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EL CHAVO DEL OCHO, ENTRE LA TRAGEDIA Y EL ABSURDO. Por Jorge Gallo García (*)

Fidel Flores by Fidel Flores
enero 14, 2026
in Artículos de Opinión
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EL CHAVO DEL OCHO, ENTRE LA TRAGEDIA Y EL ABSURDO. Por Jorge Gallo García (*)

–El chavo aclara puntos de su personaje
–
Torpe e inocente, pero de buen corazón
———- O ———-
Hay personajes en la historia de la televisión mundial -no solo mexicana-, que han marcado una historia y una trayectoria que el tiempo no puede borrar, por el contrario, fortalece esa historia hasta que convierte al personaje en una leyenda.

Tal es el caso de Roberto Gómez Bolaños (1929-2013), “Chespirito”, quien para muchos es un genio de la comicidad, un hombre que nació para marcar con su humor a varias generaciones, y a pesar de que comenzó su carrera como escritor para radio en la década de los 50 del siglo pasado, dos de sus programas más importantes aún siguen vigentes y retransmitiéndose en varios países: “El Chavo del 8” y “El Chapulín Colorado”.
Por el contrario, sus detractores afirman que el humor de Chespirito es tonto y absurdo, que rompen con la lógica y el sentido común y que muchos de sus scketches son malas adaptaciones de otros genios del humor como “El Gordo y El Flaco”, Charles Chaplin y “Los Tres Chiflados”.
En la década de los años 80, tomaron relevancia algunos ensayos de sociólogos y otros académicos, de la UNAM principalmente, quienes alertaron que los capítulos del Chavo del 8 eran una mala influencia para la niñez, ya que un humor basado en absurdos, podía provocar que los niños que religiosamente lo veían cada semana, cambiaran su comportamiento y su sentido común podía ser afectado por esa visión distorsionada de la realidad.
Lo cierto es que para poder entender la forma de ver la vida por los ojos de un niño huérfano, inocente y de buenos sentimientos, hay que complementar la serie de TV., con dos libros, escritos por el mismo Chespirito, donde el propio autor, responde a varias preguntas que no quedaban del todo claras en la serie de Televisión.

En 1995, Chespirito escribió “El Diario de Chavo del Ocho (Editorial: Aguilar), y en 2006, “Sin querer queriendo” (Editorial Aguilar -Penguin Random House-). En el primer libro, Gómez Bolaños, escribe la biografía de El Chavito en primera persona, es decir, El Chavo es quien cuenta su historia, desde sus más viejos recuerdos hasta su estancia permanente en la vecindad.
En la segunda obra, “Sin querer queriendo”, Gómez Bolaños cuenta su vida, desde su infancia hasta los éxitos, fracasos y vivencias en más de 50 años en el mundo de la televisión, el teatro, la radio y a publicidad.
Y es en este libro, donde el autor explica su forma de hacer humor, ya que siempre sostuvo que su intención siempre fue hacer reír a la familia, pero que los medios lo encasillaron en un humor para niños, lo que en algunas ocasiones fue un obstáculo para ciertos proyectos.
Y en el caso específico de “El Chavo del Ocho”, su intención fue exponer la vida de una forma simple, con los ojos de un niño inocente, de buenos sentimientos y tan pobre que no tenía no un nombre propio, y lo situó en una vecindad, donde expone a los diferentes sectores sociales que en efecto, habitaron las vecindades durante los años 40s y 50s del siglo pasado.
Así, doña Florinda era la mujer de clase media, con educación, pero venida a menos en lo económico, y que estaba obligada a vivir “entre la chusma”, y su hijo (Quico), un niño mimado, consentido y envidioso. El profesor Jirafales, representaba a la parte intelectual e instruida, pero viviendo al día.
Ron Damón, el pícaro al que no le gusta trabajar y se las ingenia para no morirse de hambre y sobrevive; el Señor Barriga, el dueño de la vecindad al que Don Ramón no le paga la renta, pero de tan buen corazón que nunca lo corre; la solterona (Doña Clotilde) y una serie de niños que van a interactuar con El Chavo de manera recurrente.

Pero, ¿qué dicen los estudios literarios sobre el humor de Chespirito? Hizo “comedia de absurdos”, es decir, presentó situaciones ilógicas, con un uso del lenguaje que le cambiaba el significado ordinario a las palabras y rompía la lógica, lo que causaba risa – o enojo, similar a lo que sucede en la actualidad con las redes sociales-.
“Los hombres tienen pies, no patas” -corregía El Profesor Jirafales-, “sólo los animales tienen patas”. “¿Y las sillas y las mesas… ¿Y los escritorios? -preguntaba El Chavo inocentemente-. Y retomando el tema del lenguaje, El Chavo invertía letras o palabras: “Ron Damón, El Jirafor Profesales”, o en vez de decir “¿usted hace muy bien los animales de papel?”, le preguntaba a Don Ramón, “¿Usted hace muy bien los papeles de animal”?
Pero retomando “El Diario de El Chavo del Ocho”, Gómez Bolaños cuenta el origen de El Chavo, que estuvo marcado por la soledad y la muerte, aspectos que se mencionan en la serie pero no se sabe el por qué.

