
—Odiado y repudiado sin haber hecho daño alguno
—Necesario tener un culpable
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Odiado y repudiado sin haber matado un solo ser vivo por diminuto que este sea; despreciado por las mujeres sin que las haya ofendido en lo más mínimo, la mala suerte y el pasar por la vida sin oficio ni beneficio, fue la constante en Jesús Pérez Gaona, mejor conocido como “Pito Pérez”.
Una de las novelas más divertidas, de ágil lectura y que por medio de la sátira hace una fuerte crítica a la sociedad de su tiempo, irónicamente también es de las más olvidada de las obras escritas después de la revolución mexicana.
“La vida inútil de Pito Pérez”, fue escrita por José Rubén Romero, y publicada en 1938; la historia se centra en las andanzas de un borrachín empedernido, que desde muy joven le agarró un gusto desmedido a las bebidas alcohólicas, razón por la cual decidió ir a recorrer el mundo, ganándose la vida con ingenio para obtener un poco de comida y su infaltable charanda, mezcal o aguardiente que -la gran mayoría de las veces-, de lo más corriente pero suficiente para mantenerlo ebrio todo el tiempo.
Pero la desgracia de Pito Pérez comenzó desde el momento mismo de su nacimiento, ya que doña Herlinda -su madre-, pues con el recién nacido de una vecina, la mamá de la criatura no tuvo leche para amamantarlo, razón por la cual y con el ánimo de quedar bien con los demás, doña Herlinda sirvió de nodriza, dándole la leche al hijo del vecino, descuidando a su propio retoño.
Así, el hijo del vecino creció fuerte y robusto, y Pito, débil y enfermizo. De niño y queriendo hacer lo correcto, Pito fue a la iglesia como monaguillo, para ayudar a en las labores del templo, ahí conoció a un joven más grande y más vivido que él, llamado San Dimas.
Justa fue la ironía pues San Dimas convenció al niño Pito Pérez para robar las limosnas de los santos, a lo que Pito y con tal de quedar bien, aceptó, con tan mala suerte que el robo fue descubierto y Pito visto como el único culpable.
De ahí comenzó el estigma de ser un ratero, sacrílego y mala persona pues había tenido la desfachatez y la sinvergüenza de robar a los mismos santos.
La novela comienza cuando redoblan las campanas de Santa María del Cobre, uno de los tantos pueblitos de Michoacán; la gente curiosa sale a la calle para saber por qué replican las campanas, pero resulta que el propio Pito Pérez fue quien las hizo sonar para anunciar con bombo y platillo su regreso al pueblo que lo vio nacer.
Ahí, en lo alto de la iglesia conoce a un poeta que intrigado por lo pintoresco del borrachín, que le pide contar su vida a cambio de una botella de alcohol.
Pito Pérez aceptó y de ahí comienza a contar su historia, llena de ingenio para sobrevivir y beber gratis; con una extraña mezcla de sátira y filosofía, muestra lo injusto de una sociedad la cual critica al caído, lo ataca y lo estigmatiza, sin que Pito sea culpable de todo lo que lo acusan.
Ganándose la vida como aprendiz de boticario, vive un raro romance con la esposa del dueño de la botica, quien al ver la indiferencia de su marido obeso, quien se preocupa más por no parar de comer que por atender a su mujer.
Pito aprende a mezclar agua con alcohol y azúcar y las vende como medicina, hasta que el romance es descubierto y el protagonista tiene que huir solamente con la ropa que tiene puesta. En cada sesión -a cambio de su botella-, Pito le cuenta su desventura con las mujeres, quienes solo le piden favores y se aprovechan de él, lo ilusiona para después casarse con otros.
La razón, Pito Pérez es un don Nadie, un borracho perdido que da vergüenza con tan solo verlo, y que viene de una familia de locos; un cura como hermano, una hermana que se tiró de cabeza a un pozo, y otra que habla con perros y gatos, para enseñarlos a comer con la elegancia y pulcritud de un caballero.
