
–Carreras terminadas en una semana
–El suicidio, única salida
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CDMX (1 de Abril 2025). El uso irresponsable de las redes sociales, campañas de linchamiento y una turba virtual enardecida, que responde a acusaciones sin pruebas sólidas que comprueben los hechos que pesan sobre “los presuntos culpables”, rompen toda dimensión de los escándalos hasta terminar en tragedia.
Este primero de abril se cumple un año más del suicidio de dos personajes, importantes y conocidos en sus respectivos ámbitos, que fueron acusados y linchados en las redes sociales, con denuncias anónimas -en un caso-, y con relatos tergiversados y sacados de contexto -en el otro-, que llevaron a la desesperación y el ver en el suicidio, la única salida.
Nos referimos, en México, al caso de Armando Vega-Gil, mejor conocido como “El Cucurrucucú”, quien fue bajista y fundador de “Botellita de Jerez”, uno de los grupos más representativos del rock mexicano; del mismo modo, fue escritor, fotógrafo, guionista de radio y televisión, así como promotor de arte urbano.
Gran parte de su trabajo se centró en producir material para niños y adolescentes, entre ellos una serie de libros, y al ser acusado de acoso sexual a una niña de 13 años, en un par de semanas perdió toda credibilidad, las editoriales retiraron sus obras de los anaqueles, varios reporteros que se decían sus amigos no le dieron voz para defenderse y al ver todo perdido, decidió terminar con su vida.
Otro caso, pero solo con algunos años de diferencia fue el de Ed Piskol, dibujante e ilustrador estadounidense, que debido a un escándalo fundamentado en capturas de pantalla de un diálogo que tuvo durante la pandemia y el encierro con una menor de edad -17 años-, en menos de dos semanas perdió contratos, fue despedazado en las redes, cancelado y censurado, visto como un monstruo y de igual forma, al ver todo perdido, optó por el suicidio.
ARMANDO VEGA-GIL, ACOSADOR DE MENORES (¿?)
Un post excelentemente redactado levantó las pasiones y comenzó el tsunami, una denuncia anónima en #MeTooMusicosMexicanos, reveló que una mujer fue acosada por Vega-Gil, cuando ella tenía 13 años y él 50. En los siguientes posts, señaló que el músico la veía con morbo, y ella por la edad no podía entender las miradas lascivas, luego aseguró que el acoso siguió por medio de mensajes de texto, donde la invitaba a su casa “para enseñarla a besar”.
Esta denuncia anónima levantó la indignación y posterior linchamiento mediático; sin que valiera la presunción de inocencia, Vega Gil fue juzgado y declarado culpable; los medios de comunicación en los que había colaborado le negaron espacios para defenderse, reporteros a los que había atendido le dieron la espalda, numerosas mujeres en ámbitos públicos como la música, intelectuales y el espectáculo, apoyaron la denuncia.
Gradualmente, las editoriales retiraron sus libros de las estanterías, sus colaboraciones en la televisión pública fueron canceladas y se vio en un callejón sin salida; en varias comunicaciones con gente cercana, El Cucurrucucú se mostró agobiado, desesperado y sabía a la perfección que 40 años de carrera se habían ido por el caño; si su trabajo iba dirigido al público infantil y juvenil, los efectos de la denuncia anónima eran devastadores pues ya no tenía credibilidad.
El 1 de abril de 2019, subió una larga carta al entonces Twitter, donde explicaba que no tenía caso seguir peleando por demostrar su inocencia, ya que era una lucha imposible de ganar; decidió ahorcarse en un árbol en el patio de su casa en la Colonia Narvarte de la Ciudad de México, donde se suicidó a los 64 años de edad.
Apeló a la libertad que tenía para terminar con su vida, y en base a esa libertad, pidió que no se culpara a nadie por su muerte, ya que era su decisión. Su muerte impactó a la sociedad mexicana, quien ahora sí consideró la necesidad de profundizar en las pruebas y que sustentaran una acusación, pero era ya muy tarde.
