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BOLIVIA: LA INFILTRACIÓN Y TRAICIÓN COMO MONEDA DE CAMBIO

Fidel Flores by Fidel Flores
febrero 12, 2026
in Artículos de Opinión, Latinoamérica
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BOLIVIA: LA INFILTRACIÓN Y TRAICIÓN COMO MONEDA DE CAMBIO

1.Título original: “Radiografía de un célebre torturador al servicio del MNR (Movimiento nacionalista Revolucionario)”. Por Tomás Molina Céspedes (*) y 2.”Claudio San Román y el control político” Por José Antonio Loayza
———- O ———-
Se llamaba Claudio San Román, tenía nombre de santo, pero era un demonio para hacer “cantar” a los presos políticos. Don Claudio era el jefe del temible Control Político en tiempos del MNR y su nombre es sinónimo de arbitrariedad, tortura y muerte en nuestra triste historia política.
Claudio San Román La Fuente, nació en el pueblito cochabambino de K´arasa, hoy Santivañez, el 26 de noviembre de 1915, hijo de un carabinero que abandonó a su concubina y al niño, causándole a éste penurias y miserias en su infancia, quién por su aspecto de mulato desde pequeño fue conocido en su pueblo como el “negrito”. En su adolescencia Claudio sobrevivió en el abandono y durmió donde pudo, hasta que a la edad de 18 años apareció como soldado en la Guerra del Chaco, donde permaneció los tres años de la contienda distinguiéndose como un soldado valiente y temerario. En el Chaco Claudio conoció a Gualberto Villarroel y logró su simpatía y amistad. De la campaña del Chaco Claudio San Román fue evacuado con el grado de subteniente por su valor y participación en doce batallas e incorporado al ejército con el grado de teniente.
Nueve años más tarde San Román se acercó al Presidente Gualberto Villarroel, quién le consiguió una beca de estudios en Panamá para hacer un curso de espionaje y contraespionaje a cuyo término trabajó en el Ministerio de Gobierno. En ese tiempo San Román se relacionó con Víctor Paz Estenssoro y otros líderes del MNR que eran aliados de Villarroel y su gobierno, en el que Paz era Ministro de Hacienda.
Caído el gobierno de Villarroel, Claudio San Román fue dado de baja y estuvo exiliado algún tiempo en Roboré, para después trabajar en la embajada americana en tareas de inteligencia.
Con el triunfo del MNR y la toma del poder por este partido el 9 de abril de 1952, Claudio San Román fue nombrado por el Presidente Paz Estenssoro primeramente como su jefe de seguridad y después como Jefe del Control Político.
La misión de San Román no sólo era la de controlar a los opositores falangistas, sino también a los propios militantes del MNR que mostraran algún grado de disidencia con su jefe Paz Estenssoro.
Con la experiencia adquirida en la guerra, el gobierno de Villarroel, su Curso en Panamá y su total sumisión a Paz Estenssoro, San Román se convirtió en el represor principal del MNR y planificador implacable del terror movimientista contra la oposición en todos sus colores. Así, bajo su égida se instalaron campos de concentración en los lugares más inhóspitos del altiplano, cárceles y centros de tortura, donde se pisotearon los derechos humanos de todos los que pensaban diferente al Jefe de la revolución.
El terror que se desató en Bolivia entre 1952 y 1956, principalmente, lleva el sello de San Román, un apellido santo que quedó grabado en el cuerpo y la mente de sus múltiples víctimas. (En la fotografía al fondo a la derecha San Román)
En 1960, al recuperar el poder Paz Estenssoro nuevamente encumbró al verdugo en las máximas instancias de la represión.
Se dice que la sola presencia de San Román en las celdas de interrogatorio del Control Político helaba la sangre y conmovía de terror a sus víctimas. San Román tenía la fama de hacer hablar incluso a los sordomudos.
El 4 de noviembre de 1964, cuando cayó el MNR y Paz Estenssoro logró escapar a Lima, el pueblo asaltó la casa de San Román y con espanto encontró en el sótano de su terrorífica mansión SEIS celdas con instrumentos de tortura. Resulta que el inquisidor, fanático como era de su sanguinario oficio, se llevaba trabajo a casa, donde aliado con las sombras de la noche hacía “cantar” a sus desdichados huéspedes.
