
–Cintas malas que terminan siendo buenas
–Terror y western, bien aceptadas por el público
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Cuando se habla del género del terror y misterio, en el cine mexicano, muchos cinéfilos tienen una mala impresión, ya que vienen a la memoria escenas bizarras y de mala calidad en muchas de sus producciones. ¿Cómo olvidar el rostro de una muñeca haciendo gestos -”Cementerio del terror” (1985)-, donde el surrealismo involuntario hace que la audiencia suelte una risa socarrona en vez de espantarse.
Sin embargo, no todas las producciones tienen la misma percepción, como lo muestran las cuatro cintas multipremiadas de uno de los directores más importantes del cine nacional, Carlos Enrique Taboada (1929-1997), con cintas como “Hasta el viento tiene miedo” (1968), “El libro de piedra” (1969), ”Más negro que la noche” (1975) y “Veneno para las hadas” (1986); cuatro cintas que presentan una narrativa impecable de misterio y terror psicológico, que hoy son películas de culto, y su director, un referente obligado.
Por otro lado, el western mexicano, conocido como “cabrito western”, fue un género popular y bien recibido por el gran público, esa masa anónima que llenaba cines populares como el “Sonora”, “El Nacional” o “El Cosmos”, y que, para los críticos de los años 70 y 80 del siglo pasado, eran cines donde se proyectaban “churros”, películas de mala calidad, sin embargo bastantes taquilleras, pero… ¿qué pasa si se unen esos dos géneros tan populares?
Dan como resultado películas raras, pero entretenidas y bien realizadas, que se vuelven cintas buenas (para mi gusto) y hoy día, son pasadas por televisión con una fiel audiencia que las sigue disfrutando, tal es el caso de “El extraño hijo del sheriff”(1982), protagonizada por Eric del Castillo, Mario Almada, Alfredo Gutiérrez y Rosa Gloria Chagoyán, entre otros.
La historia comienza en 1890, en un pueblo alejado en el viejo oeste; en medio de una epidemia de peste, el sheriff Frederick Jackson (Eric del Castillo) busca al doctor Jack Miller (Mario Almada), para que atienda a su esposa, quien está a punto de dar a luz, sin embargo el caos que se vive en plena epidemia, hace que el número de moribundos haga imposible que el médico atienda el parto, por lo que le pide buscar a una partera, y se niega a atenderla.
En esa terrorífica noche hay un eclipse lunar que hace que un velo de misterio envuelva el nacimiento del hijo del sheriff; entre enormes dolores, la mujer trae al mundo a un par de gemelos siameses y después muere.
Consternado por esta situación de sus hijos, el sheriff decide mantenerlos escondidos durante varios años, viviendo en la casa, con las ventanas cerradas y sin contacto con el mundo exterior, y donde solo Jeremías Santos (Alfredo Gutiérrez), amigo de la familia, conoce el secreto.
En una noche, nuevamente el sheriff decide visitar al doctor Miller, para indicarle que hay un hombre herido, que necesita sus servicios, por lo que el médico decide ir, pero con engaños lo lleva con los siameses, para obligarlo a que los opere y los separe, para que al fin, sus hijos puedan tener una existencia normal.
Los gemelos están unidos por la espalda, por lo que el doctor Miller le indica que es sumamente peligroso, ya que no tienen las condiciones para la cirugía, sin embargo y a punta de pistola, Frederick Jackson lo obliga, por lo que la operación se lleva a cabo.
Los gemelos que se llaman Fred y Erick -el nombre del sheriff-; gradualmente la realidad se vuelve cruda y despiadada; el doctor le indica que irremediablemente, uno de los niños tiene que morir, ya que uno de los cuerpos no resistirá el resto de la cirugía.
Despedazado, el padre lo acepta e indica que sea lo que la vida elija, que viva el más fuerte; quien resiste y salva la vida es Fred, y Erick la pierde.
Con la ayuda de Jerónimo, el sheriff decide enterrar a las afueras del pueblo, el cuerpo del niño muerto, y ahí es donde empiezan las apariciones del gemelo que se considera asesinado por su propio padre, y por ende comienza su venganza.
En el cumplimiento de su deber, duro e inflexible en aplicar la ley, el sheriff ordena la ejecución de un joven que se dice inocente y que pide un juicio justo, el cual le es negado. Sam, su padre (Wally Barron), suplica clemencia y pide que su hijo pase el resto de su vida en la cárcel pero que no muera en la horca, pero el sheriff inmutable se niega y el joven es ejecutado.
Desecho por la ejecución, Sam jura que se vengará; y esta venganza llega cuando las apariciones del niño muerto, llevan a descubrir el sitio donde el cuerpo está enterrado y la verdad sale a la luz; el sheriff es juzgado con la misma severidad e inflexibilidad de las leyes, es encontrado culpable y condenado a muerte, el médico es castigado con la imposibilidad de ejercer su profesión durante diez años.
Pero el ambiente sobrenatural, las apariciones de Eric y hechos inexplicables, hacen que quienes rodean a Fred, el gemelo vivo, acepten la realidad, el espíritu del otro niño los acecha y el miedo hace que busquen una solución del mismo modo, sobrenatural, para que el vengativo espectro descanse y pueda volver todo a la normalidad.
Si bien es cierto que los efectos especiales no son de lo mejor, la cinta es entretenida, bien narrada y como dicen muchos críticos, palomera y buena opción para verla un fin se semana.
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(*) Docente e investigador UAM