mucho para convencer a la opinión pública, “renunciando a las herramientas habituales de su cargo para explicar a los estadounidenses qué está haciendo, por qué lo hace y cómo terminará. En cambio, él y su administración han ofrecido versiones contradictorias sobre los motivos de esta decisión y cómo sería una victoria”.
The Economist dice en su ponderado que, en su discurso sobre el estado de la Unión del 24 de febrero, Donald Trump se jactó de que Estados Unidos había dado un giro histórico. El índice de aprobación neta del Presidente, que cayó significativamente esta semana, sugiere que los estadounidenses no están convencidos.
Los estadounidenses están especialmente descontentos con la forma en que la administración Trump ha llevado a cabo su ofensiva contra la inmigración, agrega The Economist: “Los demócratas están bloqueando el financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional, responsable de la aplicación de las leyes migratorias. El gobierno ha estado parcialmente paralizado desde el 14 de febrero”.
Las encuestas no reflejan todavía la caída de Kristi Noem, Secretaria de Seguridad Nacional, quien fue despedida por el Presidente Trump el jueves. Noem atrajo una atención negativa hacia la Casa Blanca.
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