Aquel 4 de noviembre San Román logró escapar de la furia popular y asilarse en la embajada del Paraguay, país en el que vivió como exiliado hasta agosto de 1985 cuando regresó al país, al amparo de su antiguo jefe Paz Estenssoro que ese mes fue posesionado por cuarta vez como Presidente de Bolivia.
Se cuenta que la vida de San Román no fue nada aburrida en la capital paraguaya a donde con frecuencia llegaban sus paisanos, de todos los colores políticos, exiliados de los gobiernos militares con los que siempre era posible intercambiar impresiones y lamentos.
En 1965 la totalidad de los partidos políticos que habían participado en el derrocamiento del MNR, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, creyeron haber conquistado el poder y reclamaron su cuota de poder al nuevo inquilino del Palacio Quemado, sin ser escuchados ni tomados en cuenta para nada. El Gral. Barrientos se volvió sordo, ciego y mudo antes tales peticiones y formó su propio partido, el MPC, desatando la furia de toda la gama opositora que unió fuerzas para atacarlo y no dejarlo gobernar. Entonces Barrientos perdió la paciencia y ordenó una redada total de opositores, sin distinción de colores ni doctrinas, y los exilió al Paraguay. Así, por primera vez en la historia política de Bolivia, un abigarrado inventario de opositores -falangistas, movimientistas, praistas, prinistas, comunistas, trotskistas, democristianos, socialcristianos, etc. – compartieron el duro pan del exilio.
El escritor Raúl Botello hizo conocer una sabrosa anécdota de aquel heterogéneo exilio. Resulta que, uno de los exiliados era un dirigente minero de apellido Escobar, famoso por sus espectaculares fugas; se había fugado de las mismísimas celdas del Control Político, de San Pedro e incluso de la Isla de Coati, por lo que era el compañero más prestigioso y respetado de la triste paisanada boliviana. Y, ocurrió la tragedia, ese compañero que se había salvado mil veces del peligro, se había dormido con el mechero encendido y fue encontrado muerto de asfixia en su cuartucho de alquiler. El dolor y pesar alcanzó a todos que se dieron cita en el cementerio sin distinción de colores políticos. Allí estaban todos y cuando se decía la oración fúnebre, antes de empujar el cajón a la morada final, los pasos apresurados de alguien que llegó atrasado llamó la atención de todos. Volcada la vista en esa dirección se toparon con el rostro cetrino del mismísimo San Román, que se detuvo ante la sorpresa que causó su presencia. Allí a pocos pasos del nicho, teniendo su sombrero entre las manos, don Claudio musitó una oración. Terminado el servicio, la horda salvaje con el dolor fresco se dirigió hacia el verdugo para ajusticiarlo allí mismo. Alguien, antes de lanzar el primer puñete le gritó a San Román, “¡A qué viniste! ¡Perseguiste a nuestro camarada toda una vida y ni siquiera a la hora de su muerte lo dejaste tranquilo!
San Román pidió a gritos le permitan una explicación, pidió ser oído y se justificó diciendo: “ASÍ COMO USTEDES VINIERON A DESPEDIR A SU MEJOR CAMARADA, YO VINE A DESPEDIR A MI MEJOR AGENTE”, dejando atónicos a todos…
Dijimos que don Claudio volvió a Bolivia en agosto de 1985. Al respecto, Gerardo Irusta en su libro “ESPIONAJE Y SERVICIOS SECRETOS EN BOLIVIA”, en la Pág. 158, dice: “El año 1987, cuando lo conocí, el viejo general se encontraba tramitando dos beneficios del Presidente Víctor Paz Estenssoro: Primero que se lo ascienda al grado de General de División en el Ejército y segundo, que se le paguen daños y perjuicios porque una casa que tenía en la zona de Sopocachi fue convertida en un establecimiento educativo cuando cayó el 4 de noviembre de 1964. Ambos beneficios le fueron concedidos por orden expresa del Presidente Paz Estenssoro. Le fueron pagados además los SUELDOS QUE HABÍA DEJADO DE PERCIBIR POR SU PROLONGADO EXILIO (que ha debido ser una millonada). En el dosier personal del Gral. San Román se encuentra tanto la resolución del Senado Nacional, como la Resolución Suprema firmada por el ex Presidente Víctor Paz Estenssoro concediéndole ese ascenso al Gral. San Román. Todo se hizo en el más absoluto secreto y muy pocos sabían y conocían que estos últimos beneficios le fueron otorgados al ex Jefe del Control Político. No se puede decir que el Dr. Víctor Paz Estenssoro haya sido ingrato con uno de sus más importantes pilares de poder en los tiempos de la Revolución Nacional, aunque San Román nunca más haya podido volver a lucir su uniforme con entorchados de General de División”.