Durante sus funerales, Francisco Barrios “El Mastuerzo”, otro de los fundadores de “Botellita de Jerez”, anunció el fin de la banda, ya que “sin Armando, no puede existir Botellita”. Entre las figuras públicas que desde un principio apoyaron a Vega-Gil, estuvo la también finada Carmen Salinas, quien criticó las denuncias anónimas, después de muchos años y sin pruebas que lo sustentaran…
“Mi vida está detenida, no hay salida. La única salida que veo frente a mí es el suicidio, así que me decido por ella”.
Fragmento de la carta subida a Twitter
ED PISKOL Y LAS CAPTURAS DE PANTALLA
Piskol fue un dibujante de cómics con un estilo alternativo, que gustó a la gente y que a lo largo de su carrera, lo definió como un ilustrador y dibujante diferente.
Desde niño, se aficionó a los cómics, mismos que marcaron gran parte de su infancia; terminando la secundaria decidió asistir a academias de dibujo, donde comenzó su carrera en publicaciones locales y en las redes sociales, comenzó a publicar tiras e historias con su estilo propio.
A lo largo de su fructífera carrera, publicó algunas novelas gráficas que agradaron a la gente, pero dos de ellas son consideradas como las más significativas y renovadoras del género, “Hip Hop Family Tree” y “Red Room”.
Su estilo, de contrastes negros y grises y una linea de mucho movimiento en los dibujos”, lo llevó al sueño de todos los dibujantes de cómics, ilustrar en la editorial Marvel, en la icónica saga “X-Men”, con la cual participó de 2017 a 2019, en tres volúmenes, muy exitosos en ventas.
Ya consagrado como dibujante independiente y en el cómic comercial, comenzó un proyecto en un canal de YouTube, donde se unió con su amigo e historiador del cómic Jim Rugg, logrando captar una gran audiencia, gracias a sus amenas charlas con dibujantes, guionistas y personalidades de la industria, además de consejos sobre técnicas de dibujo.
A sus 41 años, Piskol parecía tener una existencia soñada, era famoso y muy admirado en el medio, contaba con varios de los premios más importantes de la industria editorial, ganaba buen dinero y el futuro le sonreía, tenía una exhibición en puerta en una galería de Pittsburgh, venía un jugoso contrato por 75 mil dólares -del que no reveló detalles-, y su programa en YouTube no dejaba de crecer.
CUATRO CAPTURAS DE PANTALLA Y UN DIÁLOGO A MODO
Pero en 2024 comenzó la pesadilla, la también dibujante Molly Dwyer lo acusó de “conducta sexual inapropiada”, cuando tenía 17 años; en ella, Dwyer subió 4 capturas de pantalla, donde mostraba un diálogo, donde Piskol y a sabiendas de que tan solo tenía 17 años, la había invitado a ir a su casa para que tuvieran sexo, además de haberle “compartido fotos secretas”, que se interpretó como “foto de sus genitales”.
Y como pasó con Vega-Gil, en un par de días llegó una avalancha de acusaciones, censuras y amenazas, a él también los medios de comunicación le negaron un espacio para defenderse, los reporteros que se decían sus amigos no le dieron voz, vino el acoso y vinieron más denuncias.
Al verse acorralado y sin medios para defenderse, Jim Rugg -quien lo veía como “su hermano”-, decidió separarlo del programa de YouTube; con las redes sociales como medio para dar su versión, señaló que todo se trataba de una conversación tendenciosa y armada para que pareciera un diálogo donde él le proponía un encuentro sexual y que no se mostraba el contexto completo.
Según Piskol, todo comenzó en medio de la pandemia de Covid-19, en pleno encierro, por lo cual Piskol pasaba mucho tiempo en internet, comenzando una conversación con una chica de 17 años, la cual dijo que lo admiraba y que ella, también quería ser dibujante.
El peor error -dijo-, fue comenzar una conversación un una persona desconocida y sobre todo, menor de edad; aclaró que cuando le mandó una foto, fue de un dibujo que aún no publicaba, por eso le pidió “guardar el secreto”.
Donde le escribe “que hay una cama en su casa”, no fue para pedirle sexo, sino para ofrecerle su casa cuando visitara Pittsburgh y no tuviera donde quedarse; finamente aclaró que no hubo acoso, sino una charla virtual que había sido sacada de contexto, y no entendía por qué Molly Dwyer mentía y lo acusaba falsamente.
