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Los últimos segundos
Fue como lo cuento, morro. Corrían los últimos segundos. Era la final del fucho rápido. El barrio de San Juditas topando con el de la Santa Muerte. Un desmadre. Unos vestidos de verde como la selección mexa, como la cancha sintética; otros de negro como la noche. En la grada había un chingo de rufianes, el puro bellaqueo, papito. Empatábamos a uno desde el segundo cuarto. Nadie lograba meter gol. En el campo llovían patadas, jalones, vergazos. Todos medio discretos, eso sí.
Entonces “el Vinicius”, el que vive en el número 26, vio venir un centro. No estaba a modo, le quedó alto. El compa no lo pensó. Saltó como pinche gato. Y que la prende de chilena el cabrón… así, como las que se aventaba Hugo, como las de Bale y Cristiano en la Champions… Pinche golazo, barrio. Los de acá nos quedamos pendejos. También los del otro barril. Estuvo de huevos. La mandó a guardar “al rinconcito, papá”.
Los de la Santa estábamos felices. Los de San Juditas se pusieron locos. Como el árbitro vio venir el pedo, en cuanto sacaron de media cancha silbó el final. “El Vini” le fue a festejar a la porra de esos perros, les hizo el bailecito de Ronaldiño. Los de San Juditas no aguantaron. Se prendieron todos. Fueron los últimos segundos, y no precisamente del partido. Cuando estaban los empujones, un morro le llegó al “Vini” por la espalda. Sacó el cuete, y sin que pudiéramos hacer nada, que detona a nuestro valedor. Nos tomó de sorpresa. Le voló la cabeza. Por allí quedaron regados los sesos, que tuvimos que limpiar por la mañana, después de las averiguaciones.
Se hizo la gritadera. Salieron las navajas, uno que otro plomo. Las camisetas estaban llenas de sangre. Estuvo del puto nabo, morro. Hubo muertitos y heridos. Nos calmamos porque en chinga llegó un operativo. Cayó un buen de puercos. Ahí terminó el coto. Fue un día chido y triste al mismo tiempo; el campeonato más pinche que hemos logrado. Festejo y velorio. Se bebió en las casas, en la calle y en las esquinas por ambos motivos. Principalmente por los muertos, claro está, que terminaron en dos por bando. En eso empatamos. Pero del que más me acuerdo y se acuerda la raza, es “el Vini”. Qué manera de brincar ese día, qué genio era el pinche moreno.
En el callejón tenemos un nicho con nuestros patronos: la Santísima, Malverde, San Ramón Nonato. No sé cómo, pero llegó hasta ahí una fotografía del “Vini”. Un santo más. Nuestro protector. Se lo merece el cabrón, que en paz descanse. Pienso que no debería haberse largado tan pronto de este mundo. Hay días que me da por pensar que saltó bien alto para saludar a San Pedro. Cada vez que uno pasa por la esquina, hay que persignarse ante él. Qué perro golazo metió esa vez.
Esto es futbol
La volea de Zidane, un soneto luminoso. Su ruleta, la metáfora perfecta. El gol de Maradona contra Inglaterra: poema de largo aliento. Los recortes de Messi, improvisación jazzística. La bicicleta de Ronaldo Nazario, elipsis cinematográfica. Los remates de Hugo, postales dignas del World Press Photo. La elástica de Ronaldiño, logradísima parábola. Los mejores partidos de Pelé y Cruyff, un concierto. El toque de Holanda y Barcelona: sinfonía. El salto de Biyik, la nota más aguda. La chilena de CR7 ante la Juve, obra impresionista. La salida de Beckenbauer, el preludio. Una final del Atlético de Madrid, la más helénica de las tragedias. El ingenio de Iniesta, Picasso. El dolor de los vencidos, la piedad de Miguel Ángel. La pasión y la gloria, el esplendor de lo estético, lo inesperado. La técnica. La inspiración. La belleza. El futbol es Arte.
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(*) Periodista, articulista de Interes Público, Escritor y Director del Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía (México)