Por lo señalado don Claudio murió rico y llegó a la morada final con los galones de General de División del ejército boliviano.
(*)
Escritor y docente de la Universidad Mayor de San Simón y Universidad Católica Boliviana
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CLAUDIO SAN ROMÁN Y EL CONTROL POLITICO. Por José Antonio Loayza (septiembre de 2018)
Tenía 15 años, cuando observé desde el faro de Conchupata de Oruro, el avance de las fuerzas del Ranger por el cañadón de Sorasora para evitar la llegada de los mineros que venían de Siglo XX. Le pregunté a uno de mi lado qué ocurría y me respondió, que Paz Estenssoro insistía en prorrogarse en el poder, seguro tiene algo que ocultar. ¡Qué podía ocultar! Después del 4 de noviembre de 1964, nos enteramos que muchos hechos de ocultaron bajo la alfombra corruptible del Control Político de La Paz, y además un nombre: ¡Claudio San Román!
En uno de mis viajes a La Paz, tuve la curiosidad de conocer la casona de la calle Potosí y Yanacocha, al verla no me pareció nada señoreada pero si inquisitoria, allá funcionó el Control Político del MNR desde el 23 de junio de 1953, su jefe tenía nombre de mártir y de santo: Claudio San Román, nació en Caraza el 26 de noviembre de 1913, creció pobre, le decían el “negrito”, para evitar su miseria trabajó como lustrabotas, combatió en la Guerra del Chaco y obtuvo el grado de subteniente. Su amigo J. Escobar le consiguió trabajo en el Departamento de Investigación Especial, viajó becado a los EE.UU., con el grado de teniente de Ejército. Más tarde el Presidente Villarroel, hizo que una misión norteamericana lo contrate y se perfeccione en los métodos de espionaje y contraespionaje para controlar los trajines de la Embajada alemana. Se amistó con Paz Estenssoro que era Ministro de Hacienda, y cuando fue Presidente y él coronel, recibió instrucción en torturas físicas y sicológicas durante el régimen peronista argentino, igual que el chileno Luis Gayan Contador, o el español Francisco Lluch, entre otros.
Para conocerla crucé el zaguán y llegue al patio. Oí que en la planta baja había celdas donde “ablandaban” a los enfurecidos con duros suplicios antes de subirlos al segundo piso de largos corredores con balcones de hierro forjado y ventanas cubiertas para que no se escuchen los gritos, y que Dios me perdone pero sé que había ancianos y mujeres y mucha gente asustada y recién capturada para ser torturada. La primera sala tenía una silla de penitencia, donde las tenazas hacían su ritual sangriento de desuñado o desdentado en medio de gritos espantosos. Al fondo estaba la cámara de gases donde se encerraba a los que se resistían a revelar sus secretos, se les soltaban gases lacrimógenos, o fétidos, o vomitivos, o los que hacían reír hasta destrozar su sistema nervioso. En otra sala de amplias proporciones, estaban los aparatos destinados al castigo de los detenidos reacios a contestar las preguntas. El potro del tormento, la infaltable picana eléctrica, o los fierros caldeados al fuego. El “chanchito”, donde el pecho y la cara se cubría de vidrios rotos por el propio peso. En el rincón un camastro para las violaciones, una prensa para las sienes, un generador con terminales para los senos o testículos, una “roldana” para alzar al detenido de los pies y sumergirlo entre pataleos en un turril. En un recinto especial llamado “Cuartito Azul”, se bañaba al preso que no soportaba el castigo y se lo dejaba toda la noche desnudo y con el agua hasta el cuello. El tercer piso estaba destinado a las oficinas y almacén, donde se revisaba la correspondencia sustraída del Correo, y también los libros y folletos calificados como propaganda comunista o falangista por el experto español Francisco Lluch. Había en ese piso, un corredor para las prácticas de tiro de los agentes del Control Político, eso servía para simular fusilamientos y arrebatos nerviosos. ¡Así funcionaba en medio de la ciudad y la modernidad, la Santa Inquisición del MNR!
