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SOBRE EL DISCURSO DE MARK CARNEY: LA POLÍTICA DE LOS AFECTOS. Por Humberto Del Pozo López (*)

Fidel Flores by Fidel Flores
enero 27, 2026
in Artículos de Opinión
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SOBRE EL DISCURSO DE MARK CARNEY: LA POLÍTICA DE LOS AFECTOS. Por Humberto Del Pozo López (*)

—Potencia de Actuar, Trauma Histórico y la Encrucijada Civilizatoria
———- O ———-
Introducción: La Peste Geopolítica y la Batalla por la Potencia de Actuar
Cuando Gilles Deleuze advirtió sobre un mundo que nos comunica “afectos tristes”, describió no solo un malestar psicológico, sino la neurobiología del orden internacional contemporáneo. La rivalidad entre grandes potencias, la weaponización (utilización como arma) de la interdependencia y el espectáculo depredador de la geopolítica moderna son máquinas generadoras de afectos tristes a escala civilizatoria, disminuyendo colectivamente nuestra potentia agendi o potencia de actuar. En este contexto, los discursos de Mark Carney y la praxis de Jacinda Ardern no son solo estrategias políticas alternativas, sino experimentos radicalmente distintos en inmunología psíquica colectiva. Uno busca construir fortalezas contra la peste; el otro, sanar la herida que nos hace vulnerables a ella.

I.La Lógica Kurgan: El Código Genético de la Dominación Patriarcal-Estatal
Antes de profundizar en el trauma histórico, debemos definir la lógica kurgan, concepto fundamental que atraviesa este análisis. Los kurganes son túmulos funerarios de las culturas esteparias que se expandieron desde las estepas póntico-caspianas hace aproximadamente 6.000 años. Pero más que una referencia arqueológica, la “lógica kurgan” representa el patrón civilizatorio fundacional del patriarcado guerrero que hoy domina nuestras estructuras políticas.
Esta lógica se caracteriza por:
1.La domesticación como dominio: Primero del caballo (movilidad bélica superior), luego de las mujeres (control reproductivo) y finalmente de los territorios. La domesticación no es cuidado, sino expropiación de la agencia ajena para el beneficio del dominador.
2.El saqueo como motor económico: La acumulación primitiva mediante la rapiña sustituye a la producción comunitaria. La riqueza se mide por lo que se puede tomar, no por lo que se puede crear en cooperación.
3.La ritualización de la propiedad absoluta: Los sacrificios humanos en los túmulos (esposas, esclavos enterrados vivos con el guerrero) no eran actos de honor, sino performances de propiedad que trascendían la muerte. El cuerpo del otro como posesión desechable.
4.La verticalización jerárquica: Surge la casta guerrera masculina como estrato dominante, institucionalizando la desigualdad como orden “natural”.
Esta lógica no quedó en las estepas. Fue el virus civilizatorio que infectó sucesivos órdenes sociales, mutando en el Estado patriarcal, el colonialismo, el capitalismo extractivo y la geopolítica depredadora contemporánea. Es el código operativo no consciente que estructura lo que hoy llamamos “realismo” en relaciones internacionales.
II.La Herida Originaria: El Trauma Fundacional del Estado Patriarcal
La lógica kurgan instauró lo que Franz Ruppert identificaría como la tríada fatal a nivel civilizatorio:
1.No ser deseado: Los pueblos conquistados, los modos de vida comunitarios, la conexión simbiótica con la tierra dejan de ser legítimos en el nuevo orden.
2.No ser amado: La relación se sustituye por la dominación; el cuidado por la extracción.
3.No ser protegido: El Estado protege la propiedad, no la vida; la acumulación, no la reproducción.
Este trauma originario generó, siguiendo el modelo de Ruppert, una fragmentación psicosocial masiva:
-La Parte Sana Civilizatoria: Representada por los resabios de lógicas del cuidado, las prácticas comunitarias que sobrevivieron, la biología del amor que persiste.
-La Parte Traumatizada Histórica: Donde se encapsula el terror de milenios de conquista, la rabia de la expropiación, el dolor del genocidio.
-Las Estrategias de Supervivencia Sistémicas: Hipervigilancia geopolítica, acumulación compulsiva, desconexión emocional institucionalizada.
III. El Cuerpo Geopolítico Lleva la Cuenta: La Neurocepción Distorsionada del Sistema Internacional
La teoría polivagal de Stephen Porges nos ofrece una metáfora poderosa: el sistema internacional tiene su propia neurocepción distorsionada. Tras siglos de lógica kurgan, percibe el mundo como inherentemente amenazante, operando predominantemente desde:
-El estado simpático de lucha/huida: La carrera armamentista, las sanciones como arma, la retórica belicista, la ansiedad estratégica crónica.
