
–Ideologías enfrentadas
–Emociones, no razones
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CDMX (3/02/25). No es una novedad, las redes sociales se han convertido en centros dedicados a la promulgación de desinformación, ataques y discursos de odio, redes que desde el anonimato, con mentiras, verdades incompletas o distorsión de hechos históricos, han sido utilizadas por grupos, que buscan influir en la opinión pública o definitivamente, cambiar la historia y la percepción de la realidad.
En los últimos días, granjas de bots, influencers a sueldo o periodistas poco éticos, se han definido a favor o en contra de las dos grandes corrientes que dominan el panorama ideológico, “derecha e izquierda”, pero a comparación del análisis y de la confrontación de ideas, apoyados con datos duros y cifras, que sirvan para confrontar ideas y convencer con hechos basados en la realidad, que es la base del periodismo serio, hoy se utilizan sin ton ni son, adjetivos que no solo confunden, sino que buscan cambiar la percepción de la realidad, es decir, buscan crear una realidad a modo, con la finalidad de que los cibernautas, “piensen”, a razón de esos intereses.
Por otro lado, hace algunos meses, se abrió una serie de debates en “X, antes Twitter”, donde se proponía, que dicha red fuera solamente para personas menores de 40 años, ya que, según estos “influencers”, “X es una red de jóvenes para jóvenes”, por lo cual le pedirían a Elion Musk, que restringiera el acceso a “X”, basados en la edad.
De entrada es uno de los tantos absurdos de las redes, ya que limitar la edad de los usuarios de “X”, es borrar de un plumazo a los actores políticos -¿cuántos son menores de 40 años?-, de la farándula, de la cultura y de tantos que son quienes le dan vida a las redes sociales.
Basta ver como desde la llegada de Donald Trump a su segundo periodo presidencial en Estados Unidos, y sus políticas económicas y proteccionistas que amenazan con afectar -literalmente- a todo el mundo, el discurso de izquierda contra derecha, basados en adjetivos que enmarcan y encapsulan a los actores de la vida pública, es la constante.
Así, de la noche a la mañana, la presidente de México, Claudia Sheimbaum, es guerrillera; para quienes conocen un poco de la historia de vida de la mandataria, “guerrillera” es lo menos cercano a la realidad, pero basados en la tesis que una mentira repetida hasta el cansancio, se vuelve una verdad inobjetable.
Llamar “dictador” al expresidente Andrés Manuel López Obrador hace que muchos mexicanos se molesten por lo estúpido del adjetivo, pero a la vez suelten una sonada carcajada, ya que durante su gobierno, los críticos más ácidos tuvieron la libertad absoluta, no solo para criticarlo, sino para ofenderlos, a su persona, a sus hijos, a su pareja, por detalles tan insignificantes como llevar una camisa con sudor en las axilas o los zapatos sucios.
Lo mismo sucede con otros mandatarios que se definen de izquierda, como Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Gustavo Petro en Colombia, y no se diga de Daniel Ortega en Nicaragua, Nicolás Maduro en Venezuela o Miguel Díaz Canel, en Cuba.
En las redes -”X” principalmente-, todos estos personajes son dictadores, asesinos, zurdos de mier**, que buscan perpetuarse en el poder; pero por el otro lado, la dinámica es la misma, líderes de derecha, son catalogados como fascistas, nazis, genocidas, sionistas y conservadores.
Entre ellos, por supuesto, Donald Trump, de Estados Unidos, Javier Milei, de Argentina, Giorgia Meloni, primer ministra de Italia o Tamás Sulyoc, presidente de Hungría.
Y en los hechos, “los zurdos”, que apoyan las libertades sociales como la migración o los derechos de comunidades LGBT, y los programas -satanizados por la derecha-, que van dirigidos al bienestar social, como comedores comunitarios, becas y servicios médicos accesibles a toda la población.
Por otro lado, los fascistas que se oponen a la migración y son partidarios de las deportaciones y al cierre de fronteras, que pretenden sacar al Estado del bienestar social y promueven un capitalismo salvaje.
En esta lucha en las redes sociales, los jóvenes quedan en medio de este bombardeo constante, esta lucha de percepciones, y por medio de la burla, del insulto, quienes reciben un apoyo social son catalogados, en sudamérica como “planeros o boneros”, y en México como “Ninis” (ni estudian ni trabajan).
Y más recientemente, a los jóvenes venezolanos que se encuentran en países como Estados Unidos, Argentina o Colombia, son conocidos como “los hijos de Maduro”, adjetivo que los estigmatiza, y los convierte automáticamente en delincuentes.
Pero retomando la idea de promover que los usuarios de “X” sean menores de 40 años de edad, ¿qué finalidad tiene? Este perfil de usuarios son migrantes o nativos digitales, es decir, un gran segmento de la población mundial, que no leen literatura ni se informan por medios serios, ya sean diarios en línea, noticiarios de TV o radio, sino por redes sociales, entonces son personas más vulnerables a la manipulación y a creer esa realidad que no existe pero sí se percibe.
Y de paso, crear un falso debate sobre “mantenidos contra emprendedores”, “zurdos contra fachos”, “negros contra blancos”, “fifís contra nacos”, y todo con la finalidad de tener a la gente entretenida con polémicas absurdas, ajenos a la realidad política, dispersos y sin interés a temas que en verdad impactan a la sociedad, a la economía y a la política, tanto local como mundial.
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(*) Docente e investigador