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LA DEUDA DE LOS PARTIDOS CARENTES DE DEMOCRACIA. Por Ignacio García (*)

Fidel Flores by Fidel Flores
marzo 6, 2026
in Artículos de Opinión
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LA DEUDA DE LOS PARTIDOS CARENTES DE DEMOCRACIA. Por Ignacio García (*)

———- O ———-
México ha vivido una serie de reformas constitucionales en materia electoral desde 1978. En aquel momento, después de una elección de Estado, en la que el candidato del partido oficial, José López Portillo, ganó la presidencia de la República sin competencia, se priorizó una modificación para garantizar la apertura en la participación de los partidos políticos.
La primera reforma constitucional electoral en la posrevolución contempló la creación de las llamadas candidaturas plurinominales para permitir una mayor representación de los distintos sectores de la sociedad. Paulatinamente, al iniciar cada sexenio, el presidente en funciones priorizaba una modificación en materia electoral para fortalecer a la democracia representativa.
La última reforma constitucional fue en 2014, cuando el Instituto Federal Electoral (IFE) se transformó en el Instituto Nacional Electoral (INE), con mayores facultades y atribuciones. La modificación fue impulsada por los partidos que formaron parte del denominado “Pacto por México”, para ampliar la representatividad parlamentaria.
Sin embargo, los partidos políticos mexicanos, portadores de los valores de la democracia, paradójicamente no son democráticos en sus estructuras. Las formas internas de renovación de sus cuadros obedecen a una lógica centralizadora, basada en los principios de la disciplina partidista que estableció el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
En su momento el partido oficial y hegemónico, según lo bautizó el politólogo italiano Giovanni Sartori, garantizó la renovación del poder presidencial a través de una férrea disciplina interna que fue justificada por la bandera de la “unidad” que debían priorizar todos los militantes en bien del país.
Aunque el presidente de la República en funciones ejercía el rol de líder máximo del partido y principal elector, el sometimiento de las estructuras internas del partido permitía una recompensa: la repartición de los cuadros más dóciles y leales a los diferentes cargos de elección popular, pues no importaban las capacidades, sino la expresión máxima de lealtad indigna—que se ha replicado en estructuras organizativas mexicanas como método de escala laboral—para seguir viviendo del erario.
La renovación de la dirigencia del PRI no dependía de una votación interna de los militantes, sino de una simulada elección de “perfiles de unidad” que eran palomeados por el presidente de la República. Esta práctica ha sido emulada por los partidos que también han gobernado al país como el Partido Acción Nacional (PAN) y el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).
Sin embargo, después de la crisis política que vivió el PRI en 1988 tras la “caída del sistema”, las disputas internas en el partido oficial se incrementaron y se visibilizaron, hasta que en el sexenio de Ernesto Zedillo, el entonces mandatario federal decidió separar la labor partidista con la gubernamental en lo que llamó la “sana distancia”.
Este alejamiento del presidente en las estructuras internas del PRI fue contraproducente, pues el partido perdió a su principal liderazgo y esos vacíos fueron disputados por los grupos locales que trataron de aventajarse entre sí y con ello en el 2000 el tricolor perdió por primera vez las elecciones presidenciales.
Con la primera alternancia política, el PRI había quedado en la orfandad y el camino a la democracia no cambió. El tricolor se convirtió en cotos de poder locales, situación que se evidenció en la lucha por la candidatura presidencial en 2006, que causó la mayor derrota electoral del instituto político fundado por Plutarco Elías Calles hasta ese momento.
Con el fortalecimiento del Grupo Atlacomulco que consiguió el retorno del PRI a Los Pinos, el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, volvió a convertirse en el primer priista del país, pero la abrupta caída en su popularidad, asociada a su escasa legitimidad política causó una nueva fragmentación en la estructura del instituto que causó que se declinara el grupo dominante por un no priista como José Antonio Meade.