-El estado vagal dorsal de colapso: La apatía ante crisis globales como el cambio climático, la desconexión burocrática, la resignación fatalista.
Como señala Bessel van der Kolk, “el cuerpo lleva la cuenta”. El cuerpo político colectivo lleva la cuenta en sus instituciones rígidas, en sus rituales vacíos de significado (los “carteles en la ventana” de Carney), en su hipervigilancia securitaria. La energía social, nuestra potencia de actuar colectiva, se agota en mantener estos estados defensivos, dejando poco espacio para la creatividad política, la cooperación genuina o la construcción de futuros compartidos.
IV. La Clausura Operacional Violada: El Trauma Transgeneracional de la Conquista
Humberto Maturana y Francisco Varela nos enseñan que un sistema vivo mantiene una clausura operacional, autoproduciéndose. La violación autopoiética del trauma colonial sigue operando hoy. Los “Órdenes del Amor” que Bert Hellinger identifica en los sistemas familiares tienen su equivalente en los órdenes civilizatorios:
-Pertenencia violada: Pueblos enteros excluidos del relato oficial, memorias suprimidas.
-Jerarquía distorsionada: La superioridad civilizatoria como mandato inconsciente.
-Desequilibrio sistémico: La deuda histórica nunca reconocida ni compensada.
Este desorden genera lealtades invisibles transgeneracionales. Como sugiere la epigenética del trauma, las marcas de la conquista no son solo culturales, sino biológicas, transmitiéndose a través de generaciones tanto en los descendientes de víctimas como de victimarios. Rita Segato lo expresa claramente: la violencia patriarcal es un “crímen expresivo” destinado a comunicar y reforzar jerarquías. La geopolítica actual, con sus performances de dominio, es la continuación de este ritual traumático.
V. Mark Carney (Primer Ministro de Canadá): Administrando la Neurosis Sistémica desde la Lógica Kurgan Adaptada
El diagnóstico de Carney es impecable desde esta perspectiva: reconoce que estamos en medio de una ruptura autopoiética del orden liberal. Su respuesta, sin embargo, es fundamentalmente una estrategia de supervivencia dentro del sistema traumatizado. Propone:
-Fortalecer las defensas del ego estatal: Autonomía estratégica, resiliencia nacional.
-Negociar desde la hipervigilancia calculada: Realismo basado en valores.
-Formar alianzas desde la desconfianza administrada: Geometría variable, ojos abiertos.
Es la terapia cognitivo-conductual aplicada a las relaciones internacionales: gestionar mejor los síntomas sin abordar el trauma subyacente. Carney quiere que Canadá y las potencias medias desarrollen “mejores estrategias de supervivencia” sin cuestionar la lógica depredadora que hace necesaria la supervivencia. Es un proyecto de adaptación inteligente a la neurosis sistémica, no de curación.
Notablemente, Carney acepta el marco kurgan de competencia por recursos pero intenta humanizarlo con valores liberales. Su llamado a “construir fuerza en casa” reproduce la lógica de la fortaleza, aunque busca compartir sus costos. Es la versión ilustrada del guerrero estepario: acumula recursos, teje alianzas estratégicas, pero mantiene intacta la premisa de que el mundo es un lugar peligroso donde solo los fuertes sobreviven.
VI.Ardern: El Intento de Reconexión Autopoiética más allá del Kurgan
Jacinda Ardern, en contraste, operó desde lo que podríamos llamar principios de terapia somática aplicada a la política, intentando trascender la lógica kurgan:
1.Crear seguridad neuroceptiva colectiva: Su presencia calmada después de Christchurch, sus transmisiones pandémicas desde casa, crearon las condiciones para que el sistema nervioso social accediera al estado de conexión y seguridad. Restauró temporalmente el circuito vagal ventral de la política.
2.Reintegrar las partes fragmentadas del cuerpo social: Al negarse a nombrar al terrorista, mantuvo el foco en las víctimas y la comunidad afectada. No dividió entre “nosotros” y “ellos”, sino que tejió pertenencia inclusiva (simbolizada en el hiyab). Facilitó un “diálogo interno” nacional que permitió acción rápida y cohesionada.
3.Honrar los órdenes del amor en el espacio público: Reconoció el dolor sin instrumentalizarlo, honró a los muertos sin espectáculo, y al renunciar, respetó los límites naturales del ciclo vital del liderazgo, desafiando la patología del guerrero sacrificial.
