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Paseo de la Reforma anochece.
El Ángel de la Independencia se ilumina como si aún creyera que las revoluciones son eternas. Don Diego de la Vega camina despacio. No lleva capa; lleva memoria.
Piensa en los nombres que un día fueron estandartes y hoy parecen señales confusas en un mapa político que se ha movido de lugar.
En un aparador de cristal de una librería, sobre una mesa de novedades, descansa un volumen de título confrontativo: Ni venganza ni perdón.
El título suena más a ajuste de cuentas que a indagación paciente. Más a declaración de guerra que a expediente judicial.
El autor principal: Julio Scherer Ibarra.
El apellido pesa. No es un apellido cualquiera. Es herencia directa de don Julio Scherer García, aquel periodista que convirtió la ruptura con el poder en ética profesional, que fundó Revista Proceso como espacio de crítica al presidencialismo autoritario.
Don Diego recuerda que Proceso era una postura frente al poder. No importaba el color del presidente; importaba el abuso.
Hoy, sin embargo, el escenario parece otro.
Don Diego recuerda la enorme cobertura que ha recibido “Ni venganza ni perdón.”
Las entrevistas en estudios de televisión. Conductores que durante años confrontaron a la 4T ofrecen ahora micrófonos dóciles. Preguntas que no indagan, sino que sugieren. Afirmaciones que no prueban, sino que insinúan.
Una cobertura amplia, intensa, casi celebratoria, por parte de medios que han sido abiertamente críticos del gobierno de presidente Andrés Manuel López Obrador.
Don Diego no se escandaliza por la crítica. La crítica es necesaria.
Se pregunta otra cosa:
¿Dónde están los documentos?
¿Dónde las pruebas, las fuentes contrastadas, los testimonios verificables?
Un libro que promete revelaciones necesita algo más que memoria personal y agravios cruzados. Necesita estructura probatoria. Sin eso, el periodismo se vuelve narrativa política.
Y la narrativa política, en tiempos de polarización, es combustible. Incendia.
Camina unos metros más. Recuerda que las élites no desaparecen: se desplazan.
El viejo régimen tuvo sus intelectuales orgánicos. La transición democrática redistribuyó prestigios. La 4T fracturó el tablero y dejó a muchos fuera del centro.
Algunos decidieron confrontar.
Otros se integraron.
Algunos más encontraron en la oposición un nuevo lugar desde donde hablar.
No es la primera vez que ocurre.
Lo que inquieta a Don Diego no es el desacuerdo. Es el tono.
“Ni venganza ni perdón.”
El título suena a duelo personal, no a archivo histórico. A plaza pública, no a tribunal documental.
Y mientras tanto, Proceso -aquella revista que nació para cuestionar al sistema político mexicano en su conjunto- parece haber afinado su puntería hacia el nuevo régimen con una intensidad que muchos leen como reacomodo editorial.
¿Es traición al espíritu original?
¿O es continuidad de la crítica frente al poder, aunque ahora el poder tenga otro signo, pero con un sesgo que huele a derecha?
Don Diego sabe que la historia es menos moralista de lo que quisiéramos. Las generaciones heredan prestigio, no convicciones obligatorias. Los hijos no están condenados a repetir a los padres.
Pero también sabe que el capital simbólico puede convertirse en plataforma.
El apellido Scherer abre puertas.
La coyuntura las ilumina.
Los medios opositores las celebran.
Y el campo intelectual mexicano vuelve a mostrar su vieja mecánica: cuando cambia el poder, se reacomodan las lealtades, se redefinen las trincheras, se redibujan los antagonismos.
La pregunta que Don Diego se hace no es si alguien “se pasó a la derecha”. Las etiquetas son cómodas pero pobres.
La pregunta es más incómoda:
¿La crítica se sostiene en evidencia o en oportunidad?
¿Es investigación o es posicionamiento?
¿Es ruptura ética o es tránsito de élite?
El Ángel sigue brillando.
Las revoluciones prometen cambiar la estructura.
Las élites suelen cambiar de lugar.
Don Diego sonríe levemente.
No porque tenga respuestas, sino porque reconoce el patrón.
En México, el poder gira.
Las élites orbitan.
Y la historia, paciente, toma nota.
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OJO: Si el lector quiere leer por si mismo y sacar sus propias conclusiones, contáctenos por WhatsApp y le hacemos llegar el PDF del libro (virtual).
(*) Analista político (Diego Vega es su seudónimo).
Fuente: https://www.facebook.com/photo?fbid=2672665589772323&set=a.124638527908388