El Chavo alguna vez tuvo una mamá -”sí la conocí pero muy poquito”-, pero ella trabajaba todo el día, y a él lo dejaba en una guardería, pero cuando ella llegaba por él, estaba exhausta, por lo que se llevaba al niño que estuviera a la mano, y en ocasiones no era su hijo.
Pero un día ya no regresó, y la directora de la escuela lo pasó a un orfanato. Ahí conoció a su primer gran amigo un niño llamado “Chente”, que siempre estaba enfermo, hasta que se enteró que Chente murió, lo cual lo sumió en una enorme tristeza, por lo que quiso escapar del orfanato, por lo cual pensó la forma, hasta intentar saltar una barda, con tan mala suerte que se cayó y se rompió la cabeza.
En este punto, en la serie de TV., El Chavo tiene un amigo imaginario que se llama “Chente”, pero ya lo vimos, sí existió pero murió de una enfermedad, y esto ha sido desvirtuado en las redes sociales, puesto que algunos influencers aseguran que “El Chavo hablaba con los muertos”.
Cuando le dijo a la directora del orfanato que quería irse, ésta simplemente le abrió la puerta y salió para caminar por las calles sin rumbo, hasta que llegó con un grupo de niños de la calle, quienes fumaban, se drogaban mientras se pintaban la cara para ganarse unos pesos haciendo malabares en los cruceros.

Entonces cuenta la desgracia de otros dos niños, “El Conejo y El Pinacate”, estos personajes se fueron “a darle”, El Conejo se agachaba y El Pinacate se subía en sus espaldas para hacer malabares con pelotitas, con tan mala suerte que un auto los atropelló, matando al Conejo -nuevamente la muerte-.
Tras esa experiencia, dejó a esa palomilla de niños de la calle para seguir caminando sin rumbo, hasta que llegó a una vecindad, a la cual entró y ahí se quedó a vivir; primero con una viejecita que habitaba el departamento 8, pero estaba tan enferma que no le dejaban de temblar las manos, y él la ayudaba en los quehaceres de la casa.
Pero un día llegó a buscarla pero no salió, ella también murió, luego otra persona habitó la vivienda y él ya no pudo estar en el departamento 8, pero como no tenía nombre, comenzaron a llamarlo simplemente “Chavo”, y como vivió en el 8, se quedó “Chavo del 8”.
Otro aspecto que El Chavo aclara, es que él no vive en el barril, sino que ahí se oculta cuando quiere llorar, pensar o simplemente estar solo. En la realidad, tras la salida de Carlos Villagrán (Quico) y de Ramón Valdés (Don Ramón), Chespirito agrega a otro personaje que con el tiempo se va quedar en su equipo de trabajo, Raúl “Chato” Padilla, quien interpreta a “Jaimito El Cartero”.
Por ser un solterón y perezoso -parecido a Don Ramón-, surge otro personaje que le coquetea a Jaimito, “La Bizcabuela doña Nieves” (interpretada por María Antonieta de las Nieves), que es abuela de Don Ramón y bisabuela de La Chilindrina, pero en el universo de la vecindad, todos los personajes estaban presentes, Paty y su tía, Ron Damón y todos los demás.
El libro se divide en dos partes, la primera, narra el origen de El Chavo hasta su llegada a la vecindad, y en la segunda, retoma scketches que se transmitieron en la TV., tanto en la vecindad como en la escuelita.
En esta parte, llega un cuarto deceso; El Chavo cuenta que fue a buscar a Jaimito El Cartero, pero al no responder, entra al departamento donde encuentra a Jaimito bien dormido, le habla, lo mueve y no le contesta, “frío y como si estuviera dormido…”
Es precisamente, estas muertes han provocado este absurdo que circula en las redes, en el sentido de que Chespirito promueve mensajes satánicos y oscuros, por lo cual, “El diario del Chavo del Ocho es un libro de terror”.
Finalmente, en “Sin querer queriendo”, Chespirito comenta que en el punto más alto de popularidad de El Chavo del 8, y cuando Televisa comienza los proyectos cinematográficos, Emilio Azcárraga Milmo “El Tigre Azcárraga”, le propuso llevarlo a la pantalla grande, a lo que Gómez Bolaños se negó, ya que El Chavo y su universo era la vecindad, por lo que no viable, pero se comprometió a crear otro personaje para cine.
De esta forma nació “El Chanfle” (1979), con gran aceptación en taquilla, seguido por “El Chanfle 2” (1982), que al no contar con la dirección de Enrique Segoviano y al no estar en el equipo Carlos Villagrán y Ramón Valdés, el éxito en taquilla no alcanzó a la primera cinta.
———- O ———-
(*)
Docente e investigador

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