La nueva derrota electoral en 2018 causó una nueva reconfiguración del PRI, que lo ha llevado a su mínima expresión con el control que mantiene la cúpula de Alejandro Moreno Cárdenas que ha convertido al instituto político en un esbozo de lo que alguna vez fue.
Los errores de la oposición
El PAN nació en 1939. Fundado por Manuel Gómez Morín, con una clara inclinación hacia la derecha, el instituto político se convirtió paulatinamente en el principal representante de la oposición al PRI.
A diferencia del tricolor, el blanquiazul estableció en sus estatutos una intención democrática que impulsaba la renovación de los liderazgos. Conforme el partido creció en las preferencias electorales, también disminuyó la expresión democrática de Acción Nacional.
Con las fracturas del PRI, el PAN se convirtió en la principal alternativa para sucederlo en el poder. El blanquiazul ganó la primera gubernatura de oposición en 1989 con Ernesto Ruffo en Baja California a través del pacto que firmó con el tricolor para garantizar las alternancias locales en el país a cambio de votar en contra de la revisión de los paquetes electorales de la contienda electoral presidencial.
En el 2000, el PAN ganó la presidencia de la República, y a diferencia la tradición priista, los panistas disputaron la candidatura presidencial que ganó Felipe Calderón en contra de Santiago Creel, que era el consentido de Vicente Fox, lo que causó una disputa entre el presidente saliente y el candidato oficial.
En 2012, el PAN se enfrascó en una nueva disputa por la candidatura presidencial, que finalmente ganó Josefina Vázquez Mota en contra de Ernesto Cordero, el favorito de Calderón, y esto causó su peor derrota electoral en el presente siglo hasta ese momento.
Después Ricardo Anaya controló el partido y desde entonces dejaron de efectuarse procesos reales de renovación partidista. En la actualidad, el blanquiazul, encabezado por Jorge Romero, no prioriza una verdadera democracia, pues finalmente forma parte del grupo de Marko Cortés, que decidió heredarle la dirigencia nacional, como en su momento lo hizo Anaya con él.
Por otro lado, el extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD) tampoco se caracterizó por la democracia interna. Cuauhtémoc Cárdenas fundó el instituto político en 1989 con la intención de integrar a la izquierda, pero el partido paulatinamente fue capturado por distintas corrientes que fueron conocidas como tribus.
Cárdenas utilizó el partido como una plataforma electoral para postularse a la presidencia en dos ocasiones adicionales, y después de su estrepitosa derrota en el 2000, las tribus, principalmente “Los Chuchos”, se enquistaron en el liderazgo del partido, lo que causó tensiones con el grupo político que encabezaba Andrés Manuel López Obrador.
La caída política de Cárdenas y el surgimiento político de López Obrador encumbró a una nueva figura de la izquierda que intentó apoderarse del PRD, pero ante la negativa de los Chuchos, el sol azteca finalmente se fragmentó y causó la creación de Morena en 2014.
Los Chuchos optaron por el pragmatismo y se aliaron con fuerzas políticas contrarias a sus ideales como el PAN o incluso el PRI en el llamado Pacto por México, y por ello López Obrador causó una desbandada de perredistas que se insertaron en el nuevo proyecto político.
Morena, a su vez, dejó de lado cualquier intento de democracia, y sirvió como trampolín político para que López Obrador finalmente alcanzara la presidencia de la República, mientras que las renovaciones internas dependieron directamente de la decisión del fundador o “líder moral” del movimiento.
En la actualidad, Morena replica prácticas similares al priismo, pero con menor disciplina institucional, mientras que el PAN está controlado por un pequeño grupo de amigos y el PRI por Alejandro “Alito” Moreno que quiere mantenerse en su cargo hasta 2032.
También Movimiento Ciudadano (MC) es un instituto político controlado por Dante Delgado, quien ha priorizado a perfiles “influencers” que llamen la atención del electorado joven poco politizado para tratar de obtener más presencia electoral, pero que también adolece de procesos reales de democracia interna.
Así, los partidos políticos mexicanos supuestamente defienden los principios de la democracia que carecen en sus propias filas, conformados como grupos privados de intereses que dejaron de servir como institutos de representación social.
———- O ———-
(*)
Periodista, Doctor en Políticas Públicas y Humanidades (Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo) y articulista de Interés Público (Prensa Digital).

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