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Santa Cruz/Bolivia (9/02/25). ¡Sí! me declaro experiodista, aunque dicen que, como los políticos no nos jubilamos; siempre estamos ejerciendo nuestra labor cotidianamente.
Sin embargo, pertenezco a una generación que vivió una época de oro en el periodismo, principalmente de prensa escrita y televisión; pero que ahora ve morir todo lo que conocimos como tal.
Son procesos naturales de la vida, no tengo problemas con eso. Cuando yo comencé en 1997 todavía había periodistas célebres que se resistían a dejar la máquina de escribir.
Estoy escribiendo en una red social y aunque alguien me diga que ya es obsoleta, lo cual tengo claro, sé que generacionalmente es la que me interesa.
No tengo problemas con las nuevas tecnologías. Siempre tuve claro que no hay que confundir los medios con fines. Hay cosas maravillosas, en un sentido periodístico, en las diferentes redes sociales y la propia red.
En el mundo analógico que vivimos había muchas limitaciones que hoy son subsanadas por lo digital. Por ejemplo, hay mayores posibilidades de acceso a fuentes.
Y en nuestra “época” también había colegas que daban vergüenza ajena, sean empíricos o titulados; viejos o jóvenes, o de la condición que sea. Eso era indistinto.
La diferencia está en que, si alguien decía una estupidez, por ejemplo: Que la culpa de los problemas de Bolivia se debe a el voto universal instalado en 1952 (**), eso quedaba en anécdota.
Lo peligroso en estos tiempos es la magnificación y exposición de la ignorancia y estupidez. Esas “hordas de idiotas de pueblo” de las que hablaba Umberto Eco. Renombrado novelista, semiólogo, filósofo y escritor (1932-2016), quien criticó duramente la virtualidad y las redes sociales. Opinaba que nos encontrábamos ante “La invasión de los idiotas” y que el internet era “un peligro para el ignorante porque no filtra nada”.
Todo tema es discutible. De hecho, recuerdo que hace unos 15 años tuve una discusión sobre el voto calificado con un amigo que respeto mucho, pero no coincido.
Él no era periodista, sino político y se asumía como nacional socialista, argumentando que esa denominación no representaba lo que la gran mayoría asocia con el nazismo.
Ninguno convenció al otro, cambiamos de tema y mantuvimos el respeto. En las redes, es imposible mantener un mínimo de nivel argumental para tocar estos temas. Mucho menos, respeto.
Un gran parte, como yo, pensará que el “influencer” que dijo eso del voto universal es un imbécil. Algun@s ensayarán una contraargumentación o reflexión y otros directamente lo insultarán.
Pero lo grave está en la defensa que habrá del argumento, que sólo puede venir cargado de más racismo, conservadurismo y mucha agresividad.
E insisto, si esto se diera en un espacio específico, fuera anécdota. Sin embargo, se convierte en un debate nacional que no tendrá conclusión, por unos cuantos días, y luego vendrá el siguiente escandalete.
Festejan a los que reciben likes y van consolidando su modelo de negocios en base a su estulticia. Mientras en la sociedad, se cava aún más las grietas ideológicas.
Entiendo perfectamente eso de “reinventarse” como periodista. Yo estoy oficialmente desempleado como muchos colegas contemporáneos. Todos los medios tradicionales están prácticamente en la quiebra y la aparición de nuevas iniciativas digitales debería brindar oportunidades a los periodistas profesionales, pero no es así.
Algunos lo han logrado. Hicieron el salto a tiempo a las plataformas digitales. Sin embargo, seré honesto, siento que muy pocos realmente hacen periodismo.
¿A qué me refiero? Al derecho básico de la audiencia a recibir información verificada, contrastada y ecuánime. No. La mayoría son mercenarios de poca monta, que sobreviven gracias al auspicio condicionado de alguien. No los juzgo. La vida es dura.
Pero la gran parte de la torta (o pastel) en realidad se la llevan los benditos influencers, que en su mayoría sólo “hablan huevadas (tonterías)”, y lo digo en esos términos, porque esa es la idea que se ha instalado en sus productores y consumidores.
Reitero una vez más: No se trata del medio sino de los fines. Hay cosas muy dignas, entre podcasts, revistas de streaming, incluso alguno que otro programa, sostenible, pero son excepciones.
Es irónico, porque en los medios tradicionales que dirigí en los últimos 10 años, impulsé el salto a lo digital. Sin embargo, los dueños no me dieron bola (o importancia).
Al principio tenía miedo de emprender algo personal, pero me desanimaba el sustento económico (aún lo hace). No obstante, la tentación de tener algo propio para hacer y decir lo que creo suena muy tentador.
Y es ahí donde veo la barrabasada/disparate sobre el voto universal, en este sentido, un influencer que supuestamente rescata la historia reivindica la dictadura (1971-78) de Hugo Banzer, otro inicia una campaña para recordar los 200 años de “libertad de Santa Cruz” este 26 de febrero, gracias a sus miles de seguidores consiguen auspicios (con muchos dólares) de empresas a las que solo les interesa los likes y no el contenido.
Entonces, es donde digo: “me retiro”. Hacer gala de la ignorancia se ha convertido en una habilidad, insólitamente valorada, y que yo no tengo. Mi ignorancia me la guardo para mí y no la cultivo, más bien trato de que sea menos cada día.
No sé de qué voy a vivir, pero sé que no será prestándome a vanos o fatuos debates impresentables. No descarto aparecer en algún proyecto, porque cómo vuelvo a reiterar, no tengo problemas con los medios sino con los fines.
Pero les prometo no “hablar huevadas (o estupideces)”, sino razonar y argumentar mis ideas, además de seguir ejerciendo el periodismo que aprendí y ejerzo durante 27 años, respetando sus principios básicos.
Lamento mucho que, no sólo en mi caso, sino el de vari@s colegas, la trayectoria, experiencia, talentos y conocimiento adquiridos por varios años, actualmente no tenga ningún valor para el mercado, ni para la sociedad.
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(*) Periodista (Santa Cruz, Bolivia).
(**) 1952, año de la revolución o enfrentamiento interno armado en Bolivia (inició un 9 de abril) fue una serie de manifestaciones políticas que buscaron derrocar a la oligarquía gobernante y modernizar el país. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) lideró esta revolución en alianza con liberales y comunistas.
Entre sus resultados se encuentran: La expansión del derecho al voto, la reforma agraria, la nacionalización de las minas, la reforma educativa, la integración del este de Bolivia. Dicho movimiento tuvo un impacto permanente en la historia política, económica y social.