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CDMX (29/01/25). Pasó el primer mes del 2025, y fuimos testigos de una intensa actividad nacional e internacional en el país y en el continente. En México, se mostraron resultados, planes y guía a seguir en los primeros 100 dias de la gestión presidencial de Claudia Sheinbaum Pardo, además de contar con una aprobación favorable a su gobierno.
En el vecino pais del norte, Donald Trump se convirtió en presidente, a pesar de tener cuentas pendientes con la justicia norteamericana. De hecho, es el primer gobernante y “delincuente convicto”, ya que un juez de la Corte Suprema de Nueva York lo condenó, aunque sin más castigo que la etiqueta de ser precisamente eso “un convicto”.
A la vez, una de sus primeras medidas como presidente fue el conceder indulto o perdón total a los autores (1,500) de los disturbios ocasionados el 6 de enero de 2021 en el edificio del Capitolio. Una acción violenta que tuvo víctimas fatales.
En el acto protocolar pudimos ver a Donad Trump y a una extrema derecha, corporativa multinacional, acompañándolo abiertamente en esta nueva gestión. Una élite de multimillonarios cuya intención explícita es someter al mundo a sus intereses, una oligarquía tecnológica sin límites. Dueños de grandes consorcios de comunicación digital, que controlan difusión de mensajes y contenidos a su favor.
Una mancuerna explosiva, que considera gobernar con narrativas, lo cual significa controlar realidades, para influir o imponer, vía comunicación virtual (internet) a toda la población mundial.
En tal contexto, vivimos una crisis del sentido común, que pone en riesgo la estabilidad del planeta y ante tales extremos de confrontación, violencia verbal y de facto, los paises van a tener que definirse y tomar posiciones ante el autoritarismo estadounidense. Atravesamos tiempos donde la razón no viene de los argumentos y la justicia, sino del poder y al costo que sea.
En realidad, EEUU siempre tuvo una actitud de acoso y agandalle en distintos momentos y grados, aunque promuevan una imagen (vía recursos y organismos afines) de apoyo a la democracia y al periodismo libre, entre otros eufemismos y falacias.
El estilo de gobernar de Trump, de normalizar la violencia y aplacar la solidaridad social ya lo sabían sus votantes y así lo eligieron, de tal manera que en general, nos encontramos en el péndulo de los extremos.
Volviendo a México, la presidenta Claudia Sheinbaum, tuvo una postura correcta, sin adelantarse, lo cual no quiere decir, no prepararse y no tomar previsiones. Al respecto, mantiene una actitud firme, sin exposición, aunque aclara que las expulsiones de indocumentados se presentaron desde antes.
Tiempos de autoritarismo y espectáculo de la vida pública que en algunos países se muestra descarnado y sin filtro, tanto en populismos de derecha, como de izquierda. Se apuesta por la mediatización de posturas, lo cual rebasa a la diplomacia tradicional y a costumbres convencionales.
Es en coyunturas como la actual, cuando se deben replantear estrategias con matices finos, además de tomar plena conciencia de estar tan relacionados (geopolíticamente y económicamente) a una potencia militar e imperial.
Nuestra economía, tiene una dependencia excesiva del mercado norteamericano con el 80% de sus exportaciones, entre otros, por lo que está obligado a examinar con lupa los tratados comerciales, aún en escenarios asimétricos y desiguales. También debe considerar nuevos contextos en seguridad nacional.
El conjunto de arengas, proclamas y órdenes con que inició Trump, son el punto de partida obligado para vislumbrar la ruta por la que, va a transitar la relación de México con Estados Unidos, de allí -enfatizo- los matices finos y precisos que debe realizar el gobierno nacional.
Finalmente, cuando en 1994 durante el gobierno neoliberal de Carlos Salinas de Gortari, entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, las élites de entonces apostaron a una dependencia estructural y comercial como una ansiada ruta para salir, del agotado capitalismo de estado (sustituyendo importaciones, y aumentando la capacidad de exportaciones), excepto que a futuro no habían considerado que, en circunstancias atípicas, EEUU pudiera dejar a un lado a México, con las consecuencias que ello implica. Así las cosas, la historia no se ha acabado y entre todos tenemos que reescribirla.
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(*) periodista (EP.CSG) y economista (UAM-A)