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Ha transcurrido más de un mes desde que Estados Unidos e Israel comenzaron los bombardeos en contra de Irán, que derivaron en la muerte del líder supremo de los Ayatolás, Ali Jamenei, y que supuestamente se trataría de una guerra relámpago en la cual la Unión Americana mostraría su poderío militar.
Después del éxito de su intervención militar en Venezuela, en la que capturó a Nicolás Maduro, Trump consideró que una misión similar podría implementarse en Irán, ante las constantes peticiones del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quien había asegurado que los iraníes representaban un riesgo real para la sobrevivencia de Occidente.
A pesar de que para los expertos en Seguridad Nacional del Pentágono la operación militar en Irán sería mucho más costosa política, social y económicamente para Estados Unidos, Trump ordenó el bombardeo en Teherán y las principales ciudades iraníes, con el fin de controlar las bases petroleras del régimen de los Ayatolás.
Aunque los iraníes no tienen la capacidad militar para responder con la misma fuerza a los embates estadounidenses, decidieron impedir el suministro de petróleo en el estrecho de Ormuz, lo que ha provocado una alta volatilidad de los precios del crudo a nivel internacional.
En Estados Unidos la escasez de la oferta de hidrocarburos ha causado un encarecimiento significativo en los precios para los consumidores norteamericanos, lo que sigue provocando un descontento mayor entre la población estadounidense que considera que Trump ha dejado de lado la política interna.
Incluso entre los propios integrantes del movimiento “MAGA” (Make America Great Again) existe una decepción generalizada sobre las acciones emprendidas por Trump, pues ha contradicho su discurso de campaña presidencial que aseguraba que América sería primero sobre cualquier problemática internacional.
Por ello, algunos seguidores del MAGA han comenzado a llamar al voto de castigo al partido republicano y sufragar masivamente a favor de los demócratas en las elecciones de medio término de noviembre próximo, por lo cual Trump podría perder la mayoría en la Cámara de Representantes y tendría mayores frenos para la segunda mitad de su mandato.
En la Casa Blanca reconocen que la muerte de soldados norteamericanos cobrará factura electoral a los republicanos. Desde las dos guerras mundiales la población estadounidense se ha negado a enviar a jóvenes a morir en otras latitudes del planeta y la mayor prueba de ese rechazo ocurrió en la guerra Vietnam que acabó con la carrera política Lyndon Johnson.
Así, Trump está desesperado por la prolongación de la guerra en Irán. El régimen de los Ayatolás está dispuesto a una confrontación a largo plazo, pues el costo político para una teocracia totalitaria es menor que para una democracia como la norteamericana que depende de los constantes procesos electorales.
La comunidad internacional ha comenzado a dejar solo a Trump. Primero el gobierno de España se negó a prestar sus bases aéreas para el ejército estadounidense, al asegurar que el gobierno hispano está en contra de cualquier nueva guerra.
El presidente de España, Pedro Sánchez, reconoció el alto costo político, social y económico que representó para esa nación apoyar a Estados Unidos y Gran Bretaña en la cruzada contra el terrorismo a principios del siglo, pues los grupos más radicales del terrorismo los consideraron como enemigos y se suscitaron atentados como el del tren de Madrid el 11 de marzo de 2004.
Por ello, Sánchez se ha rehusado a participar en la guerra, y por ello, Trump cada vez más colérico ha asegurado que el gobierno español pagará esa resistencia con nuevos aranceles que impondrá a los productos ibéricos que arriben a la Unión Americana.
Recientemente el presidente de Francia, Emmanuel Macron, también anunció que no permitirán que aeronaves estadounidenses aterricen en sus bases aéreas, al considerar que el costo político y social para su nación será muy elevado y por ello ha decidido abandonar de facto a Estados Unidos.
Ante el abandono de la comunidad internacional, principalmente de la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN), con quienes el propio Trump se confrontó, en la opinión pública estadounidense se observa una derrota política del mandatario federal en Irán.
Según Trump, el gobierno iraní está dispuesto a negociar un cese al fuego, pero el propio régimen de los Ayatolás ha negado algún tipo de conversación con representantes del gobierno estadounidense, por lo que el republicano cada vez se más desesperado ante la falta de apoyo nacional e internacional.
Trump ordenó interrumpir los ataques al alegar que hay conversaciones de tregua con Irán, pero en realidad es cada vez más evidente que el gobierno estadounidense operó sin ningún tipo de plan y que todas las esferas de la administración federal no hizo nada para detener los arrebatos emocionales del empresario.
El líder de MAGA quiso pasar a la historia como el presidente que logró la caída del régimen teocrático de los Ayatolás, pero en realidad las estructuras de poder de Irán se mantienen y sólo ha ocurrido un cambio de estafeta, dado que el nuevo líder supremo es Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido Ali Jamenei.
La historia ha evidenciado que cuando Estados Unidos interviene en conflictos en medio oriente representa una guerra de desgaste, en donde no finaliza de forma positiva para Washington, como ocurrió en Irak y Afganistán.
Por ello, Trump está más cerca de transitar a la historia como uno de los peores presidentes en la historia de Estados Unidos y el peor del presente siglo, lo que a su vez puede sepultar las aspiraciones políticas de los republicanos, principalmente para DJ Vance y Marco Rubio, los principales presidenciables en 2028.
La desesperación de Trump es cada vez más notoria. Los países miembros de la OTAN han decidido no apoyar militarmente a Estados Unidos en la protección del estrecho de Ormuz, por lo cual ha amagado con la salida de la Unión Americana de esa organización que ese propio país impulsó en el contexto de la Guerra Fría.
El mandatario republicano ha tratado de fustigar a la OTAN, pero desde Europa se observa a Estados Unidos como un aliado poco confiable, y por ello han decidido organizarse entre sí para defender los intereses de la Unión Europea con el rearmamiento del continente, situación que no ocurría desde la Segunda Guerra Mundial.
Supuestamente Estados Unidos desempeñaría un rol de protección a los países europeos ante la amenaza soviética, pero en la actualidad Trump considera a la OTAN como una carga, por lo cual les ordenó incrementar su capacidad militar para no depender de la Unión Americana, lo que ha causado que los europeos decidan no apoyar a los estadounidenses.
Además, apenas hace unas semanas Trump amagó con anexarse a Groenlandia, pese a que es una propiedad de Dinamarca, uno de los miembros de la OTAN, por lo que las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea se encuentran en los peores niveles en el presente siglo.
Trump pensó que toda la comunidad internacional se sometería a sus designios, pero ha observado una resistencia real que se deriva de la incapacidad política de su gobierno de fortalecer las alianzas, pues desde Europa se analiza el fin de las alianzas que se conformaron desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Aunado a lo anterior, el panorama político para Trump se ha complejizado con una presión creciente en Estados Unidos para retirarse de Irán, lo que podría ser visto como una derrota militar y política para el gobierno estadounidense, dado que la principal fortaleza de la administración republicana había sido su política internacional.
Así, para Irán el desgaste será paulatino pero estarán dispuestos a luchar hasta las últimas consecuencias, mientras que el principal beneficiado en el conflicto es Israel, pues puede convertirse en la principal potencia regional, y con la posibilidad de que Netanyahu se mantenga en el poder al menos por otro periodo adicional.
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(*) Periodista, Doctor en Políticas Públicas y Humanidades (Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo) y articulista de Interés Público (Prensa Digital).
