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Psicodélica fue ayer la mística de los pobres. Una maravilla ácida. Sucedió, que, en medio de una efervescente celebración colectiva y ante 80 000 espectadores, el Zócalo capitalino (nuestro gran núcleo) se llenó de gloria. La razón: la visita de Fito Páez -legendario cantautor argentino- a la Ciudad de México. Fuimos testigos de un Fito que, aún con los largos años vividos, demostró una energía sorprendente que alimentó, sin duda, de alegría a nuestro corazón.
La verbena inició quizá hace días cuando, en una de sus tradicionales conferencias “mañaneras”, la presidenta de la República, la Dra. Claudia Sheinbaum, anunció la presencia de la gira “Brillante mic” en nuestro país; una deuda pendiente, un concierto gratuito que no se había podido celebrar la pasada ocasión debido a un accidente que sufrió, entonces, el rosarino Rodolfo (Fito) Páez. Al conocer la reciente noticia, la felicidad de muchas y muchos habitantes de la capital se hizo manifiesta; primero en las redes sociales, y ayer, de forma presencial. La deuda, por fortuna, se saldó de forma fantástica.
La jornada de este sábado 18 de enero de 2025 arrancó, a las 6 en punto de la tarde, con una estupenda banda telonera (que de telonera sólo tuvo la generosidad de fungir como tal, pues posee la calidad de ofrecer su propio concierto). Me refiero a Juguete Rabioso. Su cantante principal, Federico Bonasso, hizo bailar y, sobre todo cantar, a un público entregado a sus letras llenas de contenido humano y político. Bonasso estuvo grande. Se tomó, por cierto, un momento para protestar ante los bombardeos en Gaza, y para manifestar su desacuerdo ante la extrema política capitalista de Javier Milei en su nación. Un poco más tarde, otra gran banda, esta vez mexicana, hizo estremecer a sus seguidores: Rey Pila, rock duro, estridente, con asomos electrónicos que, junto con los acordes de Juguete Rabioso y el guitarrista de Fito, mostraron a muchos la experiencia inigualable de escuchar un solo de guitarra en medio de una canción (muy al estilo de los ochenta o noventa del siglo pasado).
El público estaba listo. Y entonces, a las 8 en punto, sin retraso, Fito saltó al escenario. Poco antes había desatado euforia (como aquel, su célebre álbum) a su arribo. Sin embargo, una vez que comenzó a sonar la mítica rola “El amor después del amor”, el público enloqueció. Se entregó durante dos horas, fiel, ejemplar, vivo, sin que el ánimo decayera en ningún momento. Fito Páez no escatimó. Fue generoso. Aún sabiendo que el día siguiente, domingo, daría concierto en el Auditorio Nacional, decidió interpretar casi todos sus mayores éxitos, que son muchos, recalcando la importancia del público que presenciaba el performance desde el fondo, desde la lejanía. “Que este año haya paz, felicidad y dinero para todos… pero para todos, sin excepción…”, dijo en algún momento la leyenda sudamericana.
Vestido de un rojo encendido; a veces enfundado en un bello poncho amarillo -al estilo “Chavela Vargas”-, que estuvo a punto de lanzar desde el escenario en un momento de entusiasmo incontrolable, Páez demostró su gran talento como pianista, arreglista y orquestador. La versión jazzeada que preparó de “Yo vengo a ofrecer mi corazón” fue descomunal: acompañado por tres trompetistas de un sonido exquisito, muy al estilo Amy Winhouse, el arreglo final fue insuperable. La cara de satisfacción de Páez lo confirmaba.
Para “Ciudad de pobres corazones”, por su parte, se proyectaron en las inmensas pantallas de fondo, gráficos a blanco y negro de una urbe colosal, que tuvo como marco los campanarios de la Catedral Metropolitana. El final, cíclico, armónico aunque estridente, se repitió una y otra vez, pero de modo distinto, ante un Fito que dirigía, de forma literal, la orquesta.
Y en “Dar es dar”, Fito realizó el experimento de hacer cantar a 8 decenas de miles de espectadores, como un coro colosal, con un resultado conmovedor, al menos desde mi punto de vista…
En fin, que este 19 de enero hubo de todo: la intensidad y dulzura que caracterizan al músico; un piano de tintes clásicos; excelentes coros femeninos; afecto del público hacia él, y de él hacia el público; y un lanzamiento de papeles multicolor que embelleció la vista en su contraste con la noche… una verdadera fiesta donde sonaron canciones como “11y 6”, “Mariposa tecknicolor”, y “Circo beat”. La memoria de los cuarentones y cincuentones se iluminó. Apareció una bandera de tintes azules, ostentando un sol dorado en medio, que hermanó a dos grandes países de este bello continente latinoamericano: lo que el fútbol dividide. la inteligencia y sensibilidad de la música, por fortuna, lo fusiona. México y Argentina fueron uno solo.
Fito Páez hizo la luz. Como se hizo la luz a las 10 en punto, cuando concluyó el concierto inolvidable. Pude ver a la gente tomar camino a su casa (padres e hijos, dos generaciones), todas ellas contentas, todos ellos contentos, con una gran sonrisa en la cara. Lo recordaremos siempre, estoy convencido. Y después de años de espera para verlo, lo puedo confirmar: tenemos algo de almas gemelas. A mí también “me gusta estar al lado del camino”, como le pasa a nuestro querido Fito. Haya larga vida a él y para su música.
Y, por último, recuerden, resistan, “que los monos están devastando este lugar…”
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(*) Narrador y poeta (México, 1976). Ganador del Concurso Internacional de Cuento Gabriel García Márquez, Colombia (2019). Entrevistado por Silvia Lemus en el programa “Tratos y retratos” de Canal 22 (2022). En 2023 fue entrevistado en un capítulo de la serie “La ciudad es mi letra”, de Capital 21 TV. Incluido en la antología Puente y Precipicio, en Rusia (2019). Autor de dos novelas, nueve libros de cuentos, dos de crónica y siete poemarios. Ha sido divulgado en Nocturnario, Círculo de poesía, Punto en línea, Ígitur, Nueva York Poetry, Altazor, Algarabía y Peródico de Poesía. Publicado en Revista Anestesia a través de su columna “Los textos del náufrago”. Director del Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía (respaldado por el FCE). Ex-director de la Colección Digital de Terror en Editora BGR (España). Ha sido traducido al inglés, ruso, griego, serbio, checo e italiano.