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LA PALABRA COMO ARMA QUE NO MATA, PERO MANIPULA. Por Jorge Gallo García (*)

Fidel Flores by Fidel Flores
enero 7, 2026
in Artículos de Opinión
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LA PALABRA COMO ARMA QUE NO MATA, PERO MANIPULA. Por Jorge Gallo García (*)

—El lenguaje eje de la propaganda
–
“1984” lo predijo
———- O ———-
Nuevamente, la realidad supera ampliamente a la ficción; la acción llevada a cabo en Venezuela, con “extracción” (¿?) de Nicolás Maduro por parte del gobierno de Estados Unidos, y su polémica acción militar para llevarlo a las cortes neoyorquinas,
Y es que el lenguaje y los adjetivos utilizados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nos llevan a las páginas de una de las novelas clásicas del siglo pasado, y hoy más vigente de nunca; “1984”, de George Orwell.

Esta novela publicada en 1949, tomó forma como una dura crítica y reflejo de un sistema de gobierno totalitario, que en su afán de controlar no sólo las acciones de gobierno, si no la vida misma del ciudadano común y corriente, que era vigilado a todo momento por “El gran hermano” -El Big Brother-, donde se sabía que era una clara violación a la privacidad, gradualmente se convenció a las masas de que era necesario para garantizar la seguridad y la unidad nacional, es decir se cambió la libertad por la seguridad.
En esta distopía, donde “El Partido Único”, manipula a las masas para perpetuarse en el poder, controlando las diversiones, los medios de comunicación, las relaciones sociales y hasta la vida sexual del ciudadano de a pie, fue lenta, gradual pero exitosa; en la novela, solo el personaje principal – Winston Smith-, cuestiona pues aún guarda un poco de pensamiento crítico; con el sentido común, Winston intenta hacerle ver a los compañeros de trabajo, a los vecinos que algo no está bien, no es normal, sin embargo la gente ya está convencida que ese estilo de vida es normal y lo mejor que puede pasar pues tienen seguridad y confían en el gobierno.
Bajo esta presión, Winston va descubriendo la amplia y compleja red de comunicación masiva, que manipula, que controla y que hace que el ciudadano deje de ser humano para ser un número, un código de barras, que forma parte de un engranaje social que lo deshumaniza.
Pero antes de analizar cuál es la similitud que hay con el indiscriminado uso de adjetivos como “terrorista”, “narcogobierno” o “narcoestado”, tan de moda en la guerra de propagandas y narrativas tanto de “izquierda y derecha” -si es que aún cabe utilizar estos conceptos en el espectro político-, vamos a intentar definir qué es “utopía y distopía”.
“Utopía” es una definición cargada de filosofía, pensadores y estudiosos que la definen como una sociedad en completa armonía, donde la sociedad está compuesta por seres humanos que han dejado atrás vicios y comportamientos dañinos como la avaricia, la envidia -en los individuos-, hasta que se conforma una sociedad ideal, donde el gobierno es benevolente y donde el Estado es prácticamente innecesario pues es un sueño donde todos trabajan en el bien común y todo funciona de una forma en que el ser humano es pleno y feliz.
Por el contrario, “distopía” es una “antiutopía”, una sociedad controlada, manipulada, opresiva, donde el gobierno usa todos los medios para mantener ese orden que el Estado considera necesario, sin importar que haya mentira, manipulación, corrupción y en el caso extremo, el uso de la fuerza.
En la distopía, el fin es convencer al ciudadano que es necesario renunciar a la libertad con tal de que el Estado garantice seguridad, pero qué es esa seguridad, en los tiempos modernos, seguridad para trabajar y tener bienes materiales, para gastar, para “emprender”, para aspirar a tener más y más bienes materiales, es decir, una sociedad netamente consumista y capitalista.
Durante la guerra fría, “1984”, fue relacionada con los gobiernos socialistas, principalmente en la Unión Soviética de José Stalin, y el bloque que conformó la zona de influencia soviética; Estados que se caracterizaron por el gobierno de un partido de Estado totalitario.
