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NIP (CDMX 23/03/25). Pasó más de treinta años, primavera convulsa de 1994. México transitaba por una campaña electoral deslucida, un Tratado de Libre Comercio mediatizado y una guerrilla armada en el sur (Chiapas). Se aproximaba el cierre de mes, y absorto me encontraba trabajando en un pequeño comercio de salud familiar. Era 23 de marzo –por la tarde- cuando de pronto entró Javier, un niño vecino cuya familia y madre, dirigente de la Colonia eran de extracción priista (Partido Revolucionario Institucional) Javier alarmado levantó la voz:
– ¡Señor, señoor! mataron al presidente, se lo acaban de echar.
– Ah! que chavo, siempre exagerado, cálmate ¿Cuál presidente? si solo van en campañas–repliqué-
– Por eso ¡mataron a Colosio! en Tijuana, encienda la radio o la tele.
Y sí, efectivamente era primera noticia y estaba en todas las estaciones, que repetían: el candidato presidencial Colosio sufrió un atentado en Lomas Taurinas.
Así me enteré, los primeros instantes del magnicidio, todavía incrédulo (y por azares), una semana antes había estado en el Monumento a la Revolución donde ofreció un discurso duro, dicha ocasión solo pude observarlo lejos, desde un costado de la explanada.
Pero a Luis Donaldo Colosio, lo conocí de cerca junto a otros políticos, entre ellos Javier García Paniagua, hombre gordo de baja estatura (hijo del Gral. García Barragán de pasado oscuro en acontecimientos como la matanza de estudiantes en la Plaza de Tlatelolco) ambos políticos fueron secretarios de Estado y también dirigentes del Partido Revolucionario Institucional.
Esa ocasión, pasado el mediodía me dirigía a la Delegación Cuauhtémoc (hoy Alcaldía) a buscar vacantes en Servicio Social y me llamó la atención que en un edificio contiguo había gente arremolinada, entre: reporteros, transeúntes y políticos. Todos en la explanada del edificio central del PRI. Charlaban entre ellos y hacían bromas, me acerqué y a metros solo me limité a observar, las cámaras continuaban con sus registros fotográficos.
De aquel fatídico 1994, pasó más de treinta años para los adultos mayores -como yo- fue un momento de inflexión histórica, todos nos acordamos dónde y cómo nos enteramos del hecho. Cuando abordó el tema en clases de historia de Bachillerato y Universidad infiero que para las nuevas generaciones es un evento lejano y empolvado de finales del siglo XX.
Rememoro escuchar, varias horas noticias en tiempo real de los medios corporativos (únicos en ese tiempo), quienes multiplicaban incertidumbre y temor por la secuencia de acontecimientos. A las 19:45 los médicos declararían muerto al candidato de 44 años, nacido en Sonora. Una hora despues aparecería en Cadena nacional el vocero Liébano Sáenz Ortíz, anunciando su fallecimiento.
Fuente Video: https://www.youtube.com/watch?v=qjvplbCkZKc&t=48s
Aquel 23 de marzo, el miedo fue creciendo en toda la sociedad, pero también se fue fracturando el longevo partido y en el contexto de otros posteriores asesinatos (del ex gobernador José Francisco Ruiz Massieu, del cardenal Juan Posadas Ocampo, del diputado Manuel Muñoz Rocha, entre otros) se inició el incipiente camino hacia la rebeldía, el hartazgo y democracia. Nunca más México volvió a ser el mismo.
Nuestra democracia en construcción había nacido con mártires y otras luchas por venir, el magnicidio fue el inicio del fin del sistema político presidencialista, pero no del económico neoliberal.
Lo curioso del caso, lo declaró -un cercano amigo al malogrado candidato- el politólogo Agustín Basave: “Luis Donaldo soñaba con un PRI democrático, independiente, crítico y moderno. Lejos de lo que hoy, a 31 años del asesinato de su candidato presidencial, es un partido que perdió todo y quedó diezmado por falta de autocrítica y un deseo de cambio real, además el PRI calló –cómplice- cuando lo asesinaron y para siempre estará en deuda con él”
Finalmente pasaron más de treinta años de dicha ejecución –en versión oficial- por un asesino solitario (Mario Aburto Martínez), pero hoy con elementos desclasificados, probablemente sí, fue víctima de un complot.
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(*) Periodista (EP. Carlos Septién) y economista (UAM-Azcapotzalco)