
———- O ———-
Tu existencia es gris, adulta. Es lo que resta. La vida vence, te supera al minuto 49 de los años. Pareciera haber tiempo; falta la mitad del encuentro. Sin embargo, esta vez no puedes remontar. No sabes cómo. Los días son largos, cuesta arriba. La existencia se volvió un intercambio de tácticas en las que el rival es experto. Conservas un pizarrón con indicaciones donde los antiguos movimientos, las viejas estrategias, no funcionan.
No es nuevo encontrarte en una situación difícil. Ya antes has superado crisis emocionales, sequía de resultados, incertidumbre. Este partido es distinto. Se han marchado los mejores compañeros para vestir una nueva camiseta. Te piensas perdido. Debes cargar con el equipo, pero te sabes débil. Hubo días, en un pasado no remoto, donde las cosas marcharon cuesta arriba del mismo modo, situaciones donde, como Paolo Maldini, “querías dar la vuelta a la historia”. Lo lograste. En aquellos años, en los juegos de entonces fue posible.
Vuela la memoria. En una final de liga perdías, junto a tu equipo, 3 a 0. Aunque cobraron fuerza. Bastó el primer gol para iniciar la remontada. Fue cayendo un tanto tras otro de forma mágica, perfecta. Anotaste el 4-3 del triunfo, fuiste el salvador. La pelota quedó al alcance -como acto divino- tras un pase filtrado; estuvo allí, como si esperara desde el inicio de los tiempos. Recortaste al defensa y, con la pierna izquierda, la mala, en un momento de inspiración y gloria la mandaste a guardar. Épocas de sol. El cuerpo se movía solo. Como dijo Xavi Hernández, “la mente fue más rápida que las piernas”.
Ahora es otro tiempo, un mundo que se ha ido desgajando en las manos. Ahora tiene validez el comentario de Valdano: “el futbol es la cosa más importante entre las cosas menos importantes”. Lo constata tu situación. Ojalá se tratara de perder la postemporada, de no sobrevivir la semifinal y comenzar el torneo siguiente. Los problemas son distintos. Shankly afirmó: “El futbol es cuestión de vida o muerte”; quisieras que, ante tantas adversidades, bastara la voluntad para revertir el marcador, desearías alcanzar el triunfo furiosamente, como en la juventud.
¿Qué enseñanzas brindó el futbol, un deporte dramático, humano por imperfecto?, ¿que existen campeones sin corona?, ¿que la victoria puede ser para quien no la merece? “Cruyff era mejor que yo, pero yo fui campeón del mundo”, confesó Beckenbauer. Supiste, en un punto del camino, que si eras demasiado bueno surgiría la envidia, que habría compañeros de vestidor promoviendo discordias. Es inevitable. Aprendiste que si no eres el favorito de los dueños, del arbitraje, de cualquier oficina, todo estará en tu contra. Lo hizo saber Hristo Stoichkov: “Dios estaba con nosotros, pero el árbitro no”. Descubriste que, si te entregas demasiado a la fiesta, puedes destruir tu carrera como ocurrió con Neymar y que, al estilo de Cantoná, de vez en cuando es necesario confrontar a las mafias aunque tengas miedo y lanzar una patada anti-fascista hacia las gradas.
“Su odio te hizo imparable”, como a CR7. El deporte alecciona; hay rachas donde el gol no aparece y rachas donde se anda de suerte y se puede hacer un hat-trick. Gracias al futbol entiendes que, bajo presión, el mejor aliado es el orden, que dejarse consumir por la ansiedad sólo conduce al desastre. Ya lo afirmó Figo: “el futbol no perdona”.
Deseas virar, encontrar otra ruta; reconoces, a la manera de Pep Guardiola, que “no hay nada más peligroso que no arriesgarse”. Anhelas hacerlo. Pero fuera del campo es otro asunto. “Tus héroes eran jugadores de futbol”, como los de Ibrahimovich. Aquí no hay cancha ni espíritu deportivo, no hay héroes ni rivales. Murieron en los partidos de futbol ¿Hablar de lealtad, de justicia? Lejos quedó el fair play dentro de una sociedad enamorada del dinero que busca estafar, mentir, pisotear a los otros.
¿Dónde está el futuro? Tuviste que abandonar el futbol. Elegiste el retiro. Subiste de peso, te has vuelto lento, torpe. Perdiste el toque. Estás hundido en deudas, preocupaciones, al borde del divorcio. “Perdiste porque no ganaste”, según Ronaldo Nazario. Es terrible; en este cotejo no existe director técnico que busque motivarte. No hay un Dios que obsequie ocasiones frente a la portería; tus piernas no están frescas; se extinguió el hambre de gol. Requieres de un milagro, el mundo se mira gris, la oscuridad es honda. No sé si podrás remontar, pero mientras estés en el terreno de juego debes intentarlo. Quizá lo consigas. Nunca se sabe. Lo peor de todo, lo angustiante, es que en cualquier momento puede sonar el silbatazo final.
———- O ———-
(*) Escritor, Director del Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía (México) Posee una Maestría y un Doctorado con especialidad en imaginarios literarios y urbanos. Ganador del Concurso Internacional de Cuento de la Fundación Gabriel García Márquez, en Colombia (2019), entre otros.