Pero entre los mecanismos de control planteados por Orwell, está el uso del lenguaje; el desaparecer palabras del diccionario y cambiar el significado que un vocablo tuvo y mantuvo por cientos de años, para ajustarlo a las necesidades del régimen en el gobierno, y de esta manera justificar sus hechos y acciones, que muchas veces rompen la legalidad y carecen de toda ética.
En la novela, el enojo, la ira, la rabia y el descontento estaba presente, pero no había palabras para expresarlo, ya que estas emociones ahora se nombraban con sonidos de animales, por lo cual, cuando el ciudadano estaba furioso y quería mostrar su descontento decía: “me siento cuac-cuac” o “estoy con el oink-oink en la mente”, lo cual de forma inmediata e involuntaria causaba risa, burla y por lo tanto, el enojo se disipaba y no pasaba nada.
Hoy, la Casa Blanca da a conocer que en la “Operación Resolución Absoluta”, fue un éxito ya que culminó con “la extracción” del “narcodictador” Nicolás Maduro, pero, el hecho de que por medio de la fuerza, un individuo sea sometido, aprehendido y transladado a otro sitio -con los fines que sean-, en el lenguaje coordinado por el sentido común, se llama “secuestro”.
Dicha operación militar, se realizó a base de la fuerza, con la violación de la soberanía de un país y violando diversas leyes y normativas internacionales, pero no es “secuestro”, es “extracción”. Naturalmente, la propaganda y la desinformación que abunda en las redes sociales, aplauden y lo justifican con las acciones de gobierno por parte de Nicolás Maduro.
Pero los cargos -que falta comprobar-, no justifican la violación a la normativa internacional, pues al final, la fuerza y los intereses de un poderoso están por encima de los Organismos Internacionales. Y ejemplos sobran, antes “se mataba al enemigo”, ahora “se neutraliza a una potencial amenaza”.
O el caso de linchamientos a rateros de motonetas o asaltantes en transporte público; cuando la sociedad golpea indiscriminadamente a un delincuente, los mismos medios de comunicación al cubrir la nota, cambian la palabra “linchamiento”, por “justicia callejera” o “justicia por mano propia”.
¿Qué efectos puede traer el uso de adjetivos de forma imprecisa? Simplemente que la misma sociedad justifique un hecho de violencia, para castigar un hecho de violencia anterior, entonces, ¿dónde queda la autoridad?, ¿cuál es la responsabilidad de la autoridad?, si la propia sociedad justifica el castigo de un delito con otro delito.
En el caso del espectro político sucede algo similar, y retomando los conceptos manejados por el analista internacional Alfredo Jalife, las ideas de “izquierda y derecha”, como las conocimos durante el siglo pasado, han sido rebasadas y ya no corresponden al significado que les dimos durante décadas.
Ahora -menciona Jalife-, han sido cambiados por “globalistas y soberanistas”. Entendamos “globalistas”, a los grupos que simpatizan con el mercado y el capitalismo salvaje, donde el Estado es un estorbo y literalmente debe desaparecer (caso más claro, Javier MIlei en Argentina), para que “el mercado” trabaje, brinde empleo y prosperidad.
Por el otro lado, la izquierda de hoy se llama “progresista”, “soberanista” y “humanista” en el caso de México, o bien “comunistas” (para Trump), o “zurdos de mierda” (según Milei). Pero es irónico, pues durante la década de 1990, el gobierno que garantizara la soberanía alimentaria y energética, la salud y la educación masiva y al alcance de todos, se conocía como “Estado del bienestar”, y se ponía como ejemplos exitosos, a los países nórdicos (y era el modelo a seguir).
Ahora, la política nacional e internacional ha dejado del lado los protocolos, lo “políticamente correcto”, y -por desgracia-, se ha suplantado con la política espectáculo (Lily Téllez y Alejandro Moreno); las declaraciones escandalosas, bravuconadas y amenazas (Trump con Groenlandia).
Finalmente y como se comentó al principio, la novela es superada por la realidad, y el uso de adjetivos escandalosos, la propaganda y la desinformación tienen un objetivo claro, tener dividida a la sociedad, convencida de que sus ideas son las correctas y no hay lugar para un punto medio.
———- O ———-
(*)
Investigador y docente

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