En esta primera parte de la novela, Pito Pérez, con esa filosofía que arranca una carcajada, critica fuertemente a la iglesia, a la sociedad hipócrita que se ensaña con el débil para culparlo de todos sus males.
La historia se corta pues Pito Pérez no llega a la cita con el poeta pues se ha ido del pueblo. Pasan diez años y la casualidad los vuelve a unir, pues se encuentran en las calles de Morelia, donde Pito Pérez es un vendedor callejero -conocido como barrillero- que lleva novedades y baratijas en una canasta de mimbre.
Ahí lo conocen como “Hilo Lacre”. Nuevamente cuenta sus aventuras, pero ahora la tragedia hace que el lector suelte una carcajada por la desgracia; Pito Pérez ha pasado por hospitales donde los enfermos son conejillos de indias para los experimentos con flores de un médico medio loco.
Y sigue la borrachera, pero ya no está solo, ahora comparte su vida con “Séneca”, la única que lo acepta como es, que lo entiende y que está con él, en las malas y en las peores.
Pero “Séneca” no es una mujer normal, sino un esqueleto femenino, y de ahí se desprende una rara fascinación por la muerte, pues en su filosofía, la muerte es lo único seguro y democrático que tiene el hombre.
Cuenta de los delirios que tiene por el alcohol, y en ellos mezcla el erotismo con la locura, lo cual y a vista de todos, hace crecer el rechazo por ser un borracho perdido, y encima de todo, un loco que duerme con una calavera.
También plática con una vieja chaqueta, a la cual le da vida según las bolsas que tiene. La bolsa donde se ponen los lápices, los compara con la inteligencia; la bolsa donde va la cartera, con el trabajo y la ambición, la bolsa donde se guarda la foto de la amada, con el corazón.
Finalmente Pito Pérez amanece muerto, encima de un montón de basura, con un cordón a forma de cinturón y en una de las bolsas de su chaqueta rota, su testamento, donde le regresa a la humanidad todo el desprecio, la incomprensión y el odio que al él le tuvieron, sin nunca haberle hecho daño al insecto más pequeño.
La finalidad de José Rubén Romero, es crear a un personaje pícaro, pues vive en base a su ingenio se burla de quienes se supone, son superiores a él, pero a diferencia de la pícaresca española, Jesús Pérez Gaona es un personaje sabio, pero no por ir a la escuela sino por los golpes de la vida.
En esas disertaciones, con las que hace reír lo mismo a los demás borrachos de la cantina, que a las autoridades municipales, deja ver lo egoísta y cruel que puede ser la sociedad, encontrando en el débil, a quien culpar de todos los males.
Esta imagen que hoy está presente en el discurso político actual; los migrantes latinoamericanos son vistos con recelo en los Estados Unidos, y los culpan de los males de una sociedad en decadente; lo mismo sucede en Europa, donde los culpables son los migrantes africanos y de países musulmanes.
JESÚS PÉREZ GAONA, EN EL CINE.
La novela fue tan popular y el personaje de Pito Pérez fue bien acogido por la gente, que se realizaron tres versiones cinematográficas. La primera fue rodada en 1944, siendo el protagonista llevado por el cómico mexicano, conocido en la carpa, Manuel Medel.
La segunda versión fue estrenada en 1947, llevando en el estelar al gran Germán Valdés “Tin Tan”, con el inseparable “Carnal Marcelo”. Ambas versiones son cómicas, pero con un gesto de tragedia por las desgracias y desdichas de Pito Pérez.
Finalmente, en 1970, el protagonista lo lleva Ignacio López Tarso, dándole un giro al personaje, primero porque López Tarso no fue cómico, pero sí le dio un raro aire de cínico y filósofo de cantina. Pito Pérez, el personaje es un antihéroe, borracho y vagabundo, que va por la vida sin un sentido, pero divirtiendo a propios extraños con esa personalidad de filósofo de cantina.
Una vida que gira entre cantinas, cárceles y hospitales, pero que con un ácido sentido del humor, se las ingenia para dejar al descubierto las inequidades e injusticias de una sociedad moralina e hipócrita.
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(*) Docente e investigador (UAM-A)