Ardern intentó, en esencia, aplicar la “biología del amor” de Maturana a la gestión del Estado. Su contrahegemonía del cuidado fue un experimento en restaurar la clausura operacional saludable del sistema político: uno que se autoproduce desde la conexión, no desde la defensa. Fue un acto de resistencia civilizatoria contra seis mil años de lógica kurgan.
VII. El Kurgan Moderno: Gaza como Performance del Trauma No Resuelto
La guerra en Gaza representa la actualización más cruda de la lógica kurgan en el siglo XXI. No es solo un conflicto geopolítico, es una performance ritual del sacrificio masivo donde:
-Los cuerpos palestinos son las “esposas sacrificadas” modernas: Deshumanizados, convertidos en símbolos desechables para afirmar dominio.
-La destrucción de hospitales y escuelas son los “túmulos contemporáneos”: Monumentos al poder de aniquilar la vida reproductiva y el futuro.
-El espectáculo mediático justificador es el “ritual sacralizador”: La narrativa que convierte el sacrificio en necesidad estratégica o legítima defensa.
Esta es la lógica kurgan industrializada, con bombas de precisión en lugar de espadas, pero con la misma mentalidad depredadora: el otro como objeto a dominar, poseer o eliminar. El trauma no resuelto de la conquista colonial se repite compulsivamente, transmitiendo afectos tristes a escala global.
VIII. La Síntesis Necesaria: Hacia una Inmunología Psíquica Geopolítica Post-Kurgan
La verdadera transformación para las potencias medias —y para la comunidad internacional— requiere superar la falsa dicotomía entre realismo y cuidado. Necesitamos una política informada por la ciencia del trauma y la neurobiología de la conexión.
Un “realismo del cuidado” enriquecido neurobiológicamente implicaría:
1.Reconocimiento del trauma histórico kurgan: Admitir que nuestras instituciones internacionales llevan el ADN de la dominación esteparia. La OMC, la ONU, el FMI no son neutrales: son estructuras diseñadas por y para la lógica del saqueo institucionalizado.
2.Diplomacia de la reparación neuroceptiva: Diseñar espacios diplomáticos que activan seguridad relacional, no alerta defensiva. Negociaciones en entornos que estimulan el sistema nervioso parasimpático (naturaleza, círculos de diálogo, rituales de conexión).
3.Políticas exteriores de reintegración: En lugar de la división binaria (aliados/enemigos), reconocer el trauma múltiple en conflictos. Una política exterior canadiense verdaderamente transformadora buscaría sanar, no explotar, las fracturas coloniales heredadas.
4.Soberanía como interdependencia cuidada: Redefinir la autonomía estratégica no como fortaleza aislada, sino como capacidad de contribuir y recibir cuidado en redes internacionales resilientes. La verdadera seguridad surge de la confianza, no del muro.
5.Cultivar la tríada sanadora en la cultura política: Amor (como biología de la aceptación del otro), Humor (como antídoto a la rigidez ideológica) y Poesía (como lenguaje para resimbolizar nuestro contrato social). Como dice el terapeuta del texto: “el truco no es apagar la alarma, sino aprender a diferenciar entre un incendio real y el humo de hace cuarenta años”.
Del Ciclo Traumático Kurgan a la Fluidez Autopoiética
Mark Carney nos enseña a navegar inteligentemente un mundo gobernado por la lógica kurgan. Jacinda Ardern nos mostró que podemos comenzar a sanar esa lógica desde dentro de las instituciones. La neurobiología del trauma nos revela que ambas son necesarias, pero insuficientes por separado.
Las potencias medias están en una posición única para liderar este giro civilizatorio. Pueden, si se atreven, cultivar lo que podríamos llamar “neutralidad terapéutica geopolítica”: la capacidad de contener los afectos tristes del sistema sin identificarse con ellos, facilitando procesos de reconexión autopoiética.
El verdadero poder en el siglo XXI no se medirá por la altura de los muros, sino por la capacidad de afectar y ser afectado por alegrías compartidas. No por la resistencia al contagio de afectos tristes, sino por la generación de epidemias de afectos alegres que aumenten nuestra potencia colectiva de actuar.
“Ojalá no se te pase la vida sin el gusto de conocerte”.
A nivel civilizatorio, este conocimiento implica reconocer el kurgan en nuestro interior colectivo—esas estructuras mentales y políticas que normalizan la dominación como “realismo”—y atrevernos a reorganizarnos desde la biología del amor. En esa batalla neurobiológica, somática y política reside la posibilidad de un futuro que no sea simplemente la repetición traumática del pasado, sino el florecimiento de algo genuinamente nuevo: una política post-kurgan.
———- O ———-
(*) Terapeuta chileno.
Fuente: https://www.facebook.com/humbertodelpozolopez0/

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