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LA INTRINCADA POLÍTICA EXTERIOR DE MÉXICO EN AMÉRICA LATINA. Por Ignacio García (*)

Fidel Flores by Fidel Flores
febrero 12, 2026
in Artículos de Opinión, Prensa en General
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LA INTRINCADA POLÍTICA EXTERIOR DE MÉXICO EN AMÉRICA LATINA. Por Ignacio García (*)

———- O ———-
México ha sido un país solidario y amistoso en la comunidad internacional. La política exterior que ha caracterizado a la nación ha sido rasgo duradero a lo largo de las décadas, aunque en la actualidad su cercanía con Cuba ha generado una serie de amenazas y presiones por parte de Estados Unidos.

El gobierno de Donald Trump ha amagado con imponer aranceles a los países que destinen recursos petroleros a Cuba, por lo cual la administración de Claudia Sheinbaum cesó en la distribución de estos apoyos que se otorgaban desde hace años a la isla, para ayudar a esa nación ante el embargo económico que padece por parte de Estados Unidos desde hace décadas.
La presidenta Sheinbaum ha cambiado la política exterior. El giro del apoyo a Cuba se ha transformado, ha dejado de proveer petróleo a la isla, pero ha enviado apoyo humanitario a través de alimentos para la población que se encuentra en condiciones de pobreza extrema.
De esta manera, la mandataria mexicana mantiene el apoyo histórico que ha brindado México a Cuba y evita las sanciones económicas del gobierno estadounidense, sin embargo, la relación cercana y próxima que mantiene con el régimen de Miguel Díaz-Canel no es igual con el resto de las naciones de América Latina.

Los vínculos de México con otras naciones latinoamericanas han dejado de ser amistosos en algunos casos. En la administración de Andrés Manuel López Obrador el gobierno mexicano desconoció a Dina Boluarte como presidenta de Perú, al acusar que arribó al poder a través de un golpe de Estado en contra de Pedro Castillo—cercano a la corriente de Izquierda—y por ello dejó de mantener relaciones diplomáticas con esa nación.
La relación con Perú no ha mejorado con Claudia Sheinbaum, pues la mandataria federal ha criticado el sistema antidemocrático que prevalece en ese país y por ello el gobierno de José Jerí consideró a la presidenta mexicana como persona no grata.
La postura de abierta crítica al gobierno del conservador Jerí—completamente válido al haber ganado la contienda con una serie de irregularidades—no es el mismo que mantiene México en contra de otras naciones que mantienen similares poco democráticos como Venezuela, en donde López Obrador incluso se reunió con Nicolás Maduro.

Tanto López Obrador como Sheinbaum no sólo no desconocieron a Maduro, sino que lo reconocieron como presidente de Venezuela, pese a que ha provocado una crisis sistemática de violaciones permanentes a los derechos humanos en ese país.
De la misma manera, la política exterior de México, principalmente en los gobiernos emanados de la autollamada “cuarta transformación”, ha vacilado con respecto a las corrientes ideológicas que gobiernen en otras naciones, pues si hay coincidencia con presidentes de izquierda, mantienen una absoluta cercanía y colaboración, mientras que con los conservadores decide increparlos y cuestionarlos permanentemente.
Un liderazgo regional perdido por años

Después de la Revolución, México rápidamente se posicionó como uno de los principales exportadores de materias primas a nivel mundial. Se benefició de la Segunda Guerra Mundial a través del modelo de sustitución de importaciones que fue conocido como el “Milagro Mexicano”, que permitió crecimientos anuales de la economía de más del siete por ciento.
Mientras que la mayoría de los países latinoamericanos se enfrascaron en conflictos internos, guerrillas y golpes de Estado militares, México se ubicó como una economía atractiva para el escenario internacional, con el desarrollo de la industria petrolera y la promoción de la cultura mediante el cine de oro.

Así, México se posicionó como un líder regional en América Latina, como un país que se urbanizaba y exportaba diferentes productos, incluso internacionalizó su cultura mediante la televisión y por ello fue un referente para el cono sur del continente.
Sin embargo, con la debacle del Estado del Bienestar en la década de los setenta, México tuvo problemas de inflación, devaluación y desempleo, situación que produjo un cambio en la política exterior del país en la región, específicamente con el inicio del periodo neoliberal en la administración de Miguel de la Madrid.

La administración de Carlos Salinas fue más ambiciosa que sus predecesores. El ex presidente reconoció que uno de los principios fundamentales para acelerar la inversión externa fue mediante el acercamiento con otras naciones, principalmente con Estados Unidos, Canadá y Europa, mientras que dejó de entenderse con América Latina.
Las aspiraciones de Salinas se ceñían en convertirse en “un tigre asiático” como sucedió con China, Corea del Sur y Japón que se posicionaron como potencias económicas emergentes después de la Segunda Guerra Mundial, y para ello tenía que alejarse de América Latina.

La crisis económica, social y política de 1994 frustró esas ambiciones de Salinas, mientras que tanto Ernesto Zedillo como los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón mantuvieron el escaso contacto diplomático y comercial con América Latina, para priorizar sus relaciones económicas con Estados Unidos.
La política exterior de Enrique Peña Nieto fue errática, pues por un lado se alejó de Cuba, pero por el otro mantuvo relaciones económicas y comerciales con el peronismo en Argentina, pero sin mantener un posicionamiento real en las relaciones diplomáticas en América Latina.
La administración de López Obrador cambió el modelo de la política exterior de México con un reposicionamiento en la región, ya que abiertamente priorizó un acercamiento con América Latina, y aunque mantuvo las acciones de sumisión hacia Estados Unidos, intentó redireccionar el liderazgo de la zona.

No obstante, López Obrador tuvo una escasa presencia real en la región, pues tuvo pocas giras internacionales, siendo el presidente con menor cantidad de visitas internacionales desde la administración de Gustavo Díaz Ordaz, en tanto que Claudia Sheinbaum ha tratado de continuar con una política exterior más abierta.
Sheinbaum se ha reunido con los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; el saliente de Chile, Gabriel Boric; el de Colombia, Gustavo Petro, pero ha cuestionado constantemente a la administración de Javier Milei en Argentina, así como a José Jerí en Perú y a Nayib Bukele en El Salvador, en donde estos mandatarios se han caracterizado por impulsar políticas neoliberales en favor de los intereses de las élites empresariales.
Tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, la presidenta Sheinbaum criticó esa medida violatoria del Derecho Internacional, y acusó que se trató de una invasión, pero se ha alineado a los intereses de la Unión Americana.
El gobierno de Sheinbaum no ha alcanzado a articular una plena política exterior de liderazgo regional en América Latina, pues la zona se ha fragmentado y no existen condiciones para la unidad latinoamericana, dadas las recientes victorias electorales de la derecha conservadora que se ha sometido plenamente a los intereses estadounidenses.
Aunado a lo anterior, el secretario de Relaciones Exteriores (SRE), Juan Ramón de la Fuente, no se ha caracterizado por una política clara, activa y participativa en la región, ya que ha estado más enfocado a tratar de calmar los ánimos de los intereses de Trump en México.
La histórica relación de México con América Latina se encuentra en una situación de complejidad multilateral con diferentes intereses que cada vez ensanchan la posibilidad de integrar puntos de coincidencia en mecanismos de colaboración permanentes para la región.
———- O ———-
(*)
Periodista y Doctor en Políticas Públicas y Humanidades (Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo)

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