Con el escándalo que no dejaba de crecer, apareció otra Molly, que sí conocía a Ed, y con quien había tenido par de encuentros sexuales, y que también lo acusaba. En sus propias redes, Piskol contó que en efecto, tuvo sexo con ella en dos ocasiones pero que fue con su consentimiento, que era mayor de edad, y que no entendía por qué lo acusaba, además de sentirse traicionado pues quedaron como buenos amigos.
El linchamiento virtual y mediático se convirtió en una gran avalancha que no tenía fin; en eso apareció una tercer mujer que lo acusó de pedirle posar desnuda para que la dibujara, a cambio de presentarle personas importantes en el medio.
Nuevamente Piskol lo aclaró, y dijo que fue otra charla virtual sacada de contexto, pues esta mujer le decía que era modelo y tenía tatuajes en varias partes de su cuerpo, y que si mencionó la posibilidad de dibujar desnudos, dijo que “a cualquier dibujante hombre, le gusta dibujar modelos desnudas”.
De forma sorpresiva, su representante le informó que la galería de arte había cancelado la exposición con sus obras, que el contrato de 75 mil dólares se había venido abajo y que todo se complicaba.
Pero lo que pasó el límite fue la trasmisión en vivo que realizó un reportero de la TV. local, que mostró su casa y la de sus papás, con ubicación y sin ninguna responsabilidad los puso en peligro.
Ed Piskol vio que todo estaba perdido, por lo que al día siguiente fue a realizar su testamento y pasó la noche redactando una larga carta que subió a su cuenta de Facebook, y donde explicaba la decisión de terminar con su vida, el 1 de abril de 2024.
Pero a diferencia de Vega-Gil, Piskol sí culpó a los medios y a las redes por el escándalo, por lincharlo sin piedad y sin pruebas, de convertirlo en un monstruo. Su hermana dio a conocer la noticia de su muerte, y hasta ahora no se sabe cómo se suicidó.
Algunas versiones dicen que se colgó, y otras que se envenenó con barbitúricos y calmantes.
“Fui asesinado por matones de Internet. Algunos de ustedes contribuyeron absolutamente a mi muerte mientras te entretenías con chismes. Yo era un verdadero ser humano. Me quitaste pedacitos de mi autoestima durante toda la semana hasta que me vaporizaron. Tal vez pueda perseguirlos, como un fantasma, y definitivamente los estoy maldiciendo a muchos de ustedes”
Fragmento de la carta antes de su suicidio
Y DESPUÉS DE LA MUERTE…
Tras la tempestad viene la calma; en el caso de Armando Vega-Gil, hasta ahora no se sabe el nombre de la mujer que lo acusó en redes, pero ha trascendido que todo fue mentira y una estrategia de ciertas personas que comenzaban el movimiento MeToo en México, que buscaron a alguien conocido en el medio para acusarlo y ganar presencia en los medios.
La entonces procuradora de justicia de la CDMX, Ernestina Godoy, dio por cerrado el caso, al tratarse de un suicidio; y sobre la persona específica que comenzó el escándalo, aceptó que cuando era adolescente, tomó un taller -junto con otro grupo de jóvenes-, con Vega-Gil, pero que nunca la acosó, por el contrario, siempre fue un tipo muy respetuoso, locuaz y simpático, por lo que lamentaba su muerte pero tampoco se sentía culpable.
Y en el caso de Ed Piskol, tras su muerte se cerraron cientos de cuentas que lo atacaron y otras restringieron su perfil.
En sus redes, Molly Dwyer dio un último mensaje, donde aclaraba que Ed Piskol nunca la acosó, que jamás le mandó una foto de su pene y que lo que le molestaba, era que su ídolo, no le daba “like” a sus publicaciones.
Sobre las otras dos mujeres, se dijo que su molestia radicó en que Piskol no les dio el número telefónico de algún agente literario, y que vieron en el escándalo, la mejor forma de tener presencia en las redes.
Finalmente, Jim Rugg se dijo arrepentido por no apoyar a su amigo en esos momentos e intentó seguir con el canal de YouTube, pero ya no tuvo éxito semanas después lo cerró.
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(*) Periodista e Investigador (UAM-Azcapotzalco)