Y mientras el agente de la CIA, Philip Agee, preparaba espías en el Canal de Panamá, con el fin de regarlos como yuyos por todo Sudamérica, el Presidente reincorporó mediante el DS 2221 del 23 de octubre del 52, a varios jefes militares simpatizantes al Gobierno para que se adhieran a la temible maquinaria de represión dirigida por el mayor Claudio San Román, a la que se incluyó el mayor Luis Gayan Contador, el mayor Prudencio, el mayor Julián Guzmán Gamboa, y otros mayores de la tortura. Y desde ese silencioso encierro, y con el fin de custodiar a los que activaban su ideología perdidiza, se crearon los campos de concentración en Curahuara de Carangas, Corocoro, Catavi y Uncía, gracias al consejo de los matones extranjeros dirigidos por el alemán Wolf, un experto formado en la Gestapo, que confundía arrullo con arrollar; o Klaus Barbie, nacionalizado boliviano en 1952, pese a ser conocida su condena a muerte dictada en 1947 por ser el “carnicero de Lyon”, que decían era tierno porque les hablaba a sus víctimas como si les dijera secretos de amor antes de vejarlos.
San Román armó el aparato de represión mejor organizado y de acuerdo a las pautas del FBI, tanto en las técnicas de persecución humana, como el martirio y castigo con violencia extrema a sus enemigos políticos. Fue el creador de la policía política que fusionó otras técnicas de tortura de la Checka rusa y la Gestapo alemana. Modernizó los sistemas de control de archivos de seguimiento o información de cada ciudadano, de las asociaciones, sindicatos, empresarios, comerciantes, incluso de los militantes del partido o de la oposición. Contaba con un presupuesto altísimo que salía del Estado a través del ítem: “Gastos Reservados”. En el periodo del año 64 se asignó a este capítulo, 232 mil millones de bolivianos, que era manejado íntegramente por San Román, y 52 millones que recibía para pago de sueldos mensuales a los milicianos; más 4.500 dólares que se le entregaba por orden expresa del presidente de la república. El Control político empezó en 1953 sólo en La Paz, con un total de 150 agentes, y aumentó hasta llegar en 1964 a 600, sin contar confidentes y soplones que no ganaban sueldos pero si jugosas comisiones, al igual que las prostitutas, peluqueros, lustrabotas, taxistas y otros, por ser los escuchas y delatores de los potenciales enemigos del gobierno. Para San Román tener sus celdas llenas era su mayor satisfacción, solía gritar a sus esbirros que a su retorno quería ver por lo menos algunos dientes de los presos en el piso.
Cuando Paz Estenssoro cayó, el 4 de noviembre de 1964, San Román se asiló en la Embajada del Paraguay, y la casona del Control Político fue ocupada por las fuerzas militares que tomaron los documentos y el sistema de fichaje que fue trasladado al Departamento Segundo de Inteligencia del Ejército. A su retorno en 1986, San Román reclamó al nuevamente elegido presidente Paz Estenssoro, la devolución de su casa en Sopocachi convertida en entidad educativa, su ascenso al grado de general de división en el ejército, y el pago de sueldos que dejó de percibir durante su exilio. Murió en 1992, de muerte natural, su entierro fue sencillo después de haber tenido grandes situaciones de poder.
Al alejarme de la casona busqué una frase de sosiego, pero nada resuelve el ayer. Las tropillas de derecha o de izquierda alborotan pero no modifican nada. Los gobiernos de restauración, de cambio, o de reforma, sólo colocan cencerros al cuello de los arreados que marchan hacia los sueños lúcidos y vanos sin ver que tras de ellos se oculta la mutación cada vez más perversa de la publicitada democracia, y la gente grita su alocamiento mientras el país anda con la Constitución despreciada, y todo, porque no aprendimos hasta hoy que la ley vale por la voluntad del soberano y no por la violencia del poder. ¿Cómo conservar nuestra dignidad con esa disimetría que nos desciende y no nos trasciende? Somos un país de complejidades, de rencores antiguos y de menosprecios, pero ya es tiempo de hablar con el poder que nos da el derecho no de la justicia sino de la altitud humana: Nos han preguntado y hemos hablado una vez, y hemos hablado no con los ojos ni los sentidos cerrados, hemos hablado por encima del terror y del tiempo, y el mundo ya conoce el dictamen final y constitucional del soberano.
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