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En la Yacuiba de antaño —cuando el tren todavía marcaba el pulso del amanecer y el polvo colorado se levantaba como un saludo del viento chaqueño— nació, el 12 de mayo de 1948, Walter Carreón Villarroel. Hijo de Raúl Carreón y Albina Villarroel, chuquisaqueños que encontraron en el Gran Chaco un nuevo hogar tras la guerra, Walter creció entre historias, silencios, calor y horizonte: los cuatro elementos que más tarde serían la materia viva de su escritura.
Estudió en la escuela Cnel. Miguel Estenssoro, cuando todavía el borde de las aceras le quedaba alto, como si la ciudad quisiera enseñarle a mirar hacia arriba. Luego pasó por el colegio Hernán Siles Suazo, que más tarde llevaría el nombre de presidente Germán Busch. En 1967, mochileando ilusiones, dejó Yacuiba por primera vez, viajando hasta Sucre en la cima de un camión de carga. Poco después, La Paz lo llamó y allí estudió Arquitectura, oficio que lo formó en el arte de comprender espacios, sombras y estructuras. Pero fue la literatura —esa vocación que nace sin permiso— la que terminó ganando su corazón.
En noches tranquilas y tardes prestadas a la memoria, Walter comenzó a llenar cuadernos de notas: fragmentos de vida, escenas de Yacuiba, personajes reales y fantásticos, árboles que hablaban, silencios que miraban. De esas páginas nacieron sus primeras obras artesanales entre 2002 y 2004: Pequeñas historias singulares del Gran Chaco, Yacuiba de mi memoria y La chiguana.
Luego siguieron: Breverías (2012), De los loros y canarios (2014), Epifanías urbanas (2014), Las casas invisibles (2015), Biografías del alma (2024)
La suya es una literatura hecha a mano, con paciencia de artesano y con la emoción verdadera del que sabe que la memoria es un patrimonio tan frágil como infinito.
Su trabajo institucional también dejó huella cuando, desde el Gobierno Municipal de Yacuiba, registró un patrimonio arquitectónico que se desvanecía: Aproximación a la problemática patrimonial cultural material del municipio de Yacuiba (2016–2017). Libro I, Edificios invisibles del patrimonio chaqueño. La memoria del espejo vacío (2018). Libro II. Son obras imprescindibles para entender la arquitectura emocional y material del pueblo donde nació.
Hoy Walter vive en Yacuiba, su lugar verdadero en el mundo. Camina por sus calles con la serenidad del que conoce cada recodo y cada sombra; observa los cambios, rescata las historias que otros no ven, escucha el murmullo de árboles que la modernidad intenta olvidar. Desde allí escribe nuevos proyectos como El segundo paso, Una brevísima ucronía de Yacuiba e Historias de otro reyno, donde otorga vida propia a los árboles que fueron testigos silenciosos de generaciones enteras.
Quienes tenemos la fortuna de conocerlo sabemos que su mayor grandeza no es solo literaria, sino humana. Walter es un hombre bueno, de palabra limpia, de mirada franca y de sensibilidad transparente. Es buen amigo, de esos que escuchan sin apuro, que hablan con respeto y que acompañan con el corazón primero y con la razón después. Y es buen escritor, quizás uno de los más finos y sensibles que ha dado el Chaco boliviano, aunque la fama no lo haya perseguido —o quizá porque él nunca persiguió la fama.
Por eso su nombre está aquí, en este libro que celebra las Cosas de la Yacuiba de Antes, de Hoy y de Siempre. Porque pocos, muy pocos, han escrito a Yacuiba como él: con amor, con memoria, con dignidad y con esa ternura secreta del que pertenece a un lugar no solo por nacimiento, sino por elección del alma.
Walter Carreón Villarroel es parte de la historia viva de Yacuiba. Y es un honor decirlo: también es parte de lo mejor de su gente.
(*) Escritor Chaqueño.
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ULTREIA ET SUSEIA, WALTER CARREÓN. Por Fidel Carlos Flores (**)
Walter Carreón Villarroel, para mi gusto es un talentoso y brillante escritor, el mejor -sin duda- de su generación, nacido en Yacuiba (Gran Chaco) una ciudad fronteriza ubicada al sureste del corazón de Suramérica.
Es un cronista nato, y recreador de atmósferas, observador acucioso de contextos, pulcro, sensible y perfeccionista. Aunque no reconocido, ni valorado en su total dimensión.
Tiene estudios de arquitectura, por ello -considero- una esencia y mirada distinta, una habilidad entrenada para percibir el habitad construido y natural no solo por su estética, sino por su estructura, funcionalidad, luz y entorno histórico-social. Además, conserva una memoria privilegiada de expresión fluyente, claridad y buen ritmo narrativo.
Para fortuna mía, lo descubrí hace un par de décadas en libros que me enviaron, desde Bolivia: “La Chiguana”, “Pequeñas historias singulares”, “Breverías”, “De Loros”, “Yacuiba de mi memoria”, “Aproximación a la problemática patrimonial cultural material del municipio de Yacuiba”, entre otros.
En uno de sus últimos trabajos, se puede leer, en el prefacio: “Escribir algo respecto a la riqueza patrimonial de Yacuiba es adentrarse en su historia, en su riqueza cultural, en su identidad cultural, en sus usos y costumbres, que no solamente se remontan a la creación de la provincia Gran Chaco y su fecha de fundación, sino, especialmente, al legado de tiempos pasados como son las riquezas arqueológicas encontradas y recuperadas.
El desarrollo de los pueblos se halla indisolublemente ligada a los modelos de construcciones de viviendas, edificios, iglesias, cementerios, y restos arqueológicos, entre otras obras de arte, lo que conlleva a imaginar los modos, usos y costumbres vigentes en dichas épocas, los mismos que constituyen el testimonio vivo de la dinámica social” (mayo de 2017).
De él dijo Emilio Martínez (escritor uruguayo) que “Habita en el océano Chaco, un mar de tierra del Sur. Sin embargo, su obra es una literatura que no se agota en lo telúrico, sino que aspira a lo universal”.
Para Walter, la escritura no es un fin, sino una manera de transitar. No tiene forma fija, pero cuando se expresa su contenido es impecable, riguroso, ameno y auténtico. Por ello, todos sus libros son ampliamente recomendables.
¡Buen camino! y ¡Sigue adelante! amigo.
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(**) Periodista (EP.CSG) y economista (UAM-Azcapotzalco)
Yacuiba. Es una ciudad tropical del sureste de Bolivia (actualmente 125,000 habitantes, aprox.), departamento de Tarija. Capital de la provincia Gran Chaco. Localidad fronteriza, ubicada a 3 kilómetros de la República Argentina, a orillas (extremidad sur) de la Serranía del Aguaragüe. La provincia también colinda con Paraguay. En el Gran Chaco se encuentran las mayores reservas de gas natural de toda Bolivia y la segunda en Sudamérica después de Venezuela.
