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Siempre me expresé mejor escribiendo -a la antigua- de hecho, lo hago regularmente, desde niño fui demasiado observador y ese ejercicio de sensibilidad para ir más allá del objeto, persona o circunstancia, nació de constantes lecturas de historias en revistas alquiladas, porque antes para leer (aunque no lo crea), había que pagar unos centavos.
Con el tiempo, aumentaron lecturas y vivencias que profundizaron mi intuitiva solidaridad a causas unas veces perdidas, otras rebeldes o incomprendidas. Buscaba ser parte de la historia inmediata de mi comunidad, de acariciar sus latidos y memorias, de dejar registro en blanco y negro (fotos), en grabaciones de cintas, o en precarios programas y medios del pueblo. En fin, disfruté todo, amigos, fútbol, amores, aventuras y correr, ¡sí! correr descalzo con brazos abiertos a pleno sol y a la vez mojarse, con el guiño de una persistente lluvia fresca. Surrealismo insólito para muchos, pero normal en la zona.
El intenso calor (más de 40 grados) y el verde arisco de aquella región fronteriza me arroparon, junto a la fortaleza de mi madre y la convivencia de mi padre. Allí nacieron mis principios, congruencia y visión cosmopolita.
Adolescente viaje a la capital, fui testigo de injusticias, violación de derechos humanos y persecución armada por pensar distinto. Entonces, atravesé -incrédulo y sorprendido- una convulsión social de luces y sombras extremas, contextos que en prospectiva apuntalaron mis utopías y convicciones. Así, precozmente y sin darme cuenta vigoricé arrojo, carácter y esperanza. Meses después abandonaría la capital en un vuelo sin retorno.
Aquellos convulsos y dialécticos años (de guerra fría en plenitud) el autoritarismo perseguía todo movimiento democrático que intentaba llegar al poder y en la otra banda un conservadurismo que buscaba perpetuar el dominio que habitaba, al precio que sea.
Pasaron años, contemplé otras realidades a ras de tierra (15 países), cayó el muro de Berlín, se desvaneció el enfrentamiento entre EEUU y la URSS (de entonces), surgió el imperio unipolar. Y llegó un nuevo siglo, y con él, la popularización del internet y sus carreteras virtuales. Nuevos rostros de adoctrinamiento, control y manipulación, nuevos mercados y actores económicos.
Las últimas décadas del siglo XX, conocí en carne propia desde José López Portillo (1976-1982) “el Presidencialismo”, un ejercicio del poder que caracterizó al sistema político mexicano en la era del PRI, o sistema de partido hegemónico; la represión universitaria, el acoso y desaparición de opositores, el levantamiento del EZLN, la moralina, connivencia, nepotismo y corrupción, entre otras anomias (“La dictadura perfecta” como en 1990 definiera a México, un escritor suramericano). Dicho régimen robusteció un conservadurismo de statu quo, pro concentración de capitalismo extremo, neoliberal y privado en exceso, con todas sus consecuencias.
En el transcurrir de mi formación académica, me concientizó el discurso -a pesar de errores y rémoras del pasado- de un colectivo (antes progresismo) humanista, público y con movilidad social. Consolidar la esperanza de luchar por una sociedad mejor, con mejores condiciones materiales, con mayor igualdad, inclusión, justicia, oportunidades y conciencia de clase. Y para ello, comprendí que de alguna manera se debía intentar modificar o transformar el sistema o régimen político/económico de esa época.
Así pues, en 2025 sigo “tecleando” y aprovecho el tiempo que me queda de vida, para exponer, reflexionar, argumentar, compartir y provocar ideas de pensamiento crítico. Por eso, cuando estoy en el culmen de mis textos, levanto la vista de la vieja Laptop y escribo ante la cejijunta y rigurosa mirada del espejo.
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(*) periodista (EP.CSG) y economista (UAM-Azcapotzalco)
Muy bien. Fidel. Interesante tu trabajo.
Gracias Claudio, gracias por leer y seguir nuestros contenidos, un abrazo hasta el sur continental