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Cochabamba (9/02/25). La desesperación con que Marcelo Claure (**) intenta comprarse Bolivia me hace más recuerdo a personajes de ficción que a personas reales. He visto comparaciones que lo emparentan con magnates de ayer y hoy, de acá y acullá: Patiño, Goni, Musk. También he leído análisis que lo ven como una encarnación del poscapitalismo y el tecnofeudalismo. No niego ni cuestiono esas lecturas; antes bien, me interesa sazonarlas con algunas criaturas salidas de ficciones más o menos populares.
La primera de ellas es el multimillonario John Gage al que da vida Robert Redford en la película “Propuesta indecente” (Adrian Lyne, 1993), basada en la novela homónima de Jack Elgerhard. Su argumento es el de un acaudalado cincuentón que se aprovecha de las penurias económicas de un joven matrimonio, David Murphy (Woody Harrelson) y Diana Murphy (Demi Moore). Obsesionado con la mujer, el ricachón les ofrece a ambos un millón de dólares a cambio de pasar una noche con Diana. Las analogías son obvias: Claure sería el millonario cachondo, mientras que los pre-candidatos a presidente hacen las veces del marido enamorado pero arruinado que vende a su esposa, la muy agraciada señora Bolivia.
Otro personaje al que me remite Claure es Charles Montgomery Burns, el perverso dueño de la planta nuclear donde trabaja Homero Simpson. Más allá de las semejanzas generales (una opulencia obscena que causa envidia, admiración, asco), hay dos capítulos de “Los Simpson” que podrían haber inspirado al empresario boliviano radicado en EEUU. Uno es “Homero al bate”, cuando Burns se vuelve entrenador del equipo de béisbol de la planta de Springfield y compra jugadores profesionales para ganar un torneo amateur. El otro es “Burns y los alemanes”, que cuenta la venta de su complejo nuclear a inversores alemanes. En el primer caso, los guiños son evidentes: Burns/Claure emplea su fortuna para hacer de su equipo/Bolívar imbatible. En el otro, Claure asoma cuando Burns se deshace de su planta y cae en cuenta de que su dinero, por sí solo, no sirve para comprar el afecto y respeto de los otros. “Nadie lo quiere…”, le canta Homero (¿Arce?), al desplantarlo en el bar de Moe (la clase política boliviana), tras lo cual el viejo resuelve ir tras el poder que –ya– no tiene (Bolivia) de la única forma que sabe: pagando (por primarias de la oposición, por aviones para una nueva aerolínea, etc.).
La tercera ficción a la que Claure me recuerda es “Fortuna” (2022), una novela del argentino Hernán Díaz. En ella, uno de sus protagonistas es Andrew Bevel, un opulento financiero estadounidense de las primeras décadas del siglo XX que dedica sus últimos años a reescribir su historia y la de su esposa muerta. En ese afán, despliega todo su poder para anular las voces que no condicen con su propia versión de su carrera y matrimonio. Como Bevel, Claure está decidido a comprar su lugar en la historia (del capitalismo, de Bolivia) y lo quiere hacer manteniendo el mayor control posible del capítulo que cree tener reservado. Una transacción para la que, sin embargo, puede que no sean suficientes sus miles de millones de dólares.
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(*) Periodista (Contacto: @EspinozaSanti)
(**) Marcelo Claure Bedoya es un empresario boliviano-estadounidense multimillonario, conocido por su trabajo en el sector de las telecomunicaciones y tecnología. Se desempeñó como director de operaciones de la firma japonesa SoftBank. Después de vender su primera empresa, una cadena telefónica regional, Claure Bedoya fundó Brightstar, un distribuidor inalámbrico dirigido